Iván Duque, el mejor 2×1 de la historia

“Tenemos en un mismo empaque dos candidatos: el joven-viejo, el inexperto-experimentado, el impoluto-acusado sub júdice”

Por: Juan Morales
Junio 14, 2018
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Iván Duque, el mejor 2×1 de la historia
Foto: Twitter @IvanDuque

Un uribista de vieja data me escribía el otro día: “Iván Duque es el ganador seguro, los colombianos son gente que no deja pasar una oferta y Duque es un gangazo: dos presidentes por el precio de uno… ¡El mejor 2×1 de la historia!”.

Y he aquí el gran dilema de esta campaña, se presenta el Sr. Iván Duque como un rostro joven, “impoluto”, una renovación política de la derecha colombiana, con su economía naranja en vez de la loca de las naranjas, con sus malabares futbolísticos en vez de los hilarantes pasos de baile de “Zurriaga”.

Pero la verdad es que estamos ante un candidato-producto creado por publicistas y expertos de marketing político para seducir al electorado con su rostro joven y sus canas falsas. Como saben que el antiuribismo es mayoría en Colombia, los publicistas de Uribe crearon un candidato-pantalla, un candidato-cortina que está ahí para tapar la realidad: el verdadero candidato es Álvaro Uribe. Duque es solo una mascara, su candidatura una estrategia creada por especialistas de marketing y asesores de imagen. La campaña Duque es una copia de la estrategia de la derecha española con Ciudadanos y Albert Rivera: darle una cara bella y joven a la caduca y rancia derecha. Tuvieron incluso el descaro de copiar abiertamente un famoso comercial de Rivera en el cual le escribía una carta a su hija. Igualmente, han tomado el color naranja que identifica al partido español como color principal de la campaña de Duque.

Los publicistas y asesores de imagen saben que los uribistas “pura sangre” votan por el que diga Uribe sin importar que el ala más extremista del uribismo lo haya calificado de santista o lo consideren blando.

Por otra parte, saben que no basta con el uribismo puro para llegar a la presidencia, hay que jalar el voto de sectores conservadores y de centro, así como de los jóvenes. Ahí está la clave de su campaña. No es solo el absurdo invento del castrochavismo, que solo cala en sectores con escasa educación o paradójicamente en un sector de la clase alta que contra toda evidencia cree que le van a expropiar la acción del club y el apartamento en Miami; es principalmente la dualidad del candidato, la hábil construcción de un candidato-producto diseñado para dejar con la conciencia tranquila al uribista extremo, al uribista moderado y al votante conservador o de centro que quiere “salvar al país de volverse otra Venezuela”.

Así tenemos un candidato que es Uribe pero no lo es, que es de extrema derecha pero moderado, que es de talante conservador y reaccionario pero a la vez representa la renovación y la juventud, que no tiene procesos por corrupción (exceptuando su viaje de vacaciones con Zuluaga a recibir los millones de Odebrecht) pero está rodeado de todos los corruptos del país. Una contradicción plena que nadie parece ver.

Así tenemos en un mismo empaque dos candidatos: el joven-viejo, el inexperto-experimentado, el impoluto-acusado sub júdice: Iván Uribe, el buen muchacho que regirá los destinos de esta vapuleada nación.

El candidato Iván Uribe recuerda el Jano Bifronte de la mitología romana, esa imagen con dos rostros, uno que mira al pasado y otro que mira al futuro, el que preside las puertas, los comienzos, las transiciones y los finales, el que mira hacia la luz y hacia las tinieblas. En tiempos más recientes Jano ha sido imagen literaria de la hipocresía, la ambivalencia y el engaño.

El candidato doble recuerda otra poderosa imagen literaria, la creada por Stevenson en El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, un relato basado en el trastorno disociativo de la identidad que sufre el Dr. Henry Jekyll, que a la vez es el misántropo Edward Hyde. Así tenemos al candidato Uribe-Hyde que quiere tumbar a patadas a las altas cortes para asegurar su impunidad en los cientos de casos que le siguen, mientras Iván Jekyll llama “moderadamente” a una reforma concertada para igualmente derrocar a las cortes pero dándoles a los togados a cambio algo que no sabemos que es, ya que no sabemos que es lo que se negocia en las reuniones del candidato con algunos magistrados. Ahí está pues el candidato que dice que van a “defender la legalidad“, pero a la vez propone lo que en cualquier democracia avanzada sería considerado un golpe de estado: derrocar a uno de los tres pilares del estado de derecho con el mezquino interés de asegurar la impunidad de un solo ciudadano.

El candidato sabe que su esencia es la contradicción, lo reafirma cuando nos dice que él no es “un pollo”, sino que en realidad es “un gallo joven” , sigue por la misma línea cuando afirma con entusiasmo juvenil que sí “podemos combatir la corrupción“, pero se rodea de un verdadero equipo de estrellas de la corruptela política nacional como el convicto Ramiro Suárez, la Gata y un ramillete selecto de parapoliticos, Kiko Gomez, y otros dignos representantes de las casas regionales de la parapolitica.

El candidato Iván dice que respeta a la comunidad LGBTI y sus derechos adquiridos, pero el candidato Uribe les llama sin despeinarse “no-heterosexuales“, un término ofensivo que instrumentaliza a la comunidad para usarla con fines políticos. Iván con sonrisa amable le garantiza al periodismo que respetará la libertad de prensa, mientras Uribe agriamente anuncia que su primer acto en el poder será cerrar la concesión del Canal Uno y amenaza a Daniel Coronell con cerrar Noticias Uno.

En uno de sus vídeos promocionales el rozagante Iván nos dice que “Ser complaciente con el narcotráfico, también es corrupción.” Mientras al mismo tiempo el departamento de estado de los Estados Unidos desclasifica una serie de cables en los cuales se acusa a Uribe de haber pertenecido al Cartel de Medellín y de haber financiado sus campañas al senado con dineros del clan Ochoa, escándalo que recuerda la aparición del informe de la Defense Intelligence Agency de los EE.UU., en la cual se lo incluía como el número 82 de una lista de personajes relacionados con el Cartel de Medellín. Igualmente, se destapa que en sus años mozos Uribe vendió un apartamento en Bogotá a un miembro del clan Ochoa (apartamento que en principio era de José Roberto Arango, presidente del canal RCN y propietario de la encuestadora Datexco). Todo esto, como es de conocimiento público, aunado al hecho de que Uribe es pariente del clan Ochoa por línea materna, parentesco del cual se sentía orgulloso el patriarca del clan Don Fabio, que en su libro Mi vida en el mundo de los caballos deja ver el especial cariño que sentía por Alberto Uribe y por su hijo “Varito”, de quien decía ya por esa época que tenía “talla presidencial”.

El candidato Iván se presenta como un “outsider” en el uribismo una persona que no ha hecho parte de los gobiernos de Uribe y que no tiene acusaciones por corrupción, en fin, un candidato inmaculado, sin señalamientos, mientras que su alter ego Uribe tiene un prontuario de acusaciones que van de lazos con la mafia y los paramilitares, expuestos con detalle por Daniel Mendoza en reciente articulo para La Nueva Prensa, a todos los escándalos por corrupción en su gobierno.

Tan contradictorio es el candidato Iván Uribe que no ha tenido recato en construir una coalición con sus más enconados contradictores. Comenzó por el expresidente Pastrana, quien hace algún tiempo había denunciado vehementemente las conexiones de Uribe con los paramilitares y la mafia para luego aliarse con la ex-fiscal Morales a la cual había acusado de corrupta cuando enjuició a varios de sus alfiles.

Caso aparte es el del expresidente César Gaviria que con sus recientes decisiones le ha dado un entierro de quinta al otrora glorioso Partido Liberal y ha provocado una desbandada de todos los liberales de corazón y de los jóvenes que se han unido a Petro.

Este César Gaviria, el mismo que decía que Uribe dirigía un aparato organizado de poder dedicado, exclusivamente, a actividades delictivas; el mismo que decía en la campaña Santos 2014 que Uribe era un corrupto y un mentiroso y lo más grave de todo, el César Gaviria que afirmaba, refiriéndose a Uribe, que entre el infame grupo sicarial de los Pepes había “cuatro o cinco amigos íntimos de él”. A la vez que le recordaba que “Él —Uribe—no tiene mucha autoridad, él se crió entre esa gente, entre esos ‘Pepes’ y esos narcos de Medellín. No creo que esa discusión vale la pena”. Para cerrar con broche de oro al afirmar —dos años antes de que se hicieran públicos los cables del Departamento de Estado de EE.UU.— que: “Yo nunca he querido sacar esos argumentos, no sé si se disfruta que se los saque. El propio Departamento de Estado dice que el senador Álvaro Uribe hacía parte, en 1991, del Cartel de Medellín. Yo nunca he querido sacar eso, pero si él quiere sacar esas discusiones, con mucho gusto”; este es el mismo César Gaviria que al día de hoy y sin sonrojarse siquiera se abraza con Uribe y nos dice que Iván “siempre ha sido liberal”.

¡Hágame el favor! ¿Esto qué quiere decir? ¿Cómo interpretar que el presidente que lideró la guerra del Estado contra Pablo Escobar hoy se coja de la mano con un rival político del cual afirmaba que era parte del Cartel de Medellín? ¿Qué presentación tiene esto? ¿Qué significa que Gaviria entre de rodillas a la campaña de Duque? ¿Perdimos la guerra contra el narcotráfico? O algo mas elemental: ¿el señor Gaviria carece de principios? Corre el rumor de que la razón de fondo es proteger a su hijo de un proceso por Odebrecht.

Así pues, y a escasos días de una elección histórica, el establecimiento al sentir una amenaza real a su usufructo del estado por parte del movimiento ciudadano que representa Gustavo Petro, se ha unido en una sola candidatura olvidando todas sus diferencias y principios —si es que alguna vez los han tenido— y han creado todo un Frankenstein político. Ya no es el candidato doble, el 2×1, ahora es un monstruo de 3 cabezas, los tres expresidentes que han tomado posesión del cuerpo del “gallo joven” y se han unido para salvar a la patria de las ficciones que ellos mismos han inventado.

El engendro que han creado recuerda al mitológico Cancerbero, el monstruo de tres cabezas y cola de serpiente que custodiaba las puertas del infierno para no dejar salir de allí a los condenados. Así estamos los colombianos, prisioneros de una vieja, corrupta y criminal clase política que nos tiene condenados a este infierno de atraso y de corrupción en el que vivimos.

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