Pese a los señalamientos de manipulación de la información, Grok, la inteligencia artificial de X, confirma que el General Wesley Clark, excomandante supremo aliado de la OTAN en Europa, reveló en 2007 que había conocido en el Pentágono, poco después de los atentados del 11 de septiembre, los planes militares para desatar guerras contra siete países en los años siguientes: Iraq, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán, y, finalmente, Irán.
Por su parte, el profesor Jeffrey Sachs, profesor emérito de la Universidad de Columbia y exasesor económico de Naciones Unidas, expone abiertamente, en múltiples foros académicos que pueden consultarse en Youtube, que existe una alianza entre los Estados Unidos e Israel, mediante la cual pretenden que este último se convierta en el único poder del oriente medio, destruyendo cualquier gobierno o país de la región que se les oponga.
Los hechos cumplidos dan cuenta de que lo revelado por el general Clark y lo expuesto por el profesor Sachs, entre otros muchos, son cosas completamente ciertas. Lo vivimos actualmente con la guerra emprendida por esos dos países contra la República Islámica de Irán, en la que no han disimulado sus objetivos. De hecho, el asesinato del Ayatola Khamenei, su familia y buena parte del alto mando militar iraní lo demuestra.
Pretextos no han faltado nunca para la agresión, la destrucción y el genocidio. Palestina es el mejor ejemplo. Israel y los Estados Unidos ostentan un poderoso monopolio informativo en Occidente, que les permite repetir incesantemente sus acusaciones, hasta conseguir posicionarlas como verdades indiscutibles. Su propaganda demoledora habla de armas de destrucción masiva, terroristas, dictaduras oprobiosas, narcotraficantes.
Según ellos, Irán está a punto de conseguir su primera arma nuclear, algo que el primer ministro israelí lleva denunciando treinta años, asegurando siempre que la república islámica está a un mes o solo semanas de alcanzar ese propósito. El mismo estilo de Trump, quien afirmó en junio del año anterior, tras sus bombardeos contra Irán, que habían aniquilado completamente su proyecto de armas nucleares. Pese a lo cual asegura hoy que su objetivo es destruirlo.
A eso le agregan que el régimen político y religioso de Irán tiene un carácter totalitario, que persigue los derechos de las mujeres y asesina en masa a los opositores políticos. De hecho, Trump inventó el número de 32.000 víctimas del régimen en enero pasado, número que en los medios internacionales ya ha crecido a 50.000 y más. Ocultan que impusieron hace años gravísimas sanciones económicas a Irán, a fin de arruinar su economía y generar protestas internas.
Protestas que una vez aparecieron a finales del año pasado, fueron aprovechadas por la CIA y el Mosad para infiltrar en ellas grupos de choque, armados y dispuestos a todo a cambio de dinero, atacando y decapitando autoridades y civiles. Igual hicieron durante años en Venezuela, atribuyendo las muertes a lo que llaman represalias del régimen. Hoy los desmienten las gigantescas multitudes de iraníes que lloran a su líder y condenan indignados a los Estados Unidos e Israel.
Las mayorías aplastantes a favor de la revolución islámica son un fenómeno político, social y religioso de profundo arraigo en su sociedad. Muy propio de su historia y su cultura, lo cual pone de presente la demencia de la estrategia de Washington y Tel Aviv, al concebir que, con un sorpresivo bombardeo y el asesinato de parte importante de la cúpula gobernante y militar, el pueblo iraní saldría a derrocar su gobierno. Sólo consiguieron incendiar un polvorín.
La fuerza bruta, sin ninguna consideración legal, moral o religiosa pretende posicionarse como norma dominante
La maldad cabalga hoy desbocada en el mundo, como lo demuestran los hechos de Caracas el 3 de enero, el cerco inhumano contra Cuba y la salvaje arremetida en Irán. La fuerza bruta, sin ninguna consideración legal, moral o religiosa pretende posicionarse como norma dominante. No sorprende que quienes así obran, se hallen involucrados todos en el escándalo repugnante de abusos sexuales, crímenes y canibalismo contra menores encabezado por el señor Epstein.
Las peores lacras de la humanidad contemporánea se encuentran al frente de los perversos planes de dominación, saqueo y humillación de los pueblos, sin reparar en los riesgos de una inminente debacle mundial nuclear. Como lo expresó la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, la ONU ya no funciona, los presuntos salvadores de las mujeres bombardean colegios, al estilo Netanyahu, para masacrar niñas a fin de escarmentar con el terror.
María Corina regala su premio Nobel de Paz a Trump, del mismo modo que Abelardo de La Espriella, María Fernanda Cabal o Polo Polo, lo aplauden emocionados. Son los mismos. Siniestros personajes que detestan la paz y claman diariamente por la guerra, han hecho de la acusación calumniosa su método predilecto en política. Culpan a los demás de todo, mientras cargan a sus espaldas el rastro sangriento del paramilitarismo y el despojo.
No podemos permitirles volver nunca al poder, votemos en masa este 8 de marzo.
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