¿Hacia un régimen totalitario?

Según encuestas, el candidato Petro es el favorito, pero no hay que olvidar que en el plebiscito las encuestadoras pronosticaban un triunfo del Sí, y esto no pasó

Por: Ariel Peña González
octubre 12, 2021
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¿Hacia un régimen totalitario?
Foto: Leonel Cordero

Principalmente, cabalgando sobre las cifras de pobreza que dejó la pandemia o peste china, la secta marxista con sus diferentes motes pretende alcanzar el poder en las elecciones de 2022, teniendo de candidato a Gustavo Petro, cuyo pasado violento no hay que olvidar; de tal suerte que el dilema entre democracia o dictadura está servido, en donde los enemigos de la libertad, mediante diferentes artilugios y utilizando la táctica del todo vale, buscarán materializar sus abyectos fines para llevar a Colombia a un régimen totalitario.

En varias partes del país vemos a muchachas y muchachos venezolanos pidiendo limosna, y en otros casos, en la prostitución o en trabajos en donde no consiguen ni un mínimo. Esto sucede con miles de jóvenes de la nación vecina, y día tras día se está aumentando el número, pues el salario mínimo mensual en ese país apenas es de 15.000 pesos colombianos, lo que constituye hambre producto del régimen comunista. Pero eso cambiará en Colombia con un gobierno castrochavista o del socialismo del siglo XXI, que es el mismo marxismo, debido a que los venezolanos no tendrán que venir a Colombia, sino que se refugiarán en otras naciones. Esto le sucederá a millones de colombianos, porque, creo yo, Colombia será invivible en manos de Gustavo Petro, quien buscará implementar un sistema marxista leninista (que es una fábrica de miseria) para someter a las masas a un régimen totalitario.

La política de la vida que tanto menciona Gustavo Petro seguirá los mandamientos del comunismo totalitario que practicaron en su momento Stalin, Pol Pot, Mao, Lenin, Kim Il Sung, Fidel Castro, Ho Chi Minh y las guerrillas comunistas, que en su conjunto le han regalado a la humanidad en el último siglo más de 140 millones de asesinatos debido a que el marxismo leninismo lleva implantado el crimen en sus genes.

Con un gobierno de Petro se convocaría a una Asamblea Nacional Constituyente, en el que un ciudadano no representa un voto, sino que organizaciones de fachada o cascarones tendrán la mayoría de representación en esa entidad; sin olvidar desde luego que Petro aplaudió la convocatoria de la constituyente en Venezuela hecha por el dictador Maduro para consolidar su camarilla comunista en 2017.

De ninguna manera se puede desatender que la candidatura presidencial de Gustavo Petro es respaldada por el Partido Comunista colombiano, fundador de las Farc y, desde luego, por la Unión Patriótica; a lo que se debe agregar los Comunes, que son las Farc en la legalidad. En estas colectividades la ideología es marxista leninista, la cual fue repudiada por los pueblos de Europa Oriental con la caída del muro de Berlín y la debacle de la URSS, pero  Fidel Castro, Lula Da Silva y Hugo Chávez, aprovechándose del atraso ideológico y el resentimiento de algunos sectores latinoamericanos, sacaron del basurero de la historia al comunismo totalitario, buscando implementarlo en la región. Eso sí, con disfraces para engañar mejor, lo que constituye un ultraje a la inteligencia de Latinoamérica, pues eso sería  igual a que en los años cuarenta del siglo pasado, después de derrotado el nazismo en la Segunda Guerra Mundial, lo hubieran reciclado en nuestros países presentándolo como el salvador.

Fidel Castro en el año 2010 afirmó sin ningún empacho que el socialismo del siglo XXl, era ni más ni menos que la aplicación práctica del marxismo, de ahí que los colombianos estamos notificados al saber cuál es el futuro que nos espera con Gustavo Petro como presidente, porque su cercanía con el chavismo es incuestionable, y Colombia tendrá el mismo camino de Venezuela en materia de propiedad en donde al grito de ¡exprópiese! Las casas, fincas, lotes y apartamentos que con tanto sacrificios han conseguido los pequeños y medianos propietarios, no quedaran valiendo nada, porque la miseria del pueblo es una condición necesaria para consolidar una dictadura comunista, como bien lo decía el libertario Bakunin en el siglo XlX, por eso en Cuba existe la cartilla de racionamiento y en Venezuela el carnet de la patria y los Clap, que con Petro fácilmente se podrían implementar en Colombia.

El discurso que en algunas ocasiones ha lanzado Petro sobre la ecología y la autogestión es un simple sofismas de distracción, pues en el fondo su origen totalitario le impide tener una mínima posición libertaria al no condenar, por ejemplo, las voladuras de oleoductos por parte de ELN y las Farc, que han producido el derrame de 6 millones de barriles de petróleo en 35 años, lo que constituye un ecocidio y un delito de lesa humanidad de acuerdo con DIH. También el arboricidio que se ha cometido en contra del bosque tropical para sembrar coca no ha sido un tema de rechazo por parte del candidato de la llamada izquierda; claro que a los marxistas poco les importa el medioambiente, porque lo que les interesa es el poder, y si tienen que gobernar en un desierto o en el infierno, con mucho gusto lo hacen.

En las elecciones parlamentarias del 13 de marzo de 2022, en las que también habrá la consulta interpartidista de una Alianza Republicana para Salvar a Colombia, se tiene que alcanzar una cifra importantísima de varios millones de votos, ya que esa sería la cuota inicial para lograr el triunfo en las elecciones presidenciales y espantar la amenaza castrochavista o comunista totalitaria que encarna Gustavo Petro.

Según encuestas, el candidato Gustavo Petro, de la internacional comunista del Foro de São Paulo, es el favorito, lo que hace sonar las alarmas para los demócratas; pero no hay que olvidar que en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 sobre los acuerdos entre el gobierno y las Farc las mismas encuestadoras pronosticaban un triunfo de Sí sobre el No en una relación de 3 a 1. Sin embargo, el pueblo Colombiano votó por el No y este ganó. Todavía hay mucho camino por recorrer para las elecciones, y lo que se debe hacer es un trabajo pedagógico con la ciudadanía para evitar que Colombia sea como Venezuela, Cuba o Nicaragua.

 

 

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