Opinión

Jugando con el Pato Donald

El mismo presidente del Imperio, don Donald Trump, tomó a Andrés de la mano y pasaban los minutos y no la soltaba…

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Abril 21, 2017
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Jugando con el Pato Donald

No recordaba que la sede de la ONU fuera tan gigantesca, había al menos tres mil personas gritando como dementes, agitando banderas de la paz y exigiendo libertad en Colombia.

Cuando Andrés oyó su propio nombre, se levantó con cautela, tocó el hombro de su colega Álvaro quien jamás comprendió por qué carambas invitan a hablar a este tarado en vez de la sangre pura del radicalismo, pero para ser condescendiente y sin ánimos de armar broncas le dirigió su peculiar sonrisa.

Treinta y ocho minutos duró su discurso, habló de cadenas y grilletes, y al mundo le quedó claro la penosa situación que se vive en ese país en desarrollo. Y fue interrumpido varias veces por los delegados de varios países, solidarizándose con la causa y la historia del mundo recordará por siempre al líder de Chechenia, quien sin atender solemnidades, subió a la mesa principal y condecoró a Andrés con una medalla muy bonita.

 

Y rompiendo el protocolo,
el mismo Donald informó al mundo de la reunión
que en el Despacho Oval tendría esa misma tarde

 

Tres minutos eternos estuvieron los líderes mundiales aplaudiendo sin cesar tan magnas palabras por la libertad y nada menos ni nada más que el mismo presidente del Imperio, don Donald Trump, le tomó de la mano y pasaban los minutos y no la soltaba. Y rompiendo el protocolo, el mismo Donald informó al mundo de la reunión que en el Despacho Oval tendría esa misma tarde con estos dos valientes y guerreros líderes que nos acompañan en el breve descanso que le han dado a sus apretadas agendas.

Las pantallas de la cadena Fox transmitían y retransmitían el discurso de Andrés y fue lúcido en la entrevista que se le hizo.

Y Álvaro detrás, siempre, como el niño castigado.

Pero ya, cuando estaba moviéndose demasiado en la cama y se había robado todas las cobijas, sudando y jadeando de placer, su mujer no tuvo salida diferente a despertarlo, que cariño, que estás delirando, le dijo, y Andrés ya despierto no tuvo remedio diferente a recordar aquel mágico momento en que compartió urinario con el big Donald Trump, quién mientras se levantaba la cremallera lo había mirado con un muy lejano agrado.

 

Y hablando de…

Y hablando de alucinaciones, resulta inquietante el mundo de hoy, pendiente de cómo amanezca el mismo Trump, el desconocido de Corea del Norte o el bien definido Putin.

Tres dementes que deciden mucho.

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