Indígenas en el Caquetá: de los resguardos a la espiral del silencio

De la mano del PNUD, indígenas colombianos buscan reforzar y visibilizar el Consejo Departamental Indígena (CODIC)

Por: Ivan Joel Alfonso Sánchez
abril 27, 2016
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Indígenas en el Caquetá: de los resguardos a la espiral del silencio
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Colombia, el país multicultural y pluriétnico que tanto decimos tener, está sufriendo episodios de violencia desde décadas atrás que han dejado cicatrices imborrables en la memoria de todos sus habitantes, pero que solo algunos, como las comunidades que se ubican en zonas rurales, han vivido en carne propia. Un ejemplo de eso son los muchos grupos campesinos, afros e indígenas que han estado en medio de este dilema, siendo estos últimos de los más afectados e invisibilizados.

El país tiene aproximadamente 90 grupos indígenas según el DANE, pero por otro lado la ONIC afirma que son 102 los pueblos dispersos por todo el territorio nacional. Cualquiera que sea la cifra exacta, se estima que son 1'378.884 los indígenas que componen dichos pueblos y que equivale a un 3,4 % de la población Nacional.

Son datos que sorprenderían a cualquiera que no tenga cocimiento de la importancia de esta masa minoritaria, Pero sin duda, la cifra que más llama la atención y que se vuelve preocupante para algunos, es que en su mayoría han tenido que soportar desde tiempos inmemorables un sinfín de problemas, que hasta el día de hoy se puede ver reflejado. El aguante a la invasión, desplazamiento, asesinatos, violaciones, reclutamientos, desintegración familiar, entre otros, los hace dignos de admiración. Posteriormente cuando se pensaría que no podían tener más lamentaciones, en la actualidad son víctimas de construcción de represas y minerías cerca de sus territorios, falta de agua, hambre y problemas de salud, por la pobreza y la precariedad en sus condiciones de vida en algunos de los resguardos.

Ejemplos visibles y palpables son los que muchos ya conocen gracias a la limitada y objetiva información de los medios de comunicación, en etnias como la Wayu en la Guajira, los Arhuacos en la sierra nevada, y ni hablar de los que se encuentran en el Caquetá, quienes enriquecen la cultura étnica del territorio y en los cuales me centraré.

fue el desesperado llamado de atención por ser tenidos en cuenta el que hizo que de un tiempo para acá muchos de estos grupos a través de líderes, tomaran iniciativas para que Las administraciones regionales de la mano del Gobierno Nacional pusieran los ojos en ellos, de esa forma se dio el surgimiento de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) en los años 80, y de distintas organizaciones indígenas en los departamentos, como por ejemplo el consejo departamental indígena del Caquetá (CODIC).

Los pueblos Murui, Korebaju, Inga, Embera, Nasa, Misak, Pijao y Andoque son los que conforman la CODIC, Aunque el Censo DANE 2005 reporta población indígena en todos los municipios del Caquetá, la población con algún nivel de organización se encuentra en los municipios de Solano, Florencia, San José del Fragua, Milán, Solita, Belén de los Andaquies, La Montañita, San Vicente del Caguán, Puerto Rico, Paujil, Albania y Valparaíso. En el resto de municipios, se conoce de la existencia de familias dispersas que no pertenecen a ninguna forma organizativa de las existentes en el departamento.

CODIC dice tener una organización compuesta por; asociaciones de cada etnia, coordinadores y una mesa de concertación totalmente estructurado por ellos, tienen como objetivo Avanzar hacia la construcción de una organización indígena departamental.

Servir de enlace entre las comunidades de base y las autoridades indígenas del Caquetá para la formulación, implementación y seguimiento de la política pública indígena del Caquetá y demás políticas, programas, proyectos y normas que competan a las comunidades indígenas del departamento.

Además, de crear una red dentro del territorio para estrechar la interlocución entre las organizaciones indígenas del Caquetá, la OPIAC, la Mesa Regional Amazónica, la ONIC y otras instancias.

A pesar de que estas ideas mostraban una solidez de pensamientos y metas, denotaban fallas en el proceso que se debía llevar a cabo para alcanzarlas.

Fue entonces donde acompañando de mi compañeros del PNUD pude ver el rostro que se escondía detrás de la estructura del CODIC, eran personas con ganas de sobra, en su búsqueda, una búsqueda que no tenía una organización y que por ende se volvía confusa.

Era interesante ver como dentro de ellos existían pensamientos, ideas y fines que dentro de su diferencia tenían como objetivo, una sola cosa, el bienestar de los pueblos, algunos se exaltaban a hablar de gobernanza y participación, otro le apostaban a visibilizar y conservar la tradición y la cultura, y otros al tema de la mujer.

Nosotros a ver la euforia con la que expresaban sus metas, quisimos calificarlas como “sueños”, y eran esos sueños a lo que debíamos darle un orden, creando una ruta o caminos, Llenos de procesos, estrategias y métodos para alcanzarlos, pero como muchas veces los sueños se cumplen poco a poco, debimos priorizar, escogiendo así tres pilares en los que nos encaminaríamos primeramente. Organización (CODIC), MUJER y PAZ.

Como estudiante de comunicación social y con la guía de mis compañeros más experimentados analice como objetivo principal, el visibilizar la participación de los grupos en estos tres ejes a través de estrategias de comunicación que no se queden en el camino por falta de contundencia y contenido.

No es ver la comunicación como una estrategia mediática y de publicidad ya que no estamos hablando de un producto, la idea es utilizar la comunicación como el proceso que pueda hacer a entender a todos, la importancia de la carga cultural tan inmensa que tienen los pueblos. En sus costumbres, en sus lenguas y en la labor de la mujer indígena dentro de las comunidades, de igual manera mostrar el pensamiento que tienen ellos de paz y como buscan vivir con ella en sus territorios, al final  todo esto conllevaría a un fortalecimiento de las acciones que pueda tomar el CODIC a futuro.

Pero seguramente todo esto se podría resumir en un objetivo principal, sería aunque suene exagerado para algunos, sacar del anonimato a un grupo que representa las costumbres ancestrales de un territorio y que seguramente merecen más importancia dentro de la sociedad que cualquiera.

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Dentro de mis estudios alguna vez vi una teoría que lleva como nombre el título de este texto, “la espiral del silencio” y que hablaba de cómo algunos grupos denominados como minorías, eran de alguna manera callados y aislados de la opinión pública como una forma de control social en la que los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no.

con lo anterior pueden entender porque considero que el paso que han dado los indígenas para ser tenidos en cuenta no ha sido muy grande y con el si es caso apenas han podido tocar esa terrible espiral,  pude deducir que con la supuesta inclusión que se está dando a los grupos indígenas en la actualidad, se maneja una ventana de humo que ellos mismos están buscando disipar, nadie mejor que ellos, que viven a diario sus pesares, pueden dar fe que todavía falta demasiado por no decir que todo, para garantizar una verdadera participación y una verdadera mejoría en su calidad de vida.

Y lo cual es lo mínimo es lo que merecen después de pasar las duras y las maduras por un conflicto que ellos nunca empezaron y en la que su participación se resume a ser víctimas.

Era inevitable ver como se reflejaba en sus rostros una Vorágine de sentimientos encontrados, al reconocer por parte de ellos la poca sensibilización del hombre blanco o no indígena, como llaman ellos a los que no forman parte de su idiosincrasia étnica, y reflejan una actitud de resignación acerca del asunto, como si en sus vidas ya se hubiesen acostumbrado a vivir con la indiferencia de los demás.

Yo me he atrevido a denominar lo anterior como un holocausto social hacia los indígenas, ya que esa incidencia cultural que es de gran importancia y que deberían tener los indígenas dentro de la región, está muriendo, y todo porque está siendo asesinada por esa cruel indiferencia.

Esa misma que no viene solo por parte de los mecanismos de participación que pregona el Gobierno, sino también esa que los mismos colombianos practicamos.

Como veo el panorama, pienso y puedo decir que el camino para llegar a esa inclusión, a esa integración social y esa mejora en sus vidas, es largo y culebrero. Pero para todos queda demostrada la pujanza de los indígenas caqueteños y las ganas de buscar las soluciones a sus molestias a como dé lugar y con ayuda de organizaciones como PNUD para poder cumplir su cometido.

Y llegar a tener por fin esa vida llena de paz total, que en estos momentos se encuentra plasmada en sus mentes como un lindo sueño.

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