Juan Pablo, el hijo de Pablo Escobar, da conferencias motivacionales con la historia de su padre

Con la charla "Pablo Escobar una historia que no se debe repetir" el hijo del Capo ha llenado auditorios en todo México. Su gira se extiende por toda Centroamérica

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septiembre 23, 2017
Juan Pablo, el hijo de Pablo Escobar, da conferencias motivacionales con la historia de su padre
Fotos: ElUniversal - AP Fernando Vergara / Semana.com - Familia Marroquín Santos

-Tengo que colgar, acá está pasando algo.

Esa frase fue lo último que le escuchó decir a su padre. Era el mediodía del 2 de diciembre de 1993 y el bloque de búsqueda irrumpía la casa del barrio El Estado de Medellín en donde se escondió durante cinco semanas Pablo Escobar Gaviria. Juan Pablo Escobar tenía 16 años y la rabia a flor de piel. Aunque era el hijo del hombre más rico del mundo no tenía derecho ni siquiera a estudiar en un colegio como un joven normal. Los días felices habían quedado atrás. Ya habían perdido los lagos llenos de hipopótamos y las esplendorosas piscinas de la Hacienda Nápoles o los viajes a Estados Unidos que alcanzó a hacer con su papá cuando era un niño y del que no le queda más recuerdo que el que quedó cristalizado para siempre en esa foto mirando la casa blanca donde vivía el presidente Jimmy Carter.

Durante diez minutos Juan Pablo Escobar intentó llamar pero el teléfono ya era un hueco negro y silencioso. Un día antes, el 1 de diciembre, su papá acababa de cumplir cuarenta y cuatro años. El Cartel de Medellín, la poderosa estructura que había creado, estaba completamente resquebrajada. Escobar, después de su huida de la Catedral, se sentía acorralado, amargado, frustrado. Quería a como diera lugar llegar a un acuerdo con el gobierno Gaviria quien tenía un solo objetivo: matar al capo. Pablo Escobar buscaba contactarse con las Farc y perderse en la selva. Necesitaba ganar tiempo. Por eso, entre la noche del 1 de diciembre y el mediodía del 2, Pablo Escobar se comunicó una y otra vez con la única persona que confiaba, su hijo. Había sido imprudente. Afuera, en las calles del occidente de Medellín, el Bloque de Búsqueda lo ubicaba desde un satélite.

Los peores temores de Juan Pablo se hicieron realidad cuando encendió el televisor y vio como la policía bajaba en camilla el cuerpo abaleado de su padre. La primera reacción fue de rabia. Juró que iba a crecer y se iba a vengar. Estaba dispuesto a ser la versión 2.0 de Pablo Escobar. Veinticuatro años después el hijo del hombre más malo de Colombia no tiene rencores con nadie. Vive tranquilo en una casa en Tigre, una localidad surcada por los canales del Paraná en las afueras de Buenos Aires. Estudió arquitectura y esquivó como pudo no solo la tenaz persecución de la policía sino también la de la prensa. En el periplo que vivió con su mamá y su hermana recién mataron a su padre estuvieron en Ecuador, Brasil y Suráfrica pero nadie los quería, el único país que los recibió fue Mozambique. Las joyas, las obras de arte y el dinero constante y sonante fueron argumentos más que convincentes para seducir a los funcionarios corruptos de ese país. Les dieron una casa que olía a mierda estancada. En esa época, cuando tenía 20 años, pensó ahorcarse con su cinturón. Cuando cambiaron el apellido a Marroquín, y consiguieron asilo en Argentina, todo empezó a cambiar.

Juan Pablo se ha reunido con los hijos de Lara Bonilla y Luis Carlos Galán y ha perdido perdón por los pecados de su padre. Juan Pablo no ha protagonizado ningún escándalo y, ahora, a sus 42 años, es capaz de llenar las 1.500 butacas de un teatro en Guadalajara con la conferencia motivacional “Pablo Escobar una historia para no repetir" que da desde el año 2014 y en donde habla de la experiencia de haber sido el hijo del hombre más buscado del mundo. Sus conferencias, que se extendieron por todo México entre el 2016 y el 2017 empiezan de la siguiente manera:

Yo no podía cambiar a mi padre. Yo nací hijo de Pablo Escobar y él era bandido. Dentro de la casa nunca abandonó su verdadero rol como padre y lo cumplió a cabalidad. Él eligió ser un narcotraficante y toda su vida se encaminó exclusivamente a ello. Era un padre responsable en cuanto a los cuidados, afectos y educación de sus hijos, pero fuera de casa fue el delincuente más poderoso del siglo XX.

No cobra un peso por contarle a la gente que la plata no es todo poniendo el mejor ejemplo: el día en el que, atrapados en el cerco del ejército, Escobar quemó dos millones de dólares en una fogata para no morirse de frío. La gente sale contenta de las charlas motivaciones que por ahora solo se extenderán por toda Centroamérica y no llegarán a Colombia. Acá las heridas aún no se han cerrado completamente.

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