Indisciplina social, ¿responsabilidad de nuestro sistema educativo?

¿Para qué educamos?, ¿para formar obreros que respondan a las necesidades empresariales o para formar ciudadanos que respondan a las exigencias de sociedad?

Por: ARLEX BERRIO PEÑA
julio 01, 2020
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Indisciplina social, ¿responsabilidad de nuestro sistema educativo?
Foto: Leonel Cordero

El COVID-19, sin duda, ha sido una experiencia que nos ha puesto a prueba a todos como género humano, en todos los niveles: económico, político, social, espiritual y hasta psíquico. Aunque era normal ver información futura sobre posibles catástrofes naturales y películas mostrando un posible fin de la humanidad, jamás pensamos que nos iba a tocar vivir con el miedo a contraer un virus que, por sus características, no sabemos, si lo contraemos, a qué grupo pertenecer, si a los enfermos leves, moderados o críticos.

Muchas familias, sin importar su estrato, han decidido cumplir con la cuarentena que, por cierto, es la única estrategia que se ha utilizado, pensando en una dinámica lógica, para evitar contraer el virus. Por lo menos, hasta que haya un cura. Al permanecer guardados de forma juiciosa, quien esté enfermo o haya contraído el virus podrá curarse y cortar con la línea de contagio.

Sin embargo, para muchos este tiempo parece haber sido una pérdida. Porque la cuarentena no evitó parar el virus y, por el contrario, atrasó un proceso de contagio que, poco a poco, se ha ido dando. En este sentido, parar la línea de contagio lo único que consiguió fue ralentizar el proceso que hasta en este momento se ha confirmado.

Ahora bien, el proceso de contagio ha empezado a acelerarse de una forma exponencial, pero, a pesar de ello, la lucha que más preocupa es la desobediencia social. Fiestas, rumbas y todo tipo de celebraciones que obligan al contacto con el otro han empeorado la situación de muchas ciudades, no solo de Colombia, sino a nivel internacional. Sabemos que no fuimos educados para estar confinados, pero estar tanto tiempo guardados en casa ha mostrado una parte de la naturaleza humana que reta la propia supervivencia. Al parecer, para algunas personas es más importante disfrutar la vida que protegerla.

Ante este panorama, los gobiernos responsabilizan a las comunidades de la propagación del virus, ¿pero cómo exigir disciplina social si nuestros sistemas educativos han demostrado que educan para todo menos para aprender a ser ciudadanos? No se trata de responsabilizar, como siempre se hace a los maestros, sino más bien de pensar en qué tipo de ciudadanos estamos formando en nuestras escuelas para que, en un momento como este, no estén atendiendo las recomendaciones. Lo cierto es que, al parecer, para nuestro sistema educativo es más importante formar obreros que estén en capacidades de responder a las necesidades empresariales que educar ciudadanos capaces de responder a las exigencias de sociedad. Ahora no se trata de anular la posibilidad de educar para aprender un oficio con el que nos podamos ganar la vida, sino que ello no se puede convertir en el único interés o fin de la educación.

Todo proyecto educativo ha sido pensando para garantizar el aprendizaje, pero, sobre todo, para humanizarnos. Concretamente, aprendemos a ser humanos. Hoy exigimos a la sociedad disciplina cuando no se ha educado para hacerlo. Hemos caído en el error de creer que educar para la paz, competencias ciudadanas o evitar embarazos a temprana edad se resuelve con añadir una hora de clase al horario escolar. Nuestros gobiernos han pretendido resolver los problemas de la sociedad colombiana con nuevos horarios de clases. Seguramente, después de COVID-19 se inventarán una clase para “enseñar” a los niños a cómo protegerse de los virus atendiendo las recomendaciones del gobierno. Las clases de cátedra de la paz, competencias ciudadanas y educación sexual han evidenciado ser poco efectivas para evitar que dichos problemas desaparezcan...

En su tiempo Kant afirmó "sapere aude", que significa "atrévete a saber". El proyecto para la ilustración consiste en hacer del proceso educativo un escenario donde los hombres sean capaces de aprender a asumir, con responsabilidad, el ejercicio de pensar por sí mismo. El filósofo lo llamó mayoría de edad. Sin embargo, frente a lo que se hace en las escuelas de muchos países es instruir para todo, menos para que los niños o estudiantes puedan alcanzar madurez racional y así conseguir ciudadanos autónomos y críticos. Contrario a ello, cada vez es más difícil conducir hacia la autonomía y crítica en la formación de ciudadanos, sobre todo en países donde los niveles de corrupción son altos y pensar diferente es un problema vital.

No se podría responsabilizar únicamente a las personas de su indisciplina frente al COVID-19. En consecuencia, debemos repensar la pregunta: ¿educar para qué en nuestro sistema de formación?, ¿para conquistar ciudadanos con mayoría de edad, capaces de autónomamente decidir lo bueno para sí mismo y para la comunidad?

El otro error ha sido considerar la mayoría de edad de la ilustración como un proceso cronológico que se da por hecho al cumplir 18 años, en el caso de Colombia. Nada tiene que ver la cronología con la madurez racional. No podemos seguir pensando que por cumplir 18 años un sujeto es mayor de edad. La racionalidad no se asume de ese modo. El proyecto para la ciudadanía nos exige revisar los fines, objetivos y metas de nuestro sistema educativo que apunte a la mayoría de edad racional de la que habló Kant. Seguramente, cuando eso ocurra, enfrentar otro virus o problema social será más fácil con obediencia social.

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