Irracionalidad y oportunismo comunista en la pandemia

"No se puede tomar de chivo expiatorio a un gobierno democrático, aunque tenga falencias, ya que todo es culpa de China y su marxismo"

Por: Ariel Peña González
mayo 12, 2020
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Irracionalidad y oportunismo comunista en la pandemia
Foto: Pixabay

Como si la tragedia del COVID-19 fuera un mal únicamente de Colombia, el oportunismo y la irracionalidad de la mamertería local no se han hecho esperar, siguiendo la dogmática leninista acerca de que las masas deben sufrir lo indecible para que haya una “situación revolucionaria". Sin embargo, olvidan de manera aleve que el coronavirus no nació en el país, por lo que el gobierno nacional nada tiene que ver en el asunto, sino que la plaga se originó y propagó desde China (con la responsabilidad del partido comunista), siendo víctimas prácticamente todas las naciones del mundo.

Entonces, lo que hace cualquier gobierno democrático es enfrentar el desafío ante un enfermedad desconocida, poniéndole la cara al país con la verdad. No obstante, los seguidores del marxismo, que por principio son inescrupulosos, poco les importa la situación de las personas en semejante crisis sanitaria, ya que lo que les interesa es el poder, así tengan que gobernar en el averno. Humanamente habría que respaldar las medidas que se tomen en defensa de la salud, así no se esté de acuerdo con el ejecutivo, porque más importante que la política es la vida. Claro que al comunismo poco le interesa eso, ya que es la organización que con sus diferentes denominaciones ha cometido más genocidios en la historia, todo por el “placer de mandar”, parafraseando a Rousseau.

No hay que al olvidar que al marxismo le atrae la miseria y el sufrimiento de las masas como condición necesaria para que los planes estatistas de esa doctrina totalitaria se cumplan, como muy bien lo denunció Mijaíl Bakunin en la Primera Internacional de los Trabajadores en el siglo XIX. De ahí que los que dirigen las diferentes sectas comunistas esperan que la población se empobrezca aún más en la pospandemia para llevar a cabo su estrategia de la toma del poder y en este caso conducir a Colombia a una esclavitud política. Por ello siempre hay que condenar la irracionalidad del comunismo que contradice las enseñanzas humanistas.

El 14 de septiembre de 1998, el papa San Juan Pablo II promulgó la encíclica Fides et ratio (Fe y razón), en donde expresa: “La fe y la razón son como dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”. Así queda evidenciado que el cristianismo católico a través de los valores, la lógica y la ética no considera a la fe como una pasión desenfrenada u obsesión neurótica, sino que cree que ella exige inteligencia, prudencia y sobriedad para alcanzar objetivos nobles, humanistas y espirituales.

De verdad, es increíble que el cristianismo católico, considerado por muchos como oscurantista y dogmático, exponga en esa encíclica con meridiana claridad cómo la fe debe ser sustentada en la razón y la lógica, mientras que la fauna marxista sigue insistiendo en la brutalidad, el salvajismo y la bestialidad, eso sí cambiando únicamente de máscara para continuar con la violencia y la mentira. Por ello es indiscutible que la razón fundamentada en la realidad y la verdad prevalecen ante las acechanzas del comunismo totalitario, resaltando además que la razón siempre va de la mano de la verdad, siendo la savia de la civilización occidental, cristiana y liberal.

En consecuencia, se puede decir que la bestialidad marxista, cuya doctrina es seguida también por bandas armadas en Colombia, se fundamenta en la completa insensatez. De hecho, desde que apareció el manifiesto comunista en 1848 se sublimó a la violencia, la cual según esa deformidad hay que practicar porque otros la han utilizada en el pasado, invitando a los seguidores de esa corriente pérfida a asumir el salvajismo, en donde la razón desaparece, como se observa en la actualidad con el COVID-19.

Ahora bien, recordemos que Antonio Gramsci, comunista italiano (1891-1937), le hacía alabanzas a la irracionalidad, despreciando la lógica y la moral para afirmar que no se necesita de la razón, sino que lo importante es ganarse mediante el engaño a los sectores más ignorantes y atrasados de la sociedad para conquistar el poder y perpetuarse en él; de la misma manera que lo hacía algún tiempo el cura brasileño Frei Betto, quien representa a la teología de la liberación.

Los marxistas ante su desnudez teórica para dar el debate en defensa de sus dogmas fundamentados en la sinrazón buscan acudir al argentino Ernesto Laclau (1935-2014), considerado un posmarxista, para tener un nuevo disfraz. Así toman una supuesta democracia radical basada en el hegemonismo de la cúpula marxista, en donde la opresión en contra de las masas sigue siendo la premisa fundamental, pero mencionando un pluralismo agonístico, teniendo siempre como estrategia el socialismo. O sea que eso continúa siendo el mismo veneno con diferente etiqueta (en la presente situación, por ejemplo, usando vilmente la desgracia del COVID-19).

Se sabe que ningún país en el mundo estaba preparado para enfrentar el virus chino, por ello quedaron colapsados los sistemas de salud en varias naciones con millones de contagiados, de los cuales han fallecido un número cercano a los 300 mil; pero por eso no se puede tomar de chivo expiatorio a un gobierno democrático, aunque tenga falencias, por las circunstancias difíciles en que se desarrolla la peste. No obstante, curiosamente de forma oportunista los que más atacan al gobierno colombiano por las medidas que ha tomado ante la pandemia son los que abrazan al marxismo, el cual es seguido por el partido comunista chino, único responsable de la catástrofe sanitaria que estamos viviendo en el planeta, por lo que a los mamertos les debería dar vergüenza abrir la boca para criticar las medidas que se toman desde la Casa de Nariño.

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