Opinión

La bofetada de Gustavo Petro...

Petro ganó donde hay miseria y poco Estado, vapuleando los partidos tradicionales, Duque tiene suficiente para ganar la presidencia, y una enorme responsabilidad frente a la paz y la pobreza

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mayo 31, 2018
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La bofetada de Gustavo Petro...
Del gobierno de Duque dependerá si Petro da la bofetada definitiva a la clase política tradicional

El ciclón político de Álvaro Uribe existe en Colombia y su vigorosa fuerza puso más de siete millones y medio de votos inobjetables, durante la jornada del 27 de mayo; quien desconozca esta realidad vive en otro planeta.

Mi primera impresión durante la jornada electoral fue el naufragio de Vargas Lleras y el sacrificio innecesario de Humberto de la Calle; el primero hizo agua en ciudades capitales de la costa caribe, donde se sentía seguro y el segundo fue atropellado injustamente en su talante de estadista, por un partido sumergido en un cisma desde el proceso 8000 y cayendo en barrena sin que le abra el paracaídas.

Gustavo Petro tuvo viento favorable de popa, en ciudades como Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, y sobre el gran departamento de Córdoba; ganó en los centros y periferias donde el paramilitarismo derramó mucha sangre antes del 2005; ganó en zonas de conflicto permanente con comunidades étnicas, e indígenas desatendidas por la historia de gobiernos sucesivos; ganó en la mayoría de los municipios de los Montes de María y del Golfo de Morrosquillo, donde los Infantes de Marina combatieron con valor al paramilitarismo; ganó en departamentos como Nariño y Putumayo, allí donde existe el mayor número de coca sembrada en el mundo terrenal y donde disponemos del mayor número de efectivos de la fuerza pública, persiguiendo bandidos; Petro ganó en zonas donde hay miseria y poco Estado.

Ese triunfo de Petro en las regiones que señalo, es una gran bofetada para los partidos tradicionales, para las élites de la historia política colombiana; es una clara advertencia de la gente que se encuentra hastiada con la tradicional política clientelista, que cambia votos por tapas de cerveza; debe haber un cambio definitivo en la ejecución de las políticas públicas, porque de lo contrario, Gustavo Petro gústenos o No, llegará a ser presidente.

De cara a la etapa decisiva del 17 de junio, quienes hacen cuentas alegres sobre los 4.5 millones de votos de Sergio Fajardo feriados en porcentajes para Iván Duque o directamente para Gustavo Petro, están equivocados; eso no es tan fácil. Mejor revisar que Sergio Fajardo ganador en Bogotá, deja un gran mensaje: Colombia necesita pedagogía para la paz, más educación, más cultura ciudadana, más respeto, mejor ciudadanía, más tolerancia, cuidar el país, matizar los lenguajes extremos de la patria, ese es el legado de la gran campaña de Fajardo.

Sus votos son claves, pero pienso que Iván Duque sumará más, antes que bajar y Gustavo Petro tendrá una cuesta más empinada que Duque. Los votos de Fajardo son fruto de una masa de opinión centrada, que rechaza los extremos peligrosos, y esos votos, no son tan endosables, porque adquirieron valor ético y democrático.

Iván Duque ganó en casi todo el país y no por una despreciable ventaja a Petro: 2’718.439 votos no son una bicoca, alcanzarlo es una tarea titánica y no le queda tiempo a Petro para ganar tanto, ni a Duque para perder la contienda. Duque recorriendo el último circuito, si la votación en blanco no es protagonista, deberá ganar la presidencia con una votación cercana a los 10 millones de votos.

Tanto Petro como Duque deben ajustar sus programas y discursos para ganar los votos que necesitan y para alejar los miedos que representan. El primero debe respetar la riqueza y la propiedad privada, renunciar a la lucha de clases, al odio contra Álvaro Uribe, serenar los lenguajes que califican al establecimiento como una caterva de corruptos, criminales arrodillados al capitalismo extractivista y salvaje. Si Petro cumple con las impresiones que deja su campaña, el país con él, se hundiría en su intento por ejecutar lo que propone.

La única guerra que deberá promover Iván Duque debe ser contra la miseria, contra la falta de oportunidades para millones de colombianos que venden mentas en las calles mientras abrazan a sus hijos, que duermen debajo de los puentes arropados con un cartón, y deberá luchar contra la misma institucionalidad ineficiente. Duque no puede, ni debe destrozar los acuerdos de Paz.  

Con juventud, talante y autonomía, con mucha mejor empatía que Petro dentro del establecimiento, Iván Duque puede tener mayor margen de gobernabilidad; se requiere que tome el mando del barco a punto de naufragar, que permita mayor gobernanza de los territorios, que ejerza el mando sobre la institucionalidad disfuncional que tenemos, que pase a la fila a la burocracia, que le ponga lupa a los recursos y regalías, que asuma el mando sobre la implementación de los acuerdos con las Farc, (que no puede volver trizas), y que recupere el control del territorio donde la institucionalidad es flaca en capacidades y estrategia.

Votaré por Iván Duque porque lo prefiero antes que las tesis imposibles de Petro; un presidente solo dispone de cuatro años: el primero para ajustar su gabinete y las agencias del ejecutivo, el segundo para ejecutar el presupuesto, el tercero para recoger los frutos y el cuarto para alistar su salida.

Duque debe gobernar bien, porque de lo contrario Gustavo Petro le dará la bofetada definitiva a la política tradicional, instalándose por sustracción de materia en la Casa de Nariño.

https://twitter.com/rafacolontorres

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