Hacia una hidrópolis para Bogotá

El 19 de febrero del año en curso, Claudia López firmó el acuerdo 806, que convertirá a la capital en la primera hidrópolis nacional

Por: Mauricio Puello Bedoya PhD
abril 12, 2021
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Hacia una hidrópolis para Bogotá
Foto: Alcaldía de Bogotá

Ocupando más de 70% de la totalidad de la superficie terrestre (sin contar sus ramificaciones subterráneas), el agua es el principal espacio natural del planeta. Los continentes, y con ellos las redes de ciudades, están literalmente nadando en agua. En medio de modelos de ordenamiento y planeamiento urbano-territorial en los que tradicionalmente conviven los servicios públicos, las aglomeraciones económicas, los sistemas de movilidad y de equipamientos colectivos, el agua persiste, desde su inalterable condición de sustentadora y garante de la vida, como el factor jerárquico y transversal del sistema habitacional humano.

La Organización de las Naciones Unidas ha informado que el 54% del total de los 7.000 millones de habitantes del mundo vive en áreas urbanas, porcentaje que para el año 2050 sería del 66%. No obstante, si bien más de la mitad de la población mundial es urbana, las ciudades solo representan el 2% de la superficie terrestre. La densificación exponencial de las ciudades es el origen de los actuales problemas ambientales globales: la contaminación ambiental, el sistema de manejo de residuos y el desabastecimiento de agua. En efecto, el elevado consumo de recursos naturales que demandan las ciudades, y la producción en masa de agentes contaminantes que esto implica, estaría llevado al planeta a un inminente colapso. Al mismo tiempo que la ciudad constituye la mayor obra humana, también ha llegado a ser un ecosistema corrosivo para la salud de la Tierra.

Empero, la mayor amenaza hídrica para las ciudades proviene de los territorios rurales: la expansión de la frontera agrícola y el creciente uso intensivo de la tierra, demandan sistemas de riego que hoy consumen el 70% del agua dulce disponible del mundo. Prácticas que en el año 2030 determinarán un déficit global del 40% entre la demanda prevista y el agua disponible; y en el año 2025 a una población de 1.800 millones de personas a una escasez absoluta de agua. De esta forma el destino de los territorios urbanos está atado al de los territorios rurales, en función del agua.

Frente a la recomendación de demógrafos y urbanistas de implementar modelos sustentables y eficientes para reorientar el desarrollo urbano, las principales ciudades del planeta han conformado movimientos globales de ciudades sensibles al agua, cuyo propósito es la búsqueda común de soluciones a la presión que sufren las urbes modernas frente a la creciente demanda de agua. Acuerdos que se han traducido en la definición de modelos alternos de planeación y ordenamiento urbano-regional denominados hidrópolis, en los cuales se prioriza el respeto a los ciclos del agua como una forma eficaz de avanzar tanto a la resiliencia urbana como al derecho ciudadano al acceso al agua; entendido este último como la base del derecho a la ciudad.

En el caso de las ciudades latinoamericanas, es urgente que estas estrategias aborden las principales problemáticas de nuestro desarrollo urbano, particularmente relacionadas con la degradación del sistema hídrico. En primer lugar, el aspecto que constituye la identidad más profunda de nuestras ciudades: la producción exponencial de altos niveles de marginalidad social y suburbanización, tradicionalmente ubicados en las inmediaciones de las zonas de reserva ambiental y de los cuerpos de agua, vinculados ilegalmente al mercado de la tierra. Y en segundo lugar las grandes operaciones urbanísticas, en las cuales el agua se considera como un factor de valorización paisajística de la oferta inmobiliaria, no un atributo patrimonial de la ciudad.

Fenómenos que constituyen hoy para los centros urbanos latinoamericanos en las fuentes de sus conflictos socioambientales, en su mayoría ligados al sistema hídrico. En esa perspectiva, el acuerdo 806 del 2021 “mediante el cual se establece la hidrópolis Bogotá-región y los lineamientos para su implementación”, nos ofrece por primera vez las bases para convertir al distrito capital en la primera hidrópolis colombina. Proyecto cuyos términos y contenidos deberán ser parte integral de la formulación del POT distrital, a punto de discutirse en el Concejo Distrital, y de la futura Región Metropolitana Bogotá Cundinamarca, en cuyo proyecto de Ley el agua, como ha sido habitual en nuestro planeamiento, sigue siendo la gran ausente.

* Arquitecto, PhD en urbanismo.

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