Historias de mi pueblo, Tamalameque (Cesar)

"En esta ocasión conmemoraré esta magna fecha con algunas anécdotas de uno de los tantos personajes que habitan nuestro terruño"

Por: DIOGENES ARMANDO PINO SANJUR
septiembre 27, 2017
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Historias de mi pueblo, Tamalameque (Cesar)
Foto: El Pilón

Este 29 de septiembre, Tamalameque, el pueblo de mis amores y preocupaciones, cumple 473 años de fundación, de historia y leyendas. En esta oportunidad no discerniré sobre el abandono estatal en que lo han sumido, tampoco de sus necesidades insatisfechas o de la problemática que lo azota, en esta ocasión conmemoraré esta magna fecha con algunas anécdotas de uno de los tantos personajes que habitan nuestro terruño, personajes estos que evocan los buenos tiempos de un pueblo soñador condenado en el olvido.

Se trata de Gilberto Octavo “Gicho” Beleño, hombre humilde y servicial, político de profesión, quien ejerció como concejal de Tamalameque por más de siete periodos, así mismo desempeñaba su incansable labor los 365 días del año. “Gicho” es un hombre entregado a las comunidades, se debía a su gente, deambulaba por cada rincón del municipio trabajando y realizando favores, aunque tuviera que pedir regalado para tanquear su vieja motocicleta.

Anteriormente, la política en nuestro municipio sin tanta parafernalia se realizaba con visitas a las viviendas de amigos, reuniones y discurso en tarima, encuentro entre diversos partidarios políticos y demás compartir social.

Pero como hilo conductor de la política, que gesta cambios variables e innovadores donde la publicidad de antaño se transforma en la publicidad, marketing de afiches y pendones, “Gicho” no tuvo dinero para ello, pero como hombre recursivo y auxiliado por un amigo, pintaron su rostro en varias paredes del pueblo, logrando llegar a la gente y saliendo elegido con una de las más altas votaciones.

En una ocasión se instauró un debate en el Concejo Municipal de aquellos que ya no existen, donde “Gicho” se opuso a las propuestas de sus colegas, generando el disgusto de un cabildante, quien con ímpetu intrató a nuestro personaje, obteniendo una sabia cordura y serenidad, pues en palabras de defensa se le escucharon estas correctas palabras: “Yo soy como el árbol de sándalo, que perfuma el filo del hacha que lo hiere”.

En la década de los 90 nuestro amigo “Gicho” de contenido habitual exigía en forma serena obras e inversión para su comunidad, lo que desencadenó en el burgomaestre su indignación, quien a su vez sagazmente incentivaba de forma silenciosa y sugestiva la ira en nuestro personaje y para luego proceder a levantar cargos contra él, pero sabia y elocuente respuesta expresó “Gicho” a cada ofensa: “Lo mismo pienso yo de usted, igualmente para usted, eso mismo es usted”, apaciguando el enfado y causando la hilaridad del gobernante, quien vencido en su cometido, con un fuerte abrazo selló el compromiso de gestión de aquellas obras que solicitaba “Gicho” para su comunidad.

Con fervor y lealtad “Gicho” entregaba a cada contienda electoral su alma y corazón, no con ello era ajeno de derrotas, y en una de tantas contiendas, un adversario victorioso producto de su presunción exclamó “Gicho te voy a demandar ante la fiscalía” y nuestro baluarte personaje con gran carcajada y humildad expresó: “Me demandarás, pero por empobrecimiento ilícito”.

Y así muchas anécdotas de un hombre que podemos llamar constructor de paz, pues sus anécdotas dejan un legado en el marco de la tolerancia, la busca inagotable del bien común, donde a cualquier altercado su mejor arma era la serenidad. Hoy “Gicho” Beleño se encuentra en su Bella Villa, como llama al corregimiento de Antequera, en el olvido, sin la oportunidad de acceder a una pensión por tanto años de servicio, padeciendo vicisitudes económicas y luchando contra una enfermedad, mientras que muchos políticos corruptos que han pasado sin pena, ni gloria por sus cargos, disfrutan del bienestar y comodidades que le brinda una alta pensión estatal.

Un millón de gracias “Gicho” por todo, Dios te Bendiga y colme de mucha salud, y en esta conmemoración de los 473 años de Tamalameque, que se levanten hombre probos para que un mejor futuro sea posible.

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