Texto escrito por: Pedro León Vega Rodríguez
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Tristeza, decepción y preocupación produce el débil liderazgo de la Organización de Naciones Unidas, que se refleja en el irrespeto y ataques por parte de Estados Unidos e Israel, y en el propio liderazgo sumiso de su Secretario General António Guterres. Se evidencia un desprecio absoluto por el derecho internacional y cinismo en reconocer el uso ilegal de la fuerza para robar, matar, invadir y adelantar políticas coloniales y genocidas. En ese escenario internacional el futuro de Latinoamérica se perfila sombrío, neocolonial. Estados Unidos, en medio de una profunda crisis y resignado a un mundo multipolar, se aferra a Latinoamérica como tabla de salvación mediante la fuerza militar, la dominación política y el control de las narrativas ideológicas en los medios. La izquierda latinoamericana no está en capacidad hoy para enfrentar su poder hemisférico. Sólo le queda la resistencia democrática y la esperanza de que en el futuro los pueblos se formen políticamente en la filosofía de la liberación, que no se limita a simple economicismo ni ignora las realidades de la periferia colonial y el Sur global. Debe impulsar el giro descolonizador de la forma de vida moderna y construir comunidad organizada, politizada y emancipada. El caso de Venezuela es síntoma de esa realidad. El estrangulamiento económico producido por las sanciones y el bloqueo petrolero; una oposición apátrida, corrupta y analfabeta; la agresión militar del 3 de enero acompañado del secuestro de su Presidente; y hasta la tragedia del doblete sísmico del 24 de junio, intentaron truncar políticamente la Revolución Bolivariana y su prometedor proyecto de desarrollo. Venezuela es un Estado que se quiso llevar al colapso económico, político y militar, hoy bajo coerción de Estados Unidos, una potencia en decadencia y con pretensiones neocoloniales. El responsable de la infamia es el agresor; júzguese al victimario, no a la víctima, como hacen los cobardes. La Revolución Bolivariana seguirá la lucha por la soberanía y la independencia y hay chavismo para cien años más.
LA “SEXTA REPÚBLICA” QUE PROPONE DELCY RODRÍGUEZ PARA VENEZUELA
En su discurso ante la 81 Asamblea General de Naciones Unidas, Delcy Rodríguez se identificó como la presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela. Dijo en su discurso: “vengo a hablarles de una Venezuela cuya vida nacional ha estado afectada por una crisis de convivencia política que perturbó la vida nacional y nuestra interacción con el mundo. Se impusieron intereses ajenos al bien común de los venezolanos”. Y precisó sus objetivos: “Hoy vengo a esta Asamblea como una hija más de Venezuela, a presentar las aspiraciones de un país que busca construir su propio destino luego de conflictos políticos, en medio del bloqueo económico que impactó el modelo de desarrollo, inclusión, e igualdad”.
El discurso de la presidenta Delcy Rodríguez en la ONU es un documento concebido estratégicamente desde una perspectiva geopolítica, que revela una dimensión diferente y más amplia de los acuerdos alcanzados entre Venezuela y Estados Unidos, y sugiere la intervención de China y Rusia en términos de paz entre el actual hegemón mundial y las potencias asiáticas emergentes. Se entiende que, si las guerras en el mundo son principalmente por el petróleo, entonces un acuerdo para la explotación del crudo venezolano en términos beneficiosos para las partes puede calmar los mercados, satisfacer la demanda interna estadounidense y en especial constituir una alternativa de solución a la conflictividad mundial hoy a punto de una guerra nuclear. El camino de la diplomacia de cooperación mutua con Estados Unidos convierte a Venezuela en un importante factor de distensión de la política mundial y consolida el nuevo orden multipolar con su rol determinante en el concierto energético mundial. En el punto cinco de su discurso Delcy dice: “la estabilidad internacional exige resolver el trilema energético… Debemos evitar colapsos industriales, quiebres productivos y costos energéticos insoportables para los pueblos. La seguridad energética se hace así imprescindible para el sostenimiento de la economía internacional y el desarrollo. Sin duda alguna Venezuela juega y jugará un papel muy importante en esta fórmula internacional”. La reunión del presidente chino Xi Jinping con Donald Trump en la Casa Blanca, también en el marco de la 81 Asamblea de Naciones Unidas, puede estar confirmando este enfoque geopolítico. Y probablemente la contribución de las potencias a la crisis venezolana por su papel clave en el ámbito internacional sea la exigencia a Estados Unidos de liberar al presidente Nicolás Maduro. Se sabe de reuniones conjuntas de las delegaciones de Rusia y de Venezuela en el recinto de la ONU que lo confirman.
En el campo interno, los mismos acuerdos permitirán a la nación bolivariana —hoy devastada por 1040 sanciones económicas y un criminal bloqueo petrolero de doce años— concretar un nuevo proyecto político de unidad nacional. En esas circunstancias, la presidenta encargada, con base en los acuerdos con Estados Unidos, se propone unir a los venezolanos, de gobierno y oposición, en torno a una “Sexta República”, que haga posible la convivencia política, la recuperación económica y la paz. En el actual contexto geopolítico de pretensiones neocoloniales, la transformación democrática surgirá de la institucionalidad vigente y bajo liderazgo del gobierno bolivariano. Según la presidenta: “La historia nos ha enseñado que algunas de las transiciones democráticas más sólidas del mundo contemporáneo no nacieron de la ruptura sino de la transformación conducida con firmeza desde las propias instituciones. Esa es la inspiración”.
Significa que no habrá una transición como la que pretende la oposición en el sentido de “quítate tú pa ponerme yo”. El chavismo hará respetar el actual período electoral y exigirá la eliminación de las sanciones como condición necesaria de estabilidad. El alcance de los acuerdos permite así que gane Estados Unidos, gane Venezuela, gane la Revolución Bolivariana, gane la oposición democrática y gane la paz mundial. La presidenta lo confiesa con orgullo. Dice Delcy: “a quienes se preguntan de qué lado está Venezuela, ahí están nuestras líneas y referentes. Nuestro bando es uno solo. El de los ciudadanos del mundo que procuran su felicidad, su desarrollo y su libertad”. No obstante, hoy como ayer, la autonomía e independencia plenas de Venezuela, sin injerencia estadounidense, será tarea revolucionaria de Latinoamérica entera.
LAS CRÍTICAS AL DISCURSO DE DELCY RODRÍGUEZ EN LA ONU
El 23 de septiembre en la tarde, un día después de reunirse en la Casa Blanca con Donald Trump, Delcy Rodríguez pronunció en la ONU su discurso como presidenta de Venezuela. En resumen, el discurso presenta el panorama general de la situación política que vive Venezuela después de la agresión militar del 3 de enero, y de la decisión de su gobierno de escoger el camino de la diplomacia para transformar las diferencias con Estados Unidos en cooperación. Según la presidenta, el camino del entendimiento garantizará la estabilidad política y la reconstrucción del país. Su plan ya en marcha consiste en: 1-Un paquete de acuerdos energéticos con diversas naciones, en especial un acuerdo petrolero histórico con Estados Unidos ajustado a la nueva Ley de Hidrocarburos; 2-una mesa de diálogo entre parlamentarios del chavismo y de la oposición democrática; y 3-un programa de recomposición institucional y liderazgo político orientado a la unidad nacional.
Se le critica un exceso de diplomacia por haber olvidado condenar la agresión militar y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, y por guardar silencio frente a los agravios propios de la narrativa del presidente Trump en su discurso de la mañana en Naciones Unidas. Trump volvió a calificar a Maduro de dictador y criminal y se ufanó frente a la presidenta en considerar la riqueza petrolera venezolana como botín de conquistador de su pertenencia. Todo un insulto a la dignidad del pueblo venezolano y a su espíritu libertario y emancipatorio. Pero la política antes que juzgarla hay que comprenderla.
La presidenta Rodríguez resolvió no responderle a Trump su narrativa ideológica, porque la barbarie imperial ya es de conocimiento público y también su condena mundial. Nadie puede cuestionar su lealtad al presidente Maduro, como volvió a afirmarlo en el último número de la revista Time que le dio la portada. Delcy Rodríguez es una mujer honesta, valiente, inteligente, revolucionaria, con experiencia política y elevada formación académica. Es la líder indicada para el actual momento histórico. Su estrategia tiene el aval del chavismo, incluso del hijo del líder secuestrado. Rodríguez sólo quiere asegurar el logro de sus objetivos prácticos y para ello actúa con responsabilidad, usando el margen político que le ofrece la batalla asimétrica, para poder ejercer la resistencia democrática en todo su potencial: volvió a insertar a Venezuela en el escenario internacional, avanza en la eliminación de las sanciones, desplazó a la oposición política y le negó todo protagonismo, y conservó su liderazgo al frente del gobierno chavista, las Fuerzas Armadas y el partido de gobierno (PSUV), esencial de cara a escenarios futuros de la política nacional. Y lo más importante, la intervención de Delcy trasciende la relación bilateral porque el acuerdo con EE. UU. se convierte en importante factor de distensión en el orden geopolítico, dado “el rol determinante de Venezuela en el concierto energético mundial”. Actúa como estadista, ese es el papel que la inspira.
Delcy Rodríguez también sabe jugar sus cartas en la disputa de los dos bandos con distintas agendas políticas que protagonizan Trump y su vicepresidente Vance, de un lado, y Marco Rubio y Netanyahu del otro. Delcy se acerca a Trump y ahonda la brecha entre los dos bandos. Conoce bien el interés de Trump frente a sus seguidores de MAGA de recuperar su papel de outsider que lo muestra nacionalista, proteccionista y contrario a las guerras. Sabe que Trump, contrario al sector corporativo guerrerista, admite ya el nuevo orden multipolar que comparte por lo menos con China y Rusia.
La presidenta encargada sabe que la verdadera amenaza no es tanto Trump y su MAGA, sino el bando de Marco Rubio y Netanyahu, sionistas criminales natos, guerreristas y representantes del sector corporativo financiero internacional, de Wall Street, que insiste en el mundo unipolar bajo el poder hegemónico estadounidense y en su destino manifiesto. El mismo bando que está aliado con el sector lumpen y apátrida de la oposición interna fascista venezolana. La llegada de Israel a Venezuela, su enemigo visceral, es más obra de Marco Rubio que de Trump.
La presidenta está concentrada en repensar el país con espíritu autocrítico, en sintonía con el diálogo que está desarrollándose en la Asamblea Nacional entre chavismo y la oposición democrática. Más desde una perspectiva de política positiva unificante de la sociedad que desde posiciones ideológicas dogmatizadas que polarizan y destruyen la convivencia ciudadana.
En su discurso dijo la presidenta: “Me complace anunciar que Venezuela ha iniciado un proceso de transformación democrática para su renacer. Un proceso ordenado, institucional y verificable. Para construir un país más libre para todos, más próspero y más reconciliado consigo mismo. Un proceso de cambio político, económico, espiritual, de reformas estructurales para el renacer de Venezuela, para el renacer de nuestra nación, para el renacer de nuestro pueblo”. Planteó fundamentarse en dos pilares: la reforma a la justicia y la reforma política. Delcy Rodríguez busca la pacificación interna más que la guerra externa; piensa como estadista en el país nacional.
Por supuesto, no pocos líderes chavistas hubieran preferido oír una oratoria revolucionaria que le advirtiera a Trump no jugar con candela porque enemigos pequeños no hay, como lo enseña Irán. Delcy sabe que 4500 comunas chavistas organizadas, unidas, conscientes de su papel histórico y bajo su mando, pueden transformarse de la noche a la mañana en movimientos de presión y desestabilizar al país hasta llevarlo a un desmadre de altas proporciones, si la potencia agresora no le deja a la Revolución otra opción. Sin descartar la aparición de grupos radicales dispuestos a incendiar campos petroleros con drones, y meterle a Trump por el culo las torres de explotación que quiere robarse. Por fortuna la presidenta es Delcy Rodríguez y ella y su gobierno decidieron el camino de la diplomacia.
EL FUTURO DE LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA
El problema venezolano compromete a toda Latinoamérica y determinará su futuro. Sin embargo, no todos los gobiernos progresistas del continente lo tienen claro. En medio de las amenazas no se manifestó la solidaridad esperada con Venezuela y menos aún después de la agresión militar estadounidense. Latinoamérica la dejó sola: Petro se acobardó y salvó el pellejo con una reunión con Trump que al final no le sirvió ni para garantizar la permanencia del proyecto progresista. Lula se desmarcó de Maduro e impidió la entrada de Venezuela a los BRICS, aunque ahora que es inminente la intervención imperial, clama a la comunidad internacional para fortalecer el multilateralismo, el derecho internacional y la defensa de Naciones Unidas. No obstante, sigue interveniendo en los asuntos internos venezolanos, se atreve a juzgar a Maduro y reclama de Delcy el llamado inmediato a elecciones en Venezuela. Una canallada de un político en campaña. También Argentina está en manos del sionismo israelí y sirve su país al genocida Netanyahu como “una segunda tierra prometida”; y Chile regresó al pinochetismo con el presidente Kast. Asimismo, una docena de gobiernos progresistas han caído en la última década como fichas de ajedrez para luego, mediante fraudes electorales e intervencionismo estadounidense, ser reemplazados por otros más dóciles que se adhieren abyectos al “Escudo de las Américas”, la nueva excusa imperial de política estadounidense. Se extraña la generación de líderes latinoamericanos con espíritu emancipatorio que resolvieron ampliar y profundizar la democracia, reducir la pobreza y buscar mayor igualdad social: Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Néstor Kirchner y Cristina Fernández en Argentina. Sólo se sostiene en pie México con Claudia Sheinbaum, hoy amenazada con una invasión militar, y Brasil, asediada con pretextos de la lucha contra el crimen organizado. Esa generación deja un legado de integración: UNASUR, TELESUR y el proyecto del BANCO DEL SUR.
En esas condiciones, la izquierda en Latinoamérica necesita reinventarse porque ha perdido el sentido de la realidad y carece de una estrategia para enfrentar el proyecto de barbarie, dominación y esclavitud que impone Estados Unidos en lo que considera su patio trasero, en respuesta a su progresiva decadencia. Necesita redefinir su estrategia de lucha y de resistencia democrática.
En primera instancia, esa lucha ya no podrá ser sólo nacional, necesita articularse como estrategia latinoamericana, porque el proyecto estadounidense es continental y la resistencia debe ser también continental. En segunda instancia, necesita radicalizar su discurso decolonial y transmoderno en términos de filosofía de la liberación, en lugar de flexibilizarlo con políticas complacientes y timoratas que conservan la subjetividad de dominación y reproducen la voracidad y criminalidad del sistema. Sin un cambio que impacte más en la subjetividad que en la economía el proyecto fracasa.
Con todo, el futuro no lo decide el gobierno de Estados Unidos ni el sector corporativo, ni el sionismo anglo-israelí, lo define la resistencia democrática al poder que abre caminos de emancipación.
En tercera instancia, les corresponde a los países de Latinoamérica, armar una masa crítica regional menos dogmática y más intelectual, para discutir, desarrollar y elaborar planes y estrategias, abordar problemas y desarrollar ideas, construir organización popular y trabajar con disciplina, como cuando se reúne el estado mayor de un ejército. El propósito es defender la independencia y soberanía del subcontinente con la convicción de que otro mundo es posible y deseable.
Es pertinente y necesario que América Latina aprenda de la experiencia, sabiduría y espiritualidad de Irán y de otros pueblos revolucionarios, para enfrentar el imperio de cara al desafío político más importante de su historia: determinar su propio destino. Estados Unidos, la potencia en decadencia, genocida y corrupta, es una verdadera amenaza. Latinoamérica debe hacerle comprender la necesidad de cooperar con los países vecinos para garantizar la supervivencia de todos. Si quiere el petróleo venezolano tiene que respetar al gobierno venezolano; si quiere comerciar con Brasil debe respetar a Brasil y buscar el beneficio mutuo, no alienarlo con aranceles ilegales ni intervenir en su política interna porque el daño se revierte en su contra. Es necesario hacerle comprender la interdependencia mutua y las vulnerabilidades recíprocas. En el mundo actual el comercio se piensa en términos de vulnerabilidades, no sólo de oportunidades. La esperanza es la unidad de la patria grande para el logro pleno de su autonomía e independencia, pero también el desarrollo de su potencial político para articular mecanismos de convivencia y cooperación con el pueblo estadounidense.
En su discurso Delcy Rodríguez dijo: “En 2026 Venezuela ha vivido dos grandes y dolorosas pruebas en su vida como nación. Una derivada del estrangulamiento de su vida política interna y de la confrontación agudizada con los Estados Unidos. Otra, proveniente de la fiereza de la naturaleza, el doble terremoto el 24 de junio”. Hoy el camino de la diplomacia escogido por Delcy Rodríguez con el apoyo del chavismo está dando sus frutos. Venezuela no sólo renace como el Ave Fénix de su doble fractura en 2026, también se convierte en importantísimo factor de distensión de la geopolítica y su conflictividad bélica, y contribuye a consolidar el nuevo orden multipolar, clave para recuperar el liderazgo de la ONU, la preeminencia del derecho internacional y la paz mundial.
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