Opinión

Historia universal de la infamia

Molano es un infame: decir que los niños son “máquinas de guerra” no fue un lapsus, el ministro redobló el mensaje con un trino para la historia universal de la infamia

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marzo 14, 2021
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Historia universal de la infamia
La única posibilidad que tenía Molano era pedir perdón a las familias de los niños y reconocer el problema de lanzar bombas a un campamento lleno de niños. Foto: Twitter/Diego Molano

Borges. Leí todo lo que pude de Borges cuando estaba terminando el colegio y en los primeros años de la universidad. Tengo un problema que alguno dirá es una cualidad: si no tomo nota, se me olvidan los detalles de casi todo lo que leo y quedo solo con sensaciones de lo que sentí mientras leía. De Borges recuerdo el impacto cuando leí el primer cuento y pensé que más que un cuento debía ser la entrada de una enciclopedia para luego descubrir que no, que el texto era sobre un personaje que el se inventó. Quedé atrapado: no había visto nadie que hiciera eso, ficciones que parecen más ciertas que la realidad. A lo mejor esa idea se resume con un propio cuento de Borges, “Del rigor en la ciencia”, que gira alrededor de la historia de un mapa que tiene exactamente el mismo tamaño del territorio que quería representar, un kilómetro en la realidad, un kilómetro en el mapa. De tantos privilegios que he tenido, casi todos inmerecidos, uno de ellos fue crecer en una casa en donde estaban por ahí todos los libros de Borges.

Historia universal de la infamia. Pensé en ese título cuando leí las declaraciones del ministro de defensa, Diego Molano. El título es de un compendio de cuentos de Borges: olvidé los detalles de las historias, pero recuerdo la sensación al leer el título, la de un genio que sabía que el arte del cuento empieza en el título y, simultáneamente, la de pensar que Colombia merecía un lugar de honor en la historia universal de la infamia. Ya han pasado los años desde esas épocas de la adolescencia y veo a Colombia con más grises, en esa época solo veía blancos y negros. No diría ahora que Colombia merece un lugar en la historia universal de la infamia, entiendo que tantas otras sociedades han transitado caminos iguales o peores que los nuestros, que en algunas cosas hemos dado muestra de alguna dignidad. Diría que algunos momentos de la historia de Colombia y, en particular, algunos colombianos, merecen un lugar en la historia universal de la infamia. Una tibieza, supongo, que enfurecería a ese yo que fui y que leía a Borges sin parar a los 20 años.

Diego Molano y los mediocres. No sé nada del ministro, no me interesa. Este es un gobierno de ministros particularmente mediocres. Revisen la lista y verán. Cuántos conocen, de cuántos se acuerdan, quiénes ha planteado algo de fondo. El tema no es de diferencias políticas, sin lugar a duda hay personajes interesantes en la derecha. Yo, por ejemplo, siempre leo con atención a Vargas Llosa, aunque casi siempre estoy en desacuerdo con él cuando opina sobre la política latinoamericana. Me interesa, me hace pensar, me hace dudar. El uribismo como proyecto político está en su final y, casi que, por definición del final de los proyectos políticos, se hunde en su falta de ideas. Empezando, por supuesto, por el presidente Duque que terminará su período en la intrascendencia total. Supongo que la historia dirá que condujo al país durante la pandemia que marcó la historia del siglo XXI y nada más. Pero valdría la pena que dijera eso otro, que estuvo rodeado por unos ministros mediocres.

La infamia. La mediocridad en la función pública no es novedad. En casi nada, también por definición la mayoría de nosotros, casi todo el tiempo, transitamos por ahí, por el promedio. La infamia sí es más grave: cuando el ministro de Defensa justifica la muerte de unos niños diciendo que son máquinas de guerra, es un infame. Busqué qué se había escrito sobre Historia universal de la infamia y encontré esta idea de Rosario Pérez y Sonja Stanjfeld, “más que un acto transgresor -en el sentido ético- cometido con el fin de obtener un beneficio material, en el caso de estos malhechores, de los infames, su poder supone elevación y sublimación, a través de la cual buscan satisfacción espiritual y/o simbólica.” Molano es un infame. Cuando la única posibilidad que tenía era pedir perdón a las familias de los niños, reconocer el problema de lanzar bombas a un campamento lleno de niños, explicar cuáles serán los pasos para asegurar que no vuelve a pasar y plantear un camino para reducir el reclutamiento forzado, el ministro decidió hacer otra cosa, decir que los niños son “máquinas de guerra”. No fue un lapsus, que a cualquiera le puede pasar, el ministro redobló el mensaje con un trino que pasará también a la historia universal de la infamia: trayendo a colación la vida de los asesinos de alias Gentil Duarte y alias Nicolás Gabino, que según él dice empezaron su trayectoria en la vida armada como menores de edad, sugirió que ese es el camino existencial que siguen los niños en los campamentos. De ahí, la justificación del bombardeo.

No es un episodio aislado, ya es un patrón: hace unos años, el ministro de defensa Guillermo Botero había autorizado un bombardeo donde murieron al menos diez niños. El patrón es lamentable: en estos operativos suelen morir, principalmente, niños. Gentil Duarte, Santrich y Márquez, de parranda. Es que la discusión suele recorrer un camino errado: acá nadie dice que los reclutadores no son culpables de un crimen atroz, lo que pasa es que ellos no hablan en nombre de un gobierno ni deciden qué se hace con las armas del Estado colombiano. Naturalmente, los estándares éticos y morales con los que se les juzga no son comparables. Tampoco es excluyente despreciar a los reclutadores y decir que Molano, y lo que representa, es una infamia.

Danna Liseth. Así se llamaba la niña que murió, es mejor nombrar a las víctimas cada vez que se pueda. Es un antídoto contra la indolencia, ese mecanismo psicológico que protege a las personas cuando ven tanta sangre. De nuevo, vale la pena insistir, la información que hay al momento de escribir en esta columna, es que en el bombardeo murieron varios niños, murieron, sobre todo, niños. Danna era una de ellos: ya sabemos entonces que esta “máquina de guerra”, según el infame, lo que quería hace unos meses era estudiar. Decía en chats con su profesor que iba a entregar sus trabajos, que quería estudiar a distancia, que “le iba a echar ganas”. Sabemos que eso quería y que anduvo buscando un lugar con internet en las últimas semanas de su vida. Seguramente no encontró el internet porque la encontraron antes los criminales de alias Gentil Duarte. Y luego, murió en un bombardeo. Pensaba que yo, a su edad, empezaba a descubrir a Borges. Quería echarle ganas a leerlo, a descubrir el mundo, a entender la biología, las matemáticas y que todo eso me resultaba fácil porque nací en un lugar y en una familia particular. Ella nació en otro lugar y entonces, por más que tuviera ganas, no pudo. Qué injusto.

@afajardoa

 

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