La agonía de la izquierda en Latinoamérica

"Con la nueva derrota que sufrió la llamada izquierda en el Perú, queda claro el fracaso de esta ideología en el continente"

Por: Ariel Peña González
abril 13, 2016
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La agonía de la izquierda en Latinoamérica
Foto: politika.com.co

El pasado 10 de abril se llevaron a cabo las elecciones en la hermana república del  Perú, en donde salió ganadora Keiko,  hija del expresidente  Alberto  Fujimori, quien se encuentra en la cárcel. La candidata en mención a nombre  de Fuerza Popular obtuvo el 39.77% de la votación a su favor, y tendrá que ir a una segunda vuelta el 5 de junio con el candidato de centroderecha  Pedro Pablo Kuczsynski  -- quien contó con el 21.01%-- y la candidata chavista Verónika Mendoza --a quien se le nota que no ha superado el sarampión izquierdista--  alcanzó el 18.80%, quedando demostrado que las fuerzas neomarxistas en la región siguen en caída.

El actual presidente del Perú Ollanta Humala, elegido en el 2011, fue el fundador del Partido Nacionalista Peruano, una organización afiliada al foro de San Pablo --de hermandad castro-chavista-- y que busca crear la Unión Soviética Latinoamericana, como lo propuso el difunto presidente venezolano Hugo Chávez. Sin embargo, el presidente del Perú no siguió a ultranza los designios de este foro y privilegió la economía de  mercado. Por esta razón,  la candidata de Frente Amplio Verónika Mendoza se apartó en el 2012 del gobierno y del  Partido Nacionalista Peruano.

Con las elecciones del  domingo 10 de abril en Perú, se han realizado 4 elecciones consecutivas en democracia, donde, de acuerdo con algunos analistas de la llamada izquierda, se enfrentaban dos  clases de modelo: el neoliberal, representado por los candidatos de la denominada derecha --Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczsynski--  y el modelo estatista --seguido por Verónika Mendoza y otros candidatos con menor  votación--. Esto significa que los marxistas siguen con la maña de presentar las cosas en blanco y negro, con la consabida dicotomía entre capitalismo y socialismo, y olvidando que la génesis del neoliberalismo se dio por el contubernio entre la camarilla comunista china con el capital financiero internacional a través de las grandes trasnacionales, para superexplotar a los trabajadores chinos, situación ocurrida hace cerca de 38 años, por lo cual ningún miembro del comunismo totalitario podría abrir la boca para denunciar el neoliberalismo.

Con la nueva derrota que sufrió la llamada izquierda en el Perú, queda demostrado que en Latinoamérica se empieza  a patentizar  la impronta del  fracaso estruendoso del marxismo que se camufla de muchas formas para engañar (bolivarianismo, nacionalismo, indigenismo, sandinismo y otros). Los ejemplos son claros: la derrota del Kirchnerismo en Argentina; la debacle del chavismo en Venezuela; la pérdida de referendo  reeleccionista de Evo Morales y ahora la barrida a la izquierda en el Perú.

También no se puede olvidar la incidencia que tendrá para la región el caso del Brasil, en donde la presidenta de ese país Dilma  Rousseff junto al expresidente Lula Da Silva, quien fue el fundador del  foro de San Pablo, están acusados de  alta corrupción con  su partido de los trabajadores. Por ello, la comisión especial de la cámara de diputados decidió darle luz verde al juicio político en contra de la mandataria brasileña, lo cual puede conducirla a la destitución, advirtiendo que la crisis de Brasil profundizará la recesión de Latinoamérica.

Con lo ocurrido en el Perú se dice que los países de la región están dando un giro a  la denominada derecha. Ppero lo fundamental es que tanto Keiko Fujimori como  Pedro Pablo Kuczynski son representantes de una u otra manera   del liberalismo, respetando la economía de mercado, en donde necesariamente se tiene que fortalecer el aparato productivo, para no ser rehenes de un modelo extractivo especialmente de la minería, cuya bonanza es efímera. Así que  lo más destacado  para nuestros países es  el fortalecimiento de la democracia en  la nación  Inca, superando la amenaza del comunismo totalitario que busca con  las “elecciones burguesas” ganar espacios para llevar a los  pueblos a una esclavitud política, montando camarillas a perpetuidad, en donde la alternación de los partidos en el gobierno queda prácticamente proscrita.

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