Opinión

La bolsa o la vida

Salvar vidas y salvar la economía. Casandra y pitonisas en veloz carrera por quién acertará el vaticinio sobre el trágico futuro o el tiempo esperanzador.

Por:
mayo 02, 2020
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La bolsa o la vida
El precio de la vida y el precio del mercado. Antítesis aparentes y complementos complejos en estos tiempos

Nunca antes en lo que de memoria corta tenemos, los humanos habíamos experimentado esta desesperación, crisis, confinamiento, semi parálisis social, paro económico, prueba de resistencia, cambio de zona de comodidad, entrenamiento intensivo en soportabilidad e impotencia frente al no poder hacer nada con la mucha quietud.

El mundo detenido en una esquina sin saber para donde continuar. “Y eso que las esquinas son iguales en todos lados”. El mundo colapsado porque lo más fuerte que habíamos labrado a punta de siglos de progreso: la esperanza de vida. Ahora está en una telaraña frágil a merced de un invisible huracán que la pone en riesgo.

Cosas de una pandemia en la era más interconectada de la humanidad. Una pandemia que se propaga en estornudos y en contactos cercanos de cualquier tipo. Ahora cuando más nos sentíamos tan seguros en medio de la multitud, el coronavirus nos obliga a replantear todo lo que sabíamos y hacíamos como masas.

En estos días largos de confinamiento en medio de la familia, los pocos vecinos a los que se les ve el rostro de impotencia casi no hablan, a los compañeros de trabajo se les extraña, a los amigos del bar de siempre se les quiere cerca para contaminarlos con la alegría y a la familia distante por la cuarentena, solo se le ve por la video llamada reglamentaria.

Hasta los vilipendiados políticos nos hacen falta. Aunque vergüenza produce que en medio de la “filantropía estatal” para llevar raciones alimenticias a los más pobres y llevados de la malparidez, se cuele el virus más endémico que hemos cebado entre nosotros: la corrupción.

Pero en medio de la tragedia porque han muerto miles y no se sabe cuando parará, el dolor de los próximos muertos y el sufrimiento de quien queda vivo con sus vacíos de existencia; hay un “homus economicus” que intenta imponer su avasallante visión de las cosas.

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La vida es sagrada y si se pierde no se recupera, en cambio la economía si se quiebra se puede recuperar

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El precio de la vida y el precio del mercado. Antítesis aparentes y complementos complejos en estos tiempos. Pareciera que la quietud es anti económica y el movimiento te enriquece (a pocos pues). En la colmena de los humanos la reina se alimenta (el poder), los obreros reposan forzados (por cuenta de la pandemia), los soldados defienden y ponen orden y los zánganos, se cansan de zanganear. Hay una informalidad que se está cansando de descansar y se encoge las tripas para resistir. ¿hasta cuándo?

Salvar vidas y salvar la economía. Salvar vidas y salvar al planeta. Salvar vidas y seguir contando el cuento. La vida es sagrada y si se pierde no se recupera, en cambio la economía si se quiebra se puede recuperar. Casandra y pitonisas en veloz carrera por quién acertará el vaticinio sobre el trágico futuro o el tiempo esperanzador.

Pero más allá de las vacilaciones y la necesidad que tienen los humanos de seguir depredando al ambiente; hay una profunda lección que el mundo recibe, sin beneficio de inventario. Cuando lleguemos a la maximización de la voracidad planetaria: activaremos nuestro propio meteorito que impactará sobre nuestros dinosaurios mentales y reales.

Coda: aplausos a los artistas y creadores que, en medio de las angustias de la mayoría por el encierro y aislamiento, han sacado lo mejor de sus talantes y talentos para meternos hasta en la sala de Fito Páez en Buenos Aires y respirar el aire austral. Y habrá más y más. Algo bueno estaba escondido debajo de la alfombra.

 

 

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