Petro, el principal obstáculo para derrotar a los corruptos y guerreristas en octubre

"Al líder de la Colombia Humana el triunfalismo se le subió a la cabeza y no lo deja pensar: se cree dueño de los votos de quienes lo apoyaron en las elecciones de 2018"

Por: Fernando Dorado
agosto 28, 2019
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Petro, el principal obstáculo para derrotar a los corruptos y guerreristas en octubre

No acostumbro a analizar la política electoral de nuestro país o del mundo citando con nombre propio a los protagonistas individuales. Creo que esas figuras o personas son un resultado de la acción de las fuerzas sociales profundas, que expresan diferentes y antagónicos intereses de clases y/o identidades históricas de tipo político, nacional, étnico, de género, edad y cultura.

No obstante, dadas las circunstancias previas a las elecciones para elegir autoridades regionales y locales, especialmente, las que se viven en torno a la elección para la alcaldía de Bogotá, es necesario mencionar los nombres propios de los actores políticos más relevantes, por cuanto se han convertido en un factor importante a resaltar. La actitud individual, a veces, es definitiva.

Por la forma en la que se dieron las elecciones presidenciales de 2018 y por la manera en la que ha “gobernado” o desgobernado Duque pensé —con cierta ingenuidad— que las fuerzas que siempre he identificado en el campo de la democracia se iban a unificar para derrotar contundentemente al “uribismo” y neutralizar las tendencias autoritarias que juegan dentro del gobierno.

Identifico como fuerzas de la democracia a aquellas que luchan por construir un ambiente institucional que nos permita resolver los grandes y graves conflictos acumulados por siglos, apelando a la confrontación pacífica de las ideas y sin recurrir al ventajismo (corrupción). Es decir, sin armas y sin trampas. Y, ello no implica negar los antagonismos históricos que debemos resolver por vías democráticas, uniendo a las mayorías y sin necesidad de exterminar al contrario.

Dentro de esas fuerzas ubico a quienes hacen parte del Polo Democrático Alternativo, Alianza Verde, Colombia Humana, Compromiso Ciudadano, MAIS, UP, sectores liberales independientes y otros grupos que participan en lo electoral. En el caso de Farc, a pesar de los esfuerzos hechos por sus principales dirigentes, hay muchos “grises” en su entorno.

El principal factor que identifico como obstáculo para conseguir ese avance democrático es el comportamiento “infantil” de Gustavo Petro, líder de la llamada Colombia Humana, que se cree dueño de los votos de las personas que lo apoyaron en la importante (y que, parecía “histórica”) jornada electoral de junio de 2018. El triunfalismo se le subió a la cabeza y no lo deja pensar.

Además, y en relación con ese factor, no ha existido un esfuerzo sostenido durante este año por construir un proyecto democrático y progresista, que fuera garantía para construir convergencias o alianzas políticas en los departamentos y municipios, basadas en programas construidos colectivamente y en formas transparentes y requisitos éticos para escoger a los candidatos (as).

Ese proceso democrático-progresista contaba con óptimas circunstancias para aglutinar a fuerzas de “izquierda” y democráticas populares. Los objetivos planteados por Petro en la campaña electoral, que se pueden sintetizar en la lucha por democracia, paz, cambio del modelo de desarrollo, defensa del medio ambiente, educación y salud públicas, eran un gran punto de apoyo.

No se trataba de crear un nuevo partido o de acabar con los existentes, pero sí de construir un proceso político, juntar a las fuerzas que se convirtieron en la base organizada de la campaña de Petro, que provenían de diversas tendencias y grupos que eran proclives y factibles de acercarse y “articularse”. Unir a lo más cercano para actuar con seriedad frente a los posibles aliados.

Ese espacio democrático-progresista, más o menos unificado, habría sido un buen referente en las elecciones regionales, para “unir a lo más progresista” de este país. Claro, sin renunciar a alianzas con “verdes”, “polistas”, “fajardistas”, “izquierdistas”, y hasta con liberales independientes, aislando al uribismo, al “gavirismo-charista”, al “vargasllerismo”, al “santismo-corrupto”, etc.

Y de paso, combatir el personalismo, el caudillismo y todos los vicios de la política tradicional que han empezado a treparse de frente al interior de las fuerzas progresistas y de izquierda.

Claro, todavía hay tiempo para reflexionar y rectificar. Aunque… ¡no mucho!

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