La campaña contra las falsas noticias #NoComoCuento: el ratón cuidando el queso

"El problema en Colombia es que hay demasiada opinión y muy poca información. Sin embargo, la situación se agrava porque información y opinión se confunden"

Por: Iván Guarín Muñoz
septiembre 20, 2017
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La campaña contra las falsas noticias #NoComoCuento: el ratón cuidando el queso

Recientemente los principales medios de comunicación de Colombia han lanzado la campaña contra las falsas noticias: #NoComoCuento. La campaña consiste en darle al ciudadano una serie de recomendaciones para protegerse de las falsas noticias.

Comparto con la campaña la idea de que las falsas noticias se difunden por las redes, lo que no se puede olvidar es que son generadas y masificadas en los medios masivos de comunicación, en particular en espacios como Código Caracol, los secretos de Darcy Quinn, el programa de Vicky Dávila, qué se estará preguntando María Isabel, el 1, 2 3, y todas las chivas, revelaciones, denuncias  o tsunamis informativos que tienen como objetivo posicionar imaginarios en la población y por supuesto aumentar el rating para ganar algún dinero. El problema no es el sofá.

Al respecto, el profesor Bastenier afirmaba que el problema en Colombia es que hay demasiada opinión y muy poca información. Sin embargo, la situación se agrava porque información y opinión se confunden en un solo paquete que no le permite al ciudadano distinguir cuál es cuál.

Los directores de noticia se autoproclaman "líderes de opinión", como en caso de “Dr. Arismendi” o “Julito no me cuelgues” y junto con su “mesa de trabajo” someten a la población a programas de más de cinco horas diarias en donde pontifican sobre todo lo habido y por haber: qué comer, cómo vestirse, cómo relacionarse, por quién votar, qué ver, y sobre la agenda pública que imponen abusando del poder del medio. Esta práctica no pude catalogarse como periodismo, es una predicación, la difusión de una visión del mundo, una narrativa totalmente ideologizada, para como dice Camila en la promoción de la campaña: “defender los intereses particulares de unos pocos”.

La información veraz es necesaria para que los ciudadanos podamos tomar decisiones. Sin embargo, los responsables sociales de emitir la información veraz no cumplen con su deber y someten a su audiencia sus opiniones particulares.

Algunos ejemplos de estas campañas y falsas noticias:

  • Campaña mediática en contra de la política: demostrar que “la política” es el cáncer de la sociedad, difundir la idea de que todo lo político es corrupto y no deseable que tiene como consecuencia la apatía y la abstención, de la cual se benefician los tradicionales ostentadores del poder.
  • La campaña mediática en contra del gobierno de Venezuela, en donde la mayoría de periodistas se quitaron el título profesional y se convirtieron en activistas de la causa de la oposición.
  • Polarización de la sociedad al someter a los actores políticos a respuestas de si o no, como si el mundo cupiera en solo dos categorías.
  • La vinculación de la bomba cerca a la plaza de toros con animalistas y los promotores de la revocatoria a Peñalosa.
  • La vinculación de Julie Huynh, víctima de la bomba del Andino, con los victimarios.
  • Las descaradas alabanzas y aclamaciones cuando Vargas Lleras renunció a la vicepresidencia.
  • Todas las noticias falsas relacionadas con el proceso de paz y el plebiscito.
  • La campaña mediática en contra de la administración de Gustavo Petro con innumerables noticias falsa que todas han sido desmentidas en los tribunales.
  • Todas las especulaciones sobre las intenciones de los actores políticos.

Por eso resulta paradójico que sea los mismos medios que producen falsas noticias, los que propongan una campaña en contra de las noticias falsas. Puede ser una reflexión autocrítica y el deseo de mejorar o puede ser una estrategia para evadir la responsabilidad de los medios en ese gravísimo problema.

Sin embargo, quiero hacer algunas propuestas o recomendaciones:

Que en los programas informativos de radio y televisión se separen claramente el momento de las noticias y el momento de la opinión. Por ejemplo, un programa llamado noticiero la W y luego un programa que se llame “El mundo según Julio o Darío o Yamid o cualquier otro”.

Que los periodistas se decidan si quieren dar noticias o dedicarse a opinar, pero que no hagan las dos cosas y mucho menos al mismo tiempo. Adicionalmente, cuando decidan dedicarse a la opinión que sea sobre temas en los cuales realmente tengan conocimiento, experiencia y algo que aportar, no sobre todos los temas. Resulta muy irrespetuoso con la audiencia que la misma persona opine de religión, sexo, política, economía, deporte, salud, relaciones internacionales, judiciales; mejor dicho los “sabios“ detentores del conocimiento humano.

Que acaben definitivamente todos los espacios de chismes, códigos, secretos, rumores, lo que se dice en los pasillos y/o que contengan importantísimas fuentes de alta fidelidad pero secretas. Los ciudadanos sabemos que esas fuentes son los actores políticos que no se atreven a hablar de frente y utilizan estos medios para comunicar sus ideas. Eso es hacerle la segunda a la falsedad en la política. Antanas Mokus nos enseñó: “no me digas nada en privado que no me puedas sostener en público”.

Como no es posible la objetividad, debido a que los que trabajan en medios de comunicación son humanos y tienen su propia interpretación del mundo, lo honesto es que todos los medios de comunicación manifiesten públicamente su posición ideológica, es decir, desde dónde le hablan a la ciudadanía.

El ciudadano debe identificar con claridad quién es el dueño del canal o emisora que trasmite la noticia y sus intereses económicos y políticos para que pueda entender los intereses que se ocultan detrás del enfoque noticioso.

El ciudadano debe desconfiar de todas las noticias que contengan expresiones como: “yo creería”, “yo pensaría que…” y las expresiones de tipo especulativo o tipo adivinanzas que pretenden delatar las intenciones de los actores: “lo que el partido XXX quiere es…”. Nadie puede abrogarse el poder de saber las intenciones de otros. Eso se llama arrogancia y manipulación.

Finalmente, creo que a los ciudadanos nos toca identificar las falsas noticias y en el resto de noticias identificar el dato objetivo, lo falso y la opinión del periodista para podernos informar de manera adecuada.

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