¿Jóvenes asistirán a conversaciones en La Habana?

Con cien mil firmas,los estudiantes piden ser escuchados en la isla.

Por: Juan Jose Lourido
septiembre 02, 2014
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¿Jóvenes asistirán a conversaciones en La Habana?
“Los jóvenes han sido víctimas y victimarios, deben estar en la mesa” Josías Fiesco.
 
Una audiencia dedicada a la juventud colombiana, durante los diálogos  que adelantan  el  gobierno  nacional y las Farc en la Habana, impulsan líderes en las diferentes universidades del país.
 
Y es que sobre esta iniciativa que ya ha recogido el 80% de las cien mil firmas propuestas como respaldo cívico, se abre paso en el acontecer nacional sumando el apoyo de profesores y ciudadanos del común,  quienes comparten el argumento central que promueve: una representación joven en La Habana, pues han sido un actor transversal de la guerra en Colombia, es decir, víctimas y victimarios, por lo que deben estar en la mesa.
 
El columnista Josías Fiesco, al frente de esta apuesta, afirma que “ no definir el camino para los seis mil jovenes que hoy hacen parte de las  FARC es un limbo que urge resolver al gobierno, pues quienes solo conocen las armas y el combate,  en el actual panorama no irían al SENA  ni a COLDEPORTES, de forma clara esto es la vía libre para ingresar a las Bandas Criminales (Bacrim) y estaríamos en un escenario peor que estos cincuenta años ya vividos”
 
¿Qué hará Colombia con unas Bacrim fortalecidas con quienes eran miembros de las FARC? ¿A qué se refería el Presidente Santos en su discurso el 7 de agosto sobre el SENA como la joya de la  corona si allá no irán?  
 
El país está hoy solo en manos de campañas publicitarias del programa de Atención Humanitaria al Desmovilizado  del Ministerio de la Defensa, para que  los guerrilleros se abstengan de reclutar, se desmovilicen y entreguen información una estrategia que con un posible acuerdo se quedaría atrás de la realidad.
 
El equipo conformado por Jorge Camargo y Juan Guillermo Rodríguez encargados de la recolección de firmas en el país, German Almanza en las Universidades, Andrés Madriñán Coordinador del sur occidente, Shirly Gordillo en comunicaciones, Laura Zacour para la región caribe y en  Antioquia Santiago Mejía, coinciden que “la juventud en los diálogos de la Habana no puede ser un tema vedado, ni un tema menor, la lista no puede continuar incluyendo nuevas familias sin hijos por secuestro o siendo secuestrador, hay que ponerle fin a los testimonios que relatan desde la otra Colombia, la rural, aquellos que dan fé cómo llegan guerrilleros hasta veredas remotas sin que esto logre la atención del gobierno”.
 
Varios jóvenes que han desertado de las filas guerrilleras cuentan las estrategias como ellos y otros compañeros ingresaron al grupo insurgente, que no dudan en describir como el desperdicio de su juventud. Son 3 ó 4 guerrilleros por grupo. En ocasiones visten el camuflado, llevan los rifles terciados y los brazaletes que los identifican como miembros de la guerrilla. A veces, llegan de civil. Saludan a los dueños de la casa, como si los conocieran de toda la vida. Conversan un rato, les ayudan a lavar la loza o a hacer el almuerzo. Mientras tanto, ellos hablan de la debilidad del Estado, de que ellos son la autoridad y que están allí para protegerlos. Los convencen. Su intención: conocer las familias y lograr su simpatía. Su objetivo: identificar a sus potenciales combatientes. Su meta final: reclutar. 
Esta escena se repite en los corregimientos más apartados del Vaupés, en el sur del Cauca, en algunas esquinas del Meta y en los rincones de Guainía, donde la batalla es con plomo y metralla. En las retaguardias de los diferentes frentes, donde están sus hospitales, a donde no llega el Ejército y donde no se combate, también hay un buen número de reclutas que se preparan para la guerra: el Catatumbo, el oriente de Arauca, el oriente antioqueño y algunos puntos del Chocó. 

Terminan la visita y regresan a las dos semanas. Pasan, echan un vitazo, saludan y piden favores: que les traigan arroz del pueblo, o carne, granos y que de paso miren cuántos policías y militares hay en la zona. Se van y regresan al mes, cuando la confianza y la coquetería con las hijas es historia y cuando los adolescentes hombres ya han dado serias muestras de quererse enlistar. Miran qué muchachos son aptos físicamente para pelear. No sobra embarazar a una jovencita para convertirla en su compañía y volverla ranchera de algún campamento. Les hacen una invitación explícita para pelear y, finalmente, se los llevan. 


Las FARC  también trabajan en las universidades, en los barrios marginales y en las ciudades intermedias. Allí es donde encuentran a sus milicias, que le sirven para hacer inteligencia y mantener el control en las urbes. “En el caso de las Farc, el joven podría ingresar a las milicias populares o a las bolivarianas; la principal diferencia entre ambas reside en el grado de compromiso que asumen. Las milicias bolivarianas tienen una mayor formación política y militar, y por tiempos comparten la vida guerrillera, en tanto las milicias populares tienen un carácter más temporal”, aclara el Informe de Desarrollo Humano “Callejón con salida 2013”, que en uno de sus capítulos habla sobre el reclutamiento de los grupos ilegales en el sur del país. 


“El reclutamiento forzoso no es tan común, porque si el muchacho va a las malas, seguro va a ser un mal guerrillero y al que castigan es al reclutador. La mayoría de los muchachos piden incorporarse por voluntad propia, porque quieren un fusil para sentir poder. Al comienzo, las Farc lo consienten a uno mucho, dejan que uno se levante tarde y se acueste tarde. Durante tres meses permanece en las escuelas de entrenamiento y después viene lo duro porque toca montar guardia. Y después, combatir”, dice una desmovilizada de las Farc que permaneció durante siete años en la insurgencia. 


Aunque nadie sabe con precisión la cifra exacta de cuántos guerrilleros se reclutan en un mes o en un año, sí se sabe que estos son los lugares donde más guerreros se necesitan. Estas regiones, donde escasean los servicios públicos, la salud, la educación y el trabajo, son las más vulnerables. La debilidad de las instituciones del Estado o su presencia mínima (a pesar de ser eje de operaciones como el Plan Patriota que busca desmantelar las estructuras más importantes de las Farc) son el punto más débil para darle paso al  reclutamiento de las Farc. 


Esta situación coincide con un informe de la Defensoría del Pueblo que en 2012 precisó las zonas de donde provenían los niños y niñas desvinculados de los grupos ilegales. A la cabeza estaban Meta, Putumayo, Tolima, Cauca, Norte de Santander y Nariño. “Los municipios cercados o aislados por el conflicto reportan mayores índices de reclutamiento, más específicamente se reporta en sesenta municipios y veredas ubicadas en su mayoría en la zona rural, pertenecientes a 20 departamentos del país”, dice el estudio. 

Con la Defensoría del Pueblo coincide inteligencia militar: cerca del 90 por ciento de los reclutamientos tiene lugar en zonas rurales. Además, departamentos como Guainía, Cauca, Vaupés, Caquetá, Meta, Atlántico y algunas zonas del eje cafetero son las predilectas de los subversivos para incorporar a sus filas jóvenes y niños, ojalá entre 14 y 25 años. 


En términos geográficos, hoy la tendencia al reclutamiento en estas zonas no ha cambiado mucho. Hasta el 2012 según fuentes del Ministerio Publico, más del 55 por ciento fue reclutamiento de las Farc y el resto de las AUC. 
 
“un “cara a cara” entre los jóvenes del país y las dos partes de la guerra en Colombia podrá definir los compromisos que el país espera frente a sus reales protagonistas de firmarse un acuerdo, la juventud colombiana. Pues de continuar  en el tintero el futuro de quienes aceptarían la apuesta por la paz del Presidente Santos y se chocarían frente a una realidad sin oportunidades, representa un pulso por la dignidad de las nuevas generaciones de colombianos,  que  la historia no perdonará perder.  
 
¿Deben ser escuchados los jóvenes en La Habana? Ustedes dirán.

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