Hay más que capitalismo y socialismo

Es absolutamente anacrónico seguir creyendo que estos son los únicos modelos que hay. Para vivir al ritmo de los tiempos se debe impulsar un sistema de economía múltiple

Por: Ariel Peña González
noviembre 15, 2018
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Hay más que capitalismo y socialismo
Foto: Pixabay

El miércoles 7 de noviembre, el papa Francisco ha denunciado que “si en la tierra existe el hambre no es por falta de alimento, sino porque por las exigencias del mercado se llega, a veces, a destruirlo”. La afirmación del Sumo Pontífice sería verídica si el mercado lo fuera un todo, pero resulta que cuando una doctrina política, como ocurre con el marxismo, toma a la miseria de las masas como condición necesaria para perpetuar en el poder a una dictadura comunista, el mercado sale sobrando y eso lo estamos viendo con nuestra vecina Venezuela, en donde el hambre es una política de Estado para consolidar a la camarilla castrochavista.

El mercado y el capitalismo no son maldiciones, como algunos creen, sino que surgen porque los seres humanos somos seres de necesidades, aunque estas muchas veces son creadas artificialmente para luego ser satisfechas con mercancías. De ahí surge la ley de oferta y demanda, apareciendo la economía de mercado y, desde luego, el capitalismo, que pierde su esencia cuando se vuelve especulativo e improductivo, cayendo en un capitalismo financiero exagerado que solo busca acumular grandes masas de dinero.

Lo anterior, sin olvidar que el mercado permite el desarrollo de las fuerzas productivas, lo que genera el progreso social y económico de los pueblos, y las naciones pueden importar y exportar para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos; por lo que satanizar al mercado va en contra de toda lógica y es mejor observar que el mal está en las posiciones políticas totalitarias, como ocurre con el comunismo, cuya concepción supersticiosa y metafísica del mundo lleva a sus militantes a considerarse predestinados para dominar a los demás, siguiendo los fetiches del materialismo histórico y la inevitabilidad.

El esquematismo entre socialismo y capitalismo es absolutamente anacrónico, y para vivir al ritmo de los tiempos se debe impulsar un sistema de economía múltiple, pero no entendido como una tercera vía, sino como el conjunto de medidas pragmáticas e inteligentes, que lleven calidad de vida a los pueblos sin dogmatismos ni avaricias desmedidas.

El marxismo, como el mejor heredero de Maquiavelo, plantea las cosas en blanco y negro, mostrando siempre dicotomías, cayendo en un maximalismo para que las personas despistadas y atrasadas tomen partido. Esa división perversa la promueven los seguidores del comunismo totalitario, cuyos intereses burocráticos y de secta los llevan a creerse “iluminados”. Por ello es que en más de 168 años de marxismo se ha vendido el dilema económico y político entre capitalismo y socialismo, sin que haya posibilidad de otras salidas. Esa actitud burda lleva a la conclusión temeraria de “estás conmigo o en contra de mí”.

Sin embargo, de ninguna manera se puede tomar a los seres humanos como zombis para aplicarles recetas metafísicas, ya que la libertad individual como condición suprema de la humanidad está por encima de la manipulación política; entonces reducir el destino de los pueblos al capitalismo o al socialismo es producto del interés mezquino de quienes siguiendo los sofismas marxistas consideran que la conquista del poder es como su dios; ya que el discurso miserabilista que proclama el truco de la emancipación del proletariado, no solo lo ha manejado el marxismo sino sus hermanos el fascismo y el nazismo.

En el capitalismo como en el socialismo hay muchas variables, siendo paradójicamente el capitalismo de Estado el que se practica en Cuba y Norcorea, así sus gobiernos hagan apologías del socialismo. La más clara demostración del capitalismo salvaje se tiene en la China, en donde el partido comunista se alió con las grandes transnacionales hace 41 años para sobreexplotar a los trabajadores (dando origen al neoliberalismo), compartiendo la plusvalía con el capital financiero internacional, y conservándose el manejo del Estado en las manos de la camarilla comunista.

No obstante, existe un socialismo democrático en algunos países de Europa, que no han tenido que recurrir a la violencia para implementar ese sistema, lo que demuestra que a los seguidores del marxismo-leninismo no le interesa el progreso social de las masas, sino la toma del poder para dar rienda suelta a sus instintos insanos de someter a los demás, y por eso proclaman maniqueamente el reduccionismo entre socialismo y capitalismo.

En ese orden de ideas, para superar esa especie de entropía se debe plantear el sistema de economía múltiple, que recoja las iniciativas privadas y colectivas, para buscar el bienestar de los ciudadanos, en donde la democracia económica no permita caer en los monopolios abusivos, pero también rechazando al marxismo que exalta el estatismo burocrático y embrutecedor, tomando como condición necesaria la miseria de las masas para volverlas más dúctiles a la dictadura.

El sistema de economía múltiple recoge las experiencias positivas de un capitalismo industrial y comercial, de la Social democracia y de la autogestión libre y creativa que busca principalmente la independencia económica de las personas especialmente en el agro, reprobando el extremismo comunista y la acumulación desmedida del capital que lleva a las recesiones económicas mundiales, en donde el manejo del dinero es parecido al de un casino, porque sus grandes masas se vuelven especulativas por no tener un destino productivo.

En Latinoamérica algunos países cuyas aventuras políticas los han empujado a gobiernos neomarxistas con el socialismo del siglo XXl, que recicló los desechos del marxismo-leninismo de Europa oriental después de la caída del muro de Berlín, para imponerlos en nuestras naciones, se deben de superar las asimetrías conceptuales en la región para liberarnos de ese manoseo ideológico, que llevan a situaciones como la de Venezuela en donde el castrochavismo ha traído una gran ruina, conduciendo a esa nación al comunismo totalitario, engañando todavía a sectores del pueblo que son los más atrasados e ignorantes, para que la nomenclatura se perpetúe en el poder, irrespetando la voluntad popular.

En un sistema de economía múltiple se desarrolla el conocimiento y la prosperidad, repudiando sin ambages el esquematismo marxista-maquiavélico de escoger únicamente entre socialismo o capitalismo.

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