Perú está eligiendo desde el domingo 12 de abril su noveno presidente en diez años. Al filo de la media noche la incógnita no tenía solución. A esa hora lo cierto era el sondeo en boca de urna realizado por Ipsos y Datum que puso a Keiko Fujimori (Fuerza Popular) en primer lugar con el 16,5% de los sufragios. Su rival para la segunda vuelta era aún más difícil de dilucidar por el empate técnico entre Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) de la línea del expresidente Pedro Castillo, en el segundo lugar con 12,1 %, escoltado de cerca por Ricardo Belmont (Cívico Obras) octogenario conductor de televisión y exalcalde de Lima con 11,8%, Rafael López Aliaga (Renovación Popular) de ultraderechista dos veces alcalde de Lima con 11% y Jorge Nieto (Buen Gobierno) con 10,7 %.
La hija de Alberto Fujimori está dando un gran paso en su aspiración de llegar al palacio Quemado después de tres intentos fallidos, y es claro que ha aprovechado la inestabilidad política para ir adelante. Perú padece un ciclo crónico de inestabilidad desde 2016. Desde entonces, ningún presidente ha concluido su mandato y sus relevos han sido vicepresidentes de bajo peso político y miembros del Parlamento muy cuestionados.

Keiko Fujimori, a sus 50 años, siempre ha estado en la primera línea de la política. En 2010 fundó el partido que preside, Fuerza Popular y. como hija mayor del entonces presidente, llegó a ser primera dama del Perú de 1994 a 2000 en sustitución de su madre, Susana Higuchi, cuando se divorciaron sus padres, ambos descendientes de inmigrantes japoneses.
Fue congresista entre 2006 y 2011 y su partido es el más fuerte e influyente del Parlamento, ha marcado la agenda política, judicial y constitucional del país y sus detractores dicen que es responsable de la inestabilid política.
Por un margen muy estrecho, se quedó a las puertas de la Presidencia en las segundas vueltas electorales de 2011, frente a Ollanta Humala; 2016, ante Pedro Pablo Kuczynski y, por última vez, en 2021 con Pedro Castillo como adversario.
En defensa del padre
Su carrera ha estado marcada por la defensa a ultranza de la polémica gestión de su padre y por las investigaciones por corrupción. Estuvo en prisión preventiva en tres oportunidades sumando 16 meses y medio, entre 2018 e inicios de 2020, por presunto lavado de dinero en sus campañas electorales. Finalmente el Tribunal Constitucional ordenó archivar su juicio-
Con una campaña bajo el signo de la inseguridad, Fujimori apeló a la gestión de su padre a principios de los 90 para defender su propio modelo que resume en orden, firmeza y unión del pueblo peruano que logró derrotar al terrorismo, estabilizar la economía y sentar las bases del crecimiento- Eso dijo en su programa electoral.
Con este tema de campaña está en segunda vuelta, sin entrar de fondo a la parte económica, porque a pesar del caos político, Perú mantiene una de las economías más estables de la región. Ahora la hija Alberto Fujimori espera el rival a enfrentar el domingo 7 de junio, en la segunda vuelta-
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