La búsqueda incesante de Felipe Agudelo

El escritor Guido Tamayo se adentra en las páginas de este primer thriller policiaco que sucede en las calles de Bogotá

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enero 26, 2020
La búsqueda incesante de Felipe Agudelo

Las buenas novelas transgreden los lugares comunes. Las buenas novelas subvierten la tradición, el género en el que se supone se inscriben según las ya obsoletas clasificaciones literarias. Las buenas novelas transforman en alguna medida a sus lectores Si nos atenemos con juicio a estas breves constataciones no hay duda de que Búsqueda Incesante es una de ellas. Y algo más, pero como diría Gotardo, el protagonista, cual caníbal, vamos por partes.

Una novela negra, un thriller policiaco, más allá de su preceptiva formal, del crimen inaugural, la ciudad y sus pecados, su diversa ralea humana, es su detective protagonista, su voz, su mirada, su forma de ser. Y Gotardo Reina es un personaje memorable, en parte Frankenstein de otros detectives, en parte un hombre particular e intransferible. Y Gotardo es un antihéroe complejo. Es como otros, pesimista y sin embargo soñador. Desconfía de los otros, pero confía mucho en algunos pocos. Desprecia eso que llaman “ser de mundo” y sin embargo hay un sibarita al que complace. Es un nihilista, aunque a cada rato intenta comprender el mundo. Fuma y bebe como cualquier detective privado, no obstante, a la vez hace ejercicios para mantener el cuerpo y la mente un tanto sanos. Trabaja más con una inatajable vocación por la reflexión que con el hígado o los músculos. No es rudo ni duro, sino blando, vulnerable. Actúa, pero preferiría no hacerlo. Sus mujeres no lo aman y si lo aman como Simoneta, se casan con otro en Venecia. Solo su gata, la señorita Mu, lo soporta sin excesos. Sabe que el dolor es parte consustancial de la vida y eso lo hace humano, demasiado humano para un oficio en el cual la insensibilidad es una gran virtud.  Es apreciablemente culto pero sabe que “tanta cultura implícita es un estorbo”. No es carnívoro, es vegetariano. En fin.

Pero lo que con seguridad lo hace más singular es que más que un investigador privado es un buscador natural, un hombre que se inició en las dolorosas artes de buscar lo desaparecido, a la desaparecida, su hermosa hermana Amarilis, a los desaparecidos de otros. Y desde entonces busca de manera incesante. Busca en un país donde los desaparecidos no son fantasmas sino una presencia ominosa que nos sacude en cualquier parte, a cualquier hora. Somos un país lleno de desaparecidos y de personas buscándolos. Todos tenemos a alguien a quién buscar, eso lo sabe muy bien Gotardo, incluso a nosotros mismos que nos hemos extraviado y no supimos cuándo ni dónde. Para eso está Gotardo, para ayudar a encontrarnos. Así visto, nuestro antihéroe morocho de ojos verdes, no es solo un detective que busca cuerpos sino también razones, es de igual manera un investigador existencial. Y para rematar, y no hablo más de él, sabe con atinada precisión que la verdad goza de un desmedido prestigio, una estrella incuestionable, y en consecuencia reivindica un poco la mentira que está pesimamente referenciada. Descree de las certezas, todo el que investiga desnuda la verdad, la descara.

Esta novela negra es distinta, primordialmente, por su lenguaje. Hay una escritura barroca, poética, divagadora y humorística. Esa mixtura en el lenguaje, ese entretejer las palabras que buscan una cosa y la otra, nos seduce como seducen las buenas novelas. Aquí no hay dudas, el placer del que gozó Felipe al escribirla es el mismo placer que tendremos al leerla.

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