Ideología de género: mito o realidad

"Es un instrumento propagandístico que sirve a los intereses políticos de los sectores conservadores de derecha para mantener sus políticas de exclusión social"

Por: RAÚL DÍAZ MARTÍNEZ
octubre 07, 2020
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Ideología de género: mito o realidad

La llamada ideología de género (IDG) es uno de los temas que más polémicas y controversias ha suscitado en la sociedad. Además, ha dividido opiniones y movilizado a distintos grupos sociales alrededor de temas como los derechos reproductivos de la mujer, educación sexual, matrimonio igualitario, política de género y temas conexos.

Pero realmente qué es la IDG y cuál es su origen, qué se esconde detrás y por qué esta suerte de "coco" despierta hoy tanto rechazo y repudio entre el público conservador y los cristianos.

Si escarbas un poco el tema, lo primero que adviertes es que no existe ninguna fuente académica, journals o papers científicos que aborden críticamente la IDG como objeto de estudio, ni siquiera aparece como término académico legítimo. Lo que sí encuentras es abundante literatura científica sobre estudios de género asociados al estudio de la sexualidad humana y abordados desde una perspectiva multidisciplinaria. La IDG, en cambio, aparece citada prolijamente en páginas o blogs de organizaciones laicas y religiosas vinculadas ideológicamente con la derecha conservadora, estos sitios se dedican a lanzar juicios y condenas sobre lo que ellos han querido denominar IDG, atribuyéndola a ciertos grupos minoritarios y que supuestamente pretende ser implantada en el mundo.

El hecho que detrás de la IDG no haya un manifiesto o movimiento que reclame su paternidad, nos da claros indicios que la IDG no existe como una idea orgánica formulada de manera independiente. La IDG viene a ser en el fondo un discurso prefabricado que encontramos solo en sitios conservadores y religiosos; quiere decir que la IDG no es otra cosa que una caricaturización y tergiversación de los estudios de género, un muñeco de paja utilizado por estos medios como enemigo imaginario al cual atacar y que utilizan astutamente como "cuco" para canalizar entre la gente sus miedos y tabúes frente a la sexualidad humana.

En realidad, son los medios conservadores y religiosos quienes han definido qué ideas comprende la IDG y cuáles son sus alcances. De manera que estamos, ni más ni menos, frente a un caso curioso y gracioso ya que los creadores de esta coletilla llamada IDG se autodeclaran ellos mismos sus detractores. Ahí se va aclarando ya el meollo del asunto. La IDG viene a ser uno de los mayores bulos (o engaños) fabricados por los medios conservadores y religiosos para rechazar los estudios de género y perpetuar el estigma social sobre las minorías sexuales y la mujer. La IDG es simplemente una etiqueta utilizada maliciosamente por los medios conservadores para vender al público una narrativa falsa sobre estos estudios, basada en prejuicios ancestrales y que funciona básicamente como arma discursiva ideológica y propagandística.

Como veremos más adelante, son los mismos críticos y detractores de la IDG (los medios conservadores y religiosos) quienes han inventado el término y lo han puesto en el centro de la discusión, utilizando para ello información sesgada y en ocasiones falsa, con el fin de desvirtuar y rechazar de plano las conclusiones surgidas de los estudios de género y de paso demonizar las reivindicaciones legítimas de las minorías sexuales que luchan por sus derechos civiles.

¿Y entonces cuál es el truco utilizado por estos sectores conservadores ligados a la derecha política para venderle al público tamaña mentira? Pues es simple, echaron en un mismo saco un montón de ideas heterogéneas provenientes de varias fuentes y diferentes autores de distintas épocas, para luego articularlas de un modo artificioso y presentarlas al público como si obedeciera a una "ideología del sexo" construida deliberadamente por algún grupo. La IDG viene a ser como una colcha de retazos confeccionada por los medios religiosos y conservadores a partir de mezclar y correlacionar hechos falsos con medias verdades, sumadas a un conjunto de noticias execrables y repudiables que estos medios achacan a los colectivos LGTBI. Y la manera como promueven esta idea es hacer creer a sus seguidores que existe un plan conspirativo en marcha concertado entre la izquierda y los movimientos feministas y LGBTI, donde pretenden imponer esta IDG con el fin de acabar con la familia y la sociedad y sumirla en un caos apocalíptico o especie de "Sodoma y Gomorra".

Los sectores conservadores y religiosos definen ampulosamente la IDG como un conjunto de ideas moralmente reprochables y contrarias a las buenas costumbres y que ciertos grupos minoritarios pretenden imponer por ley a la sociedad a través de una pedagogía contraria a la tradición y la religión y donde presuntamente se busca normalizar y legalizar políticamente una serie de conductas delictuosas que abarcan desde la pedofilia, corrupción y violación de menores, destrucción de la familia, abortismo, exhibicionismo, zoofilia, y hasta encarcelamiento a quien se oponga a estos hechos, lo cual es en sí una acusación demencial ya que no es cierto ni está probado que exista semejante plan que busca legalizar delitos.

Es obvio que este embeleco fue creado a partir de una interpretación sesgada y falaz sobre ciertos conceptos, hechos y posturas asumidos por la sociedad civil frente a temas como el matrimonio igualitario, aborto, adopción homoparental y la sexualidad humana y sobre los cuales los sectores conservadores hacen unos juicios valorativos y morales negativos. Obviamente, para los medios seculares, académicos, científicos e intelectuales, hechos como las marchas reivindicativas de las minorías sexuales no pretenden imponer la homosexualidad en la sociedad, sino visibilizar esta población, reconocerlos como sujetos sociales de derecho, tal como la había reclamado la mujer durante siglos.

Este presunto plan que la derecha atribuye a una alianza entre la izquierda y los grupos feministas y LGBTI tendría como consecuencia inevitable la instauración de una "dictadura gay" a escala global y tendría como fin convertir las sociedades en una suerte de "Sodoma y Gomorra", aprobando por ley delitos como el incesto, la pedofilia, exhibicionismo e incitando supuestamente a los escolares a elegir arbitrariamente su sexo y género, así como imponer a los niños prácticas homosexuales como la masturbación en los colegios, dentro de un supuesto y tenebroso plan de control natal donde estaría implicada incluso la ONU.

Este tipo de ideas delirantes y conspirativas tiene graciosamente muchas variantes que incluyen a grupos y logias secretas que actúan en la sombra en un supuesto concierto para implantar un "nuevo orden mundial". La mayoría de iglesias promueve esta idea conspirativa entre sus seguidores como parte del cumplimiento de las profecías bíblicas. Semejante sarta de estupideces (que no puede llamarse de otro modo) es realmente un insulto a la inteligencia y lamentablemente es utilizada hoy por la iglesia y los sectores conservadores de la sociedad para infundir miedo entre la masa creyente y despertar repudio contra las minorías sexuales, de modo que se pueda perpetuar el estigma social contra ellas, tal como lo han venido haciendo la sociedad conservadora y religiosa durante siglos.

Es obvio que esta especie de "dictadura homosexual" que presuntamente se pretende imponer a la sociedad a través de la llamada IDG, ha prendido las alarmas y generado reacciones virulentas entre la masa creyente, eso explica la cantidad de gente marchando y protestando con carteles por las calles y coreando consignas como "con mis hijos no te metas", como si en verdad existiera un plan para corromper a los menores y violarlos. Toda esta avalancha de publicaciones amarillistas denunciando semejante plan siniestro convirtió la IDG en un tema viral en los medios, de ahí su enorme cobertura en los medios y redes sociales.

Pero veamos por simple curiosidad cuál es el origen de esta teoría conspiracionista y de qué modos y cuándo se gestó todo este batiburrillo o pandemónium creado alrededor de la IDG y que ha movilizado millones de personas para oponerse a un enemigo imaginario.

El origen de esta coletilla (IDG) podemos rastrearla en ciertas controversias suscitadas entre la iglesia católica y grupos feministas en la década de los 90, a partir de ahí la iglesia empieza a condenar y rechazar una serie de discursos y escritos hechas por algunas autoras feministas y estudiosos de la sexualidad humana. Cabe decir que a partir de estas investigaciones multidisciplinarias sobre la sexualidad humana se empiezan a asimilar nuevos conocimientos y a derrumbar muchos mitos y prejuicios que tenía la iglesia sobre la sexualidad. A estas escritoras y sociólogas la iglesia les imputó haber desvinculado el sexo de la biología y plantearlo como un asunto meramente cultural, lo cual en el fondo es completamente falso y parte de una interpretación confusa y errónea de conceptos como género, identidad de género, y roles de género, los cuales tienen que ver con juicios sociales valorativos respecto a los sexos y no con la biología. Curiosamente, estas tesis no son expuestas de manera orgánica dentro de la IDG, simplemente muchas de las citas o frases de estas autoras son extraídas y sacadas de contexto.

Justamente a partir del concepto de género" se ha suscitado la mayor controversia en torno a la IDG. Aunque el género es una categoría de análisis proveniente de las ciencias sociales y otras disciplinas académicas, los sectores conservadores y religiosos no lo consideran un término legítimo dentro de la sexualidad humana porque no encaja dentro del dogma cristiano del sexo binario (hombre-mujer) sostenido por la iglesia desde hace milenios. Simplemente consideran el término "género" un artificio creado por los sociólogos para legitimar socialmente la diversidad sexual y sus prácticas "inmorales". No obstante, el género es considerado hoy por la ciencia médica como una entidad etiológica utilizada hoy en el estudio transversal y multidisciplinar de la sexualidad humana. De modo que la IDG ha sido creada como un rechazo explícito a los estudios de género recientemente desarrollados por distintas disciplinas; en el fondo, la frase "ideología de género" es la manera en que la iglesia ha puesto nombre a su rechazo hacia estos estudios y proyectando este rechazo y repudio a las minorías sexuales.

La iglesia atribuyó a estos estudios de género una connotación moral negativa, dado que legitimar socialmente a las minorías sexuales y reconocerlos como sujetos sociales de derecho implica reconocer sus costumbres y prácticas sexuales "insanas", lo cual choca abiertamente con sus dogmas y doctrinas religiosas. La iglesia católica, desde entonces, llamó a estas reivindicaciones sociales "ideología de género" y se empeñó en denunciar que aceptar estas realidades "trastornaría el mundo".

Otro de los ingredientes adosados a este muñeco de paja llamado IDG, es que sus críticos parten de la falsa presunción de que la izquierda, luego del fracaso y derrumbamiento del comunismo en la antigua URSS, redefinió su estrategia política al reemplazar la lucha de clases y la reivindicación obrera por la lucha sexual y la reivindicación de los derechos de los colectivos LGBTI y feministas radicales, con el fin de socavar y destruir las bases morales del capitalismo y la cristiandad, ya no mediante revoluciones armadas sino mediante una revolución ideológica y cultural.

En este contexto, el rechazo social a la IDG toma su forma definitiva y acabada con la teorización hecha por escritores de oficio como Agustín Laje y Nicolás Márquez sobre estos fenómenos. Su obra El libro negro de la nueva izquierda se ha convertido en un bestseller y en esencia es una reproducción de los prejuicios y tabúes ancestrales predicados por la religión sobre sexualidad humana durante siglos, además de ser una vociferación insultante contra las minorías sexuales donde son estigmatizadas como gente enferma, aberrada y anormal. Alrededor de las obras de Agustín Laje se ha creado un nuevo culto retrógrado y fundamentalista que en esencia es machista y homofóbico, sus tesis han logrado instalarse en el imaginario colectivo del rebaño religioso, gracias a la enorme influencia ejercida por la iglesia entre sus fieles y a la participación de una multitud de escritores de oficio vinculados a la derecha conservadora que actúan como multiplicadores de esta idea.

Agustín Laje es la nueva cara de esta funesta ideología de discriminación pregonada por la iglesia durante siglos. Este autor, como cosa curiosa, no tiene ningún antecedente académico o científico, de hecho, fue un cuadro político de la derecha reclutado por el Pentágono que recibió su grado en estudios antisubversivos y contraterrorismo en el Center of Hemispheric Defense Studies de la National Defense University. Sus publicaciones están enmarcadas dentro de la lucha antiizquierda y antiterrorista que libra el Pentágono aquí en América. El libro negro de la nueva izquierda es el equivalente a textos como el El nuevo orden mundial que son basura literaria conspiracionista pero que muchos se toman en serio.

Para estos autores, el nucleó de ideas de la IDG (postuladas por ellos mismos) la achacan a dos fuentes: los autores de izquierda creadores del llamado "marxismo cultural" y desarrollado por escritores como Lacan y Gramsci; y las denominadas "teorías queer" vinculadas a la revolución sexual de los años 60 y 70, promovidas por autoras feministas reconocidas como Rita Segato, Judith Buthler y Simone de Beauvoir.

Detrás de toda esta literatura panfletaria repleta de falacias argumentativas y hombres de paja, se encuentran los viejos discursos religiosos y homofóbicos disfrazados con ropajes de apariencia científica. Sobra decir que este tipo de publicaciones amarillistas que profetizan la implantación de un "apocalípsis gay" en el mundo, no tienen el menor crédito en los medios seculares e intelectuales y son considerados al mismo nivel que las publicaciones de la Watch Tower Bible o de las profecías que anuncian el reinado del anticristo en la Tierra.

La IDG, en resumen, funciona como instrumento propagandístico que sirve a los intereses políticos de los sectores conservadores de derecha para mantener sus políticas de exclusión social y atacar a la izquierda en las urnas. Y su propósito es perpetuar entre la sociedad prejuicios ancestrales y defender unos valores morales basados en dogmas religiosos anacrónicos. Hoy la IDG es utilizada como bandera partidista dentro de una campaña de desprestigio y satanización de estas minorías sexuales, impulsada internacionalmente por grupos religiosos y conservadores.

Esta controversia suscitada alrededor de la IDG, forma parte de la lucha ideológica que han librado durante siglos los sectores religiosos y conservadores contra los sectores liberales progresistas de la sociedad, la intelectualidad, la izquierda pluralista y los movimientos sociales reivindicativos minoritarios (feministas, afrodescendientes y LGTBI) que abogan por una sociedad libre, tolerante y donde exista el respeto por la dignidad humana.

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