Texto escrito por: Ramiro Guzmán Arteaga
Lo ocurrido en la entrevista de Néstor Morales con el Topo Mexicano deja una sensación profundamente desagradable. No se trata simplemente de una discusión al aire o de un entrevistador haciendo preguntas incómodas; se trata de una manera de hacer periodismo que, en mi opinión, resulta asquerosa cuando convierte una situación humana y dolorosa en un escenario para el protagonismo y la confrontación.
Hay periodistas que preguntan para informar y otros que preguntan para provocar. La diferencia se nota inmediatamente. Cuando el entrevistado intenta explicar su posición y, en lugar de encontrar un espacio para desarrollar sus argumentos, se encuentra con insistencias, provocaciones y una actitud que parece buscar el enfrentamiento, la entrevista deja de ser periodismo y comienza a parecer espectáculo.
Lo más preocupante es que pareciera que a Néstor Morales todo le resbala. Le resbala el contexto, le resbala el momento y, sobre todo, le resbala que al otro lado haya una persona que está hablando de una labor de rescate y de vidas humanas. La pregunta legítima es necesaria en el periodismo; la falta de sensibilidad no.
El caso del Topo Mexicano es precisamente uno de esos momentos en los que el periodista debería entender que hay circunstancias que exigen firmeza, sí, pero también respeto y humanidad. Preguntar por permisos, protocolos o responsabilidades es completamente válido. Lo que no resulta aceptable es transformar cada respuesta en una oportunidad para acorralar al entrevistado o demostrar quién tiene el control del micrófono.
El periodismo no debería consistir en hacer sentir inferior al entrevistado. Tampoco en ganar una discusión. Su verdadera función es ayudar al ciudadano a entender lo que está ocurriendo.
Por eso, más que la discusión entre Néstor Morales y el Topo Mexicano, lo que queda en evidencia es una pregunta mucho más profunda: ¿hasta dónde puede llegar un periodista en nombre de la audiencia, sin perder la sensibilidad, la ética y el respeto por la persona que tiene enfrente?
Para mí, cuando esas fronteras desaparecen, estamos ante un periodismo que se vuelve asqueroso. Y cuando al periodista todo le resbala, incluso el dolor y la dignidad de los demás, quizá sea momento de preguntarnos si realmente estamos frente a periodismo o simplemente frente a un espectáculo disfrazado de entrevista.
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