Opinión

La adrenalina se dispara

Me encanta esta época. Ver sonreír, intercambiar cositas inútiles envueltas en papeles brillantes con moño, sentir ganas de perdonar y abrazar, desamordazar el corazón

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diciembre 14, 2017
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La adrenalina se dispara
Me meto en la alegría colectiva, me dejo llevar por las fantasías y las ilusiones.

¡Llegó Navidad! Arbolitos de colores. Pólvora. Luces. Pesebres. Corremos sin saber muy bien por qué. Sentimos compulsión por comprar. Acordarnos de todos los que no hemos visto durante el año. Sonreírles a los desconocidos. La adrenalina se dispara.

Así es. Nadie lo puede impedir. Ya no tenemos claro qué celebramos. Si al viejo Noel, que ahora reparte Coca-Cola, como pude comprobar en el aeropuerto El Dorado, o todavía desparrama juguetes en chimeneas inexistentes y botas coloradas; o al Niño Dios, que está próximo a aterrizar en una cunita de paja, o de madera, o de bronce, según los gustos del consumidor. He visto “tres reyes” más grandes que los camellos atravesar un río de algodón, y gallinas, patos, ovejas, leones y mariposas alrededor de una Virgen. Ángeles volando entre ramas. No estoy alucinando. Es diciembre. Nieve en el trópico, desiertos en Alaska. ¡Así es!

Me encanta esta época. Ver sonreír, intercambiar cositas inútiles envueltas en papeles brillantes con moño, comer torta de pastores, a sabiendas de que los pastores no hacían tortas, natillas tembleques y buñuelos grasientos. Sentir ganas de perdonar y abrazar, dejar salir la ternura y desamordazar el corazón.

 

 

Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los errores
y escondo mi intolerancia,
mis miedos, mis rabias y mis tristezas

 

 

Personalmente, me meto en la alegría colectiva, me dejo llevar por las fantasías y las ilusiones. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los errores y escondo mi intolerancia, mis miedos, mis rabias y mis tristezas. No me importan las teorías de los ateos profesionales. Creo y amo a Jesús y me agarro de la mano de mi poder superior, porque sé que existe. Me quiere y me cuida. Le cierro la puerta del alma al rencor y por medio de las estrellas, que me encanta mirar, les envío bendiciones a los que no quiero, a todos los de la “lista negra” de mis afectos, para liberarme de energías negativas. Me da resultado. Me siento mejor.

Aprovecho y leo, porque también encuentro mis espacios, y me regalo libros como Los infinitos de John Banville, Rendición de Ray Loriga, Por último el corazón de Margaret Atwood, Bajo el árbol de los Toraya de Philippe Claudel. y agradecer, una vez más en esta Navidad, el regalo más preciado de mi vida: disfrutar cada nuevo amanecer. Inventarse cada día la vida con ilusión.

Nota: Trabajar sin descanso y siempre en democracia. A Dios le dejo todo, él deparará la decisión correcta. Que afortunado he sido al contar con la amistad de Inés Elvira, Bernardo, Iván Tadeo, Martica Rodriguez, Iván López, a la Asociación Únete por Colombia, y tantos otros grandes seres humanos que han hecho un gran año este 2017, desde lo más profundo de mi corazón, gracias mil.

@josiasfiesco

 

 

 

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