¿Humberto de la Calle no le camina a la paz total?

El exnegociador y senador independiente ha sido insistente en criticar aspectos que considera problemáticos, ingenuos y hasta contraproducentes. Algunos lo señalan

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
octubre 25, 2022
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¿Humberto de la Calle no le camina a la paz total?

A Humberto de la Calle se le viene cuestionando por sus posiciones críticas sobre el proyecto de ley de la paz total. En efecto, el exnegociador y senador independiente (en su primera experiencia como congresista), ha sido insistente en criticar aspectos que considera problemáticos, ingenuos y hasta contraproducentes en el camino trazado por el gobierno para avanzar en una negociación con el ELN y en un sometimiento colectivo a la justicia de las organizaciones multicrimen.

En las posturas críticas de De la Calle se identifican dos aristas.

Por un lado, la voz de un hombre que, caracterizado por su templanza y sensatez, diseñó -al lado de Sergio Jaramillo – los aspectos medulares del acuerdo de paz con las Farc-Ep; y por el otro, la desconfianza del experimentado negociador que descree de la naturaleza política de las disidencias, de la voluntad de “acercamiento a la paz total” de Iván Márquez y de las nuevas formas que propone Petro para negociar la paz (con ceses al fuego multilaterales y acuerdos parciales).

No es que De la Calle no le camine a la paz total o que sus posiciones lo vayan acercando al uribismo. Para nada.

El senador sigue jugado con la paz; es más, es de los pocos que confronta públicamente la falta de perspectiva del gobierno con agencias y programas claves en la implementación del acuerdo de paz, tales como la Agencia de Renovación del Territorio (a la que ni se le ha nombrado director en propiedad), la Agencia de Reincorporación y Normalización o el Programa de Sustitución de Cultivos ilícitos.

Creería que sus críticas a la paz total se sustentan en su incuestionable experiencia como negociador (en Caracas, Tlaxcala y La Habana) y en cierto apego a los modelos clásicos de negociación.

Por ejemplo, De la Calle plantea que la figura de acuerdo parcial le restará garantías de cumplimiento y seriedad a cualquier intento de negociación, pues implicará avanzar en un modelo de implementación escalonada, rompiendo así con el principio de “nada está acordado hasta que todo este acordado” (una de sus brújulas durante el proceso de negociación en La Habana).

Pero el senador pasa por alto que el acuerdo de paz cayó en la deriva de un incumplimiento crónico, con la contraparte, es decir, las Far-Ep, desarmadas y mayoritariamente comprometidas con el proceso de reincorporación, pero padeciendo incumplimientos tan extremos que han reducido la integralidad del acuerdo de paz a un clásico movimiento de DDR: Desarme, Desmovilización y Reinserción. ¿Y dónde quedaron las grandes transformaciones rurales, políticas y sociales?

En su apego al “nada está acordado hasta que todo este acordado”, el senador De la Calle desestima que el acuerdo parcial es una figura que puede elevar los niveles de confianza de las partes durante el proceso de negociación; representar verdaderos alivios humanitarios en los territorios que padecen los rigores del conflicto; y garantizar, en la medida de lo posible, que un hipotético acuerdo de paz con el ELN no se quede en un mero manojo de papeles.

El otro aspecto que tensiona a De la Calle con la paz total es la compleja definición de las disidencias. De entrada, el senador desestima su naturaleza política, no tolera que se pueda resucitar la sigla Farc-Ep -enterrada tras la creación del partido Farc/Comunes- y considera que el único tratamiento posible para todas las disidencias -desde el Frente Primero a la Segunda Marquetalia- debe ser similar al ofrecido al resto organizaciones multicrimen: sometimiento colectivo a la justicia.

Así, el exnegociador asume que todo el que se apartó del proceso de negociación o del acuerdo de paz es un traidor. Le resta importancia a que durante el proceso de paz varios frentes se hayan apartado de la dirigencia fariana que se encontraba negociando en La Habana o que el entrampamiento de Néstor Humberto Martínez se haya convertido en el leitmotiv de la Segunda Marquetalia.

A De la Calle lo alienta una profunda desconfianza hacia Iván Márquez y su arraigada convicción de creer que el acuerdo de paz era una realidad totalizante para todos los guerrilleros.

No dudo de que el senador sigue siendo un hombre profundamente comprometido con la paz. No lo veo como un “enemigo de la paz total” o como un “uribista camuflado” (así lo vienen pintando en Twitter). Solo lo veo como un hombre conservador en la forma de asumir la salida negociada al conflicto armado -muy convencido de la eficacia de ciertos modelos tradicionales- y absolutamente seguro de la importancia de su legado en la historia reciente.

Un legado circunscrito al acuerdo de paz con las Farc-Ep, pero que, en un incierto escenario de paz total, debe trascender de lo acordado en La Habana y proyectar nuevas posibilidades. Tampoco se puede pasar por alto que muchos de los modelos tradicionales defendidos por De la Calle no han funcionado de la mejor forma.

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