Integración en América Latina: ahora o nunca

¿Puede haber mayor necesidad de hacerlo que la que estamos viviendo actualmente?

Por: Claudia Bustos
julio 22, 2020
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Integración en América Latina: ahora o nunca

La necesidad nos conducirá por el camino de la integración

Uno de los grandes intelectuales e impulsores de la integración en América Latina fue el doctor Germánico Salgado, convencido de que en el espíritu de la integración residía gran parte de la solución a los problemas que enfrentaba la región, y quien ante los constantes altibajos en la consolidación de los proyectos de integración regional afirmaba que la necesidad nos llevaría finalmente a encontrar la senda de la integración.

Si tenemos en cuenta el contexto actual de la pandemia y los hechos previos que se presentaron en varios países de América Latina como las protestas del 2019, que fueron la antesala del COVID-19, podemos afirmar que estamos viviendo un período
de enormes convulsiones, calificado por expertos como la peor crisis de este siglo la cual ahondará los problemas que la región padece. Por ello, el momento de impulsar y fortalecer la integración regional además de afrontar los desafíos de manera colaborativa ha llegado. Construir y acordar soluciones comunes es en estos momentos, es una responsabilidad histórica que no puede permitir más desencuentros. Son muchos los retos cruciales en lo socioeducativo y económico que no dan espera.

Lo social y educativo

Los países socios de los diferentes procesos de integración abrumados durante más de cinco décadas por la negociación comercial, a fecha de hoy tienen asignaturas pendientes alejadas todavía de los intereses de las mayorías, es el caso del déficit social: temas como la creación de empleo, la educación y la salud continúan en una encrucijada cada día más difícil de resolver para superar la pobreza.

Según el informe sobre desarrollo humano del PNUD, América Latina encabeza la lista como región del mundo con mayor desigualdad de ingresos. “El 10% más rico en América Latina concentra una porción de los ingresos, mayor que en cualquier otra región (37%), mientras que el 40% más pobre recibe la menor parte (13%)”. Esta brecha supera incluso la de África subsahariana.

Esta desigualdad afecta entre otros a muchos jóvenes que ven un futuro muy incierto, sin horizonte ni posibilidades, ya que están excluidos de los procesos de desarrollo. La desigualdad también es racial. Los afrodescendientes o indígenas tienen más posibilidades de ser pobres y menos de concluir la escuela o lograr un trabajo formal que los blancos (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. PNUD. Informe sobre desarrollo humano: 2019).

Para muchos expertos la ola de protestas que recorrió países latinoamericanos durante el 2019 ha puesto en evidencia algunas de estas graves problemáticas y explican en parte las razones de fondo de estas. Un ejemplo que da cuenta de la magnitud de la desigualdad en gran parte de los países de América Latina lo plantea el economista Branko Milanovic, “los más ricos de Chile ganan como los más ricos de Alemania y los más pobres como los más pobres de Mongolia” (BBC Mundo: 8-06-2020). Eso significa que independientemente del desarrollo o crecimiento de los países, algunos problemas de fondo no han desaparecido. Además de la desigualdad de ingresos existe una alta desigualdad en la distribución de la riqueza. Lo que vemos, es la punta del iceberg que precipitó el descontento y los disturbios, las razones son más profundas y se remontan varias décadas atrás.

Otro problema adicional es el desplazamiento humano, como lo afirma la Organización Internacional para las Migraciones de las Naciones Unidas “América del Sur vive una de las mayores crisis de desplazados del mundo. A ello se suma el coronavirus” (UN. Org: 22-05-2020).

Ante este contexto tan difícil y complejo es crucial destacar la dimensión de la responsabilidad y sensibilidad social, especialmente en lo que refiere a la transparencia y prácticas de buen gobierno en la gestión pública, como elemento transversal para replantear y/o impulsar-fortalecer los procesos de integración regional en América Latina. Así como, para evitar que sigan creciendo y repitiéndose los mismos problemas en estos países, año tras año, en una espiral sin salida.

Todo lo anterior no será factible sin al menos, paliar la brecha tecnodigital, y conseguir el adecuado desarrollo de competencias digitales ciudadanas que posibilita el intensivo y extensivo uso de las herramientas web 2.0 par la inclusión y desarrollo social.

El tema educativo adquiere una dimensión de vital importancia en este proyecto, porque trasciende la sociedad en sus múltiples caras. Superar el analfabetismo, mejorar la calidad de la educación, permite construir sociedades con herramientas suficientes para entender, interpretar y transformar el mundo en el que vivimos. De tal manera que las desigualdades de oportunidades y las distancias entre la región iberoamericana y los países más desarrollados de la OCDE no siga creciendo (Marchesi Alvaro: 2009). La clave es no olvidar que la educación es además, un capital económico y cultural de incalculable valor para el desarrollo y bienestar de las naciones.

Es importante reimpulsar y cualificar el espectro de los protagonistas de la integración, y así, sumar mayor diversidad de actores sociales que participen activamente en la apropiación social y construcción de una cultura de la integración que fortalezca la participación ciudadana. Ello, exige gran voluntad política y un intenso trabajo de comunicación, formación y abordaje transdisciplinar de los problemas.

Lo económico

El escenario económico mundial y regional es muy oscuro. Por ello, las decisiones políticas en pro de la integración regional son claves y urgentes. De este modo la integración regional o subregional se presenta a día de hoy, una vez más, como una necesidad radicalmente impostergable para abordar la encrucijada actual.

Los recientes llamados de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, para hacer frente a la gran crisis acentuada por el COVID-19 sugieren igualmente revitalizar y consolidar los procesos de integración regional. “Los países de la región tienen capacidades productivas poco sofisticadas y fragmentadas a nivel regional, por lo que se requiere escalar las capacidades nacionales y regionales, principalmente en la producción y provisión de bienes de primera necesidad. Para ello es imperativo impulsar el comercio intrarregional” (NU Cepal. Informe especial COVID-19 No 2: 2020).

Las nuevas proyecciones económicas del documento de las Naciones Unidas concluyen que “América Latina y el Caribe sufrirán grandes impactos a raíz del COVID-19. Se prevé una contracción del PIB regional de -5,3% para 2020, la peor caída de la región desde la Gran Depresión de los años 1930 y la crisis de 1914. Mientras tanto las exportaciones regionales caerían alrededor del 15% este año. Ello supondría casi 12 millones más de desempleados en la región, sobre una masa laboral que tiene un 53% de informalidad. Por lo anterior, esto conllevará a un incremento de 30 millones de personas en situación de pobreza”.

Por lo pronto, además de los problemas ya mencionados, hay dos claves e inminentes temas que beneficiarían enormemente a la región, esto es poder negociar de manera conjunta y en bloque, por un lado, la condonación de la deuda pública externa con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; y de otra parte, hacer un frente común sobre el tema de la vacuna contra el COVID-19, para que no solo se pueda garantizar que llegue oportunamente a América Latina sino que tenga precios razonables y por suerte no sea otra barrera para la salud.

Sobre la deuda externa hay que recordar, como afirma el economista Franz Heinkelammert, que “en 1990 se duplicó y para 2019 había crecido 10 veces, superando los 2 billones de dólares, con un pago de intereses que sumó un poco más de 1.1 billones de dólares. En realidad, todo el aumento de la deuda hasta 2010 ha sido resultado de pagos de intereses. El ingreso neto por nuevos créditos externos fue nulo hasta 2010. El pago de intereses corresponde a un dinero jamás entregado, se trata de una brutal usura. Hasta 2018, el 60% del aumento de la deuda externa lo constituyó la capitalización de intereses, los que se “pagaron” con nueva deuda, que seguirá exigiendo pago de intereses por recursos financieros que nunca han servido a los países de América Latina.

Esta situación es extensiva a la deuda pública: en los próximos cinco años el 32% del servicio de la deuda correspondería a pagos de intereses, lo que se agrava con la Pandemia de la COVID-19. La deuda externa es una fuente perpetua de extracción de excedentes de las economías de América Latina, sobre la base una deuda impagable. Resolver esto demanda la condonación inmediata de dicha deuda.

Este terrible año hay que pagar la deuda, tanto su capital como los intereses. Este pago en muchas sociedades, en especial las de América Latina, impide atender demandas sociales en salud, educación, protección social, cultura y demás servicios sociales y de protección del ambiente. El pago del capital y los intereses es la primera prioridad del presupuesto nacional, aunque miles o millones de ciudadanos no logren satisfacer sus necesidades básicas. La pandemia de la COVID-19 ha puesto al desnudo este genocidio económico-social”. (Franz Hinkelammert. El País: 16-6-2020).

Replantear el modelo

Ante el escenario mundial actual, expertos afirman que se debe replantear el modelo de desarrollo social y económico que hemos aplicado durante décadas. Paul Mason, especialista en capitalismo, afirma que estamos ad portas de un cambio de modelo, al igual que sucedió después de la epidemia de la peste negra en el siglo XIV, cuando el modelo cambio del feudalismo al capitalismo. Añade que el capitalismo industrial que tenemos está basado en la extracción de carbón y la destrucción de la biósfera, ello destruye los bosques tropicales y crea las condiciones para que millones de personas vivan en barrios marginales (Paul Mason. Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro: 2016).

Por su parte, Ha-Joon Chang, economista considerado uno de los pensadores más importantes del mundo, afirma que en América Latina se han producido dos tipos de fracasos de las élites políticas. El primero es negarse a redistribuir para que las sociedades sean más igualitarias y pacíficas. El segundo, aún más importante es el no haber invertido en innovación. Según él, las élites poseen dinero básicamente por un aumento de su monopolio basado en recursos naturales, pero no innovan, no invierten lo suficiente. Este gran fracaso político no logró generar crecimiento ni mejorar la economía, lo cual se manifiesta en descontento y desigualdad en la población. Según él, la solución está en la innovación (Ha-Joon Chang. BBC Mundo: 4-2-2020).

También Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, reclama la construcción de un nuevo modelo de desarrollo, con instituciones más redistributivas, que tengan además mayor preocupación por las minorías y el medio ambiente (Seminario virtual. Fundación EU-LAC: 27-04-2020).

De manera imperativa podemos concluir: ahora o nunca. Llegó la hora no solo de retomar e impulsar los caminos de la integración regional, claves para superar la actual crisis, sino de replantear y/o fortalecer sus objetivos y mecanismos para que impacten positivamente a medio y largo plazo en la región o al menos puedan contener la avalancha que se avecina. El Dr. Germánico Salgado (Q.E.P.D.) seguramente se preguntaría: ¿puede haber mayor necesidad de integración que la que estamos viviendo actualmente?

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