Texto escrito por: Camilo Zuleta
Es es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas
Con motivo del natalicio de quien pudo ser en vida un magnífico escritor, libretista, productor y crítico de la sociedad colombiana de la talla de Piedad Bonnet, Albalucía Angel, Marvel Moreno, Sergio Cabrera o del propio Gabriel García Márquez o José Asunción Silva, si no fuera porque su singular y aún cuestionado punto de vista sobre la vida del ser lo obligó a terminar con la suya, sin saber que pudo dar más a este país, incluso llegando a ser un contribuyente a la cultura colombiana, de igual o más significancia que García Márquez ya galardonado con su Nobel. Pero aún así lo fue, porque por él nunca hubiéramos conocido lo magnífico que es el Gótico Tropical y cómo podemos ser originales en el arte de interpretar, crear y producir cine.
Hoy, quisiera hablar un poco de un libro que pasa desapercibido entre los lectores y gente de a pie, "¡QUE VIVA LA MÚSICA!", una oda a la autodestrucción del ser social y al hedonismo con sello de mujer. Sin duda alguna, los escritos de Andrés Caicedo, una plena combinación de realidad con surrealismo oscuro, permitió vislumbrar lo que muchos quizá hasta hoy niegan como el otro lado de la realidad.
En este sentido, la obra nos cuenta en primera persona la vida de María del Carmen Huerta, una muchacha caleña de la clase alta, de tez clara, cabello luz de día que cura y le espanta la oscuridad a quienes se empapan de esta, y de una personalidad desprendida de todo contacto humano, quizá rozando con la apatía, quien encontró en un día de pinta justo antes de iniciar estudios superiores, lo que para ella podía ser su vocación y lo que para otros podía ser su decadencia: amante de la música, rumbera de tiempo completo, o la encarnación viva de la música que nació en mujer, pues ellas y su particular sexto sentido para percibir más allá de lo que se ve a plena vista encajan en el ritmo, son y sabor.
Más allá de un cuento o un recuento de anécdotas de alguien que, teniendo todo para tener renombre en la sociedad, cayó en decadencia, las letras y páginas del libro plasman una peculiar crítica de María del Carmen sobre el status quo de la sociedad, sobre las expectativas no impuestas sino las esperadas por una sociedad hacia las generaciones de jóvenes, lo más parecido a un cultivo de caña, esperando sacar jugo y usar su vegetación en pro del consumo masivo.
Del mismo modo, nos da a exponer la veraz y hasta cierta que nos resulta la teoría de la sociedad líquida expuesta por Zygmunt Bauman sobre la cual se expone el carácter temporal de las relaciones entre conocidos, amigos o familiares, en los cuales se denotaba la fragilidad evidente. Esto, evidenciado en la forma como "la Mona Huerta" describe su cercanía con sus padres, amigos, compañeros, los hombres y las mujeres de su vida como un tema bastante efímero o como una subtrama secundaria, al menos en casos particulares, empero que invertía casi las tres partes de la historia, inicio, nudo y desenlace en su conexión placentera con la música tanto en su psique y el placer como en la activación de la bioelectricidad de su cuerpo activada con el solo de una guitarra eléctrica, la melodía del piano rápido, el golpeteo de las percusiones y el sonar de las voces expulsando las letras en rima y prosa. Muy interesante para probar la teoría de Matrix sobre los vatios de energía que puede producir un ser humano.
En esto debo hacer paréntesis para también denotar cómo el hedonismo propio de María del Carmen, es decir, su filosofía centrada en el placer personal, su goce con el contacto de mujer a mujer, de una flor a otra, nos fue revelado de forma erótica y sutil, su conexión quizá ya amorosa en la figura de 2 mujeres con principal denotación (Mariángela y María) en tanto que su experiencia con el sexo opuesto encarnado en 11 hombres de diferente extracción social y extranjera no pasaba de una transacción de música, vicio y relación carnal. Es decir, hablamos de una persona posiblemente encerrada o encerrada en el clóset de su propio placer musical.
Ya fuera por una fascinación de lo oculto o como una necesidad de escapar de un destino impuesto por terceros, lo cierto es que en aquel texto las palabras de "la Mona Huerta" plasman varias verdades que podemos eludir, pero que nos alcanzan según el ritmo y son en el que vivamos la vida y escuchemos música, ambas cosas tan equiparables y símiles que nos predestina el gusto por los ritmos propios, desde escuchar y movernos con los movimientos circulares de la salsa de Richie Ray, Lavoe, Colón y otros grandes del género, hasta escuchar apacibles las letras de Gardel o del Ruiseñor de América, buscando la necesidad y añoranzas de un pasado recordado en flashbacks mentales que tenemos y llamamos memoria.
Independiente de que disfrutemos de historias blancas o negras, utopías, distopías o posapocalípticas, algo sí resulta seguro: vivir requiere de mucho empeño, sangre, sudor y lágrimas, aunque nos sea llevadero si con nosotros llevamos letras, prosas, melodías y percusiones que nos identifican con nosotros y quizá nuestros pares. ¡Qué viva la música! invita quizá a que vivamos al son que nos toque y bailemos, a no dejarnos consumir por la miopía individualista colectiva, a la que muchos hoy en día llaman en su dopamina etílica y de forma ignorante como "El Milagro".
—Ustedes y yo sabemos de qué hablamos con el mal llamado Milagro No Divino. Por infortunio mío y por voluntad de los de siempre que se hacen pasar por los que nunca rompen un plato, siendo ellos nada en la vida, el guardar silencio es imperativo de discreción, pero las letras y la música misma son aliadas todavía de muchos. Lo fue de Rubén Blades, Facundo Cabral, Los Tigres del Norte, Michael Jackson, Eminem, Gorillaz y muchos más que deben protestar al ritmo que deben tocar, sin dejar de bajar la voz ni la palabra.
Hasta el propio Caicedo tuvo que operar de ese lado, en una época todavía retardataria, pues hablar de lo que los miopes inventaron en modalidad mentira para bobos como Ideología de Género, era y es un tabú que parece que no va a desaparecer pronto en esta época.
¡QUE VIVA LA MÚSICA!, nuestra aliada, nuestra voz, la luz que muchas veces de color mona, muy monísima nos espanta la oscuridad que los invade día a día.
Posdata: hoy también conmemoramos la partida de otra voz de la cultura colombiana, la exministra Consuelo Araújo, quien en procura de preservar la herencia del caribe colombiano, le dio voz y vista internacional al público internacional. A 25 años de su cruel partida forzada por las FARC, solo digo que lamento que no esté presente y me alegro que no esté presente para ver cómo su familia solapa descaradamente a quienes le van a terminar echando tierra a su trabajo, sería el equivalente a una tragedia griega.
También le puede interesar:
Anuncios.


