Opinión

¿Gobernanza de la corrupción?

Nadie puede solazarse con el escenario de la corrupción, pero cuando los referentes éticos, es decir los políticos, degradados a politiqueros, la situación se hace insostenible

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junio 07, 2017
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¿Gobernanza de la corrupción?

Sin lugar a dudas el título de esta columna es una contradicción. La gobernanza tiene como principios fundamentales la transparencia, participación, legalidad, pluralismo, equidad y corresponsabilidad de sus acciones, así como lograr permear de estas características a todas las instituciones. Además busca que los procesos, indiferentes del ámbito público o privado siempre estén sobre la base del cumplimiento de la norma y la democracia como garantía, situaciones que claramente están en contra vía de la corrupción

Como lo expresé en la columna pasada, la gobernanza es un concepto enmarcado en una connotación positiva, benigna para la sociedad, sus ciudadanos y sus instituciones. También es un concepto muy reciente en la ciencia política que está tomando mucha fuerza. Hoy, algunos usos del concepto son guías para trabajos académicos y para expresiones de la realidad.

La siguiente definición de gobernanza es del profesor Luis F. Aguilar, académico mexicano que en los últimos años ha hecho grandes aportes al estudio de la administración pública y de las políticas públicas. Su definición dice así: “Entiendo por gobernanza, el proceso mediante el cual los actores de una sociedad deciden sus objetivos de convivencia –fundamentales y coyunturales- y las formas de coordinarse para realizarlos: su sentido de dirección y su capacidad de dirección.”

Esta definición entrega mayores responsabilidades a todos los ciudadanos, ahora son ellos los que determinan sus reglas y las formas cómo quieren convivir y cómo quieren ser gobernados; ya esto no es solo responsabilidad de un gobierno o una parte de la sociedad, es un trabajo en torno a todo un grupo establecido dentro de un determinado territorio, con soberanía, denominado Estado-Nación.

Pero englobar un concepto de uso eminentemente favorable y provechoso para la sociedad, junto con el peor karma –la corrupción- que vive hoy el mundo entero, no tiene presentación. Por esta razón y según las lecturas desarrolladas y la investigación que estoy emprendiendo sobre la gobernanza, es necesario crear un concepto que se convierta en el antónimo de este, para explicarse mejor. Por tal razón la In-gobernanza sale hoy para explicar cómo la corrupción ha creado un orden, unas redes y unas normas implícitas y explicitas dentro del desarrollo y las relaciones de los ciudadanos en su diario vivir, tanto en lo público, como en lo privado.

 

La corrupción tiene tantos contactos e injerencia
en decisiones trascendentales como la capacidad económica
para lograr manipular a quien se atraviese

 

El poder de la corrupción es notorio, tiene muchos tentáculos dispersos por todo el espectro nacional e internacional y una capacidad para interferir en asuntos públicos o privados que cualquiera quisiera tener. Tiene tantos contactos e injerencia en decisiones trascendentales como la capacidad económica para lograr manipular a quien se atraviese. Sus redes no tienen límites y llega desde el poder político y económico más predominante de una sociedad (presidente, congreso, altas cortes, banqueros, gerentes, juntas directivas), hasta el ciudadano del común que viva en una zona apartada del país y vende su voto, como lo muestra en su libro Alberto Restrepo González, titulado Raíces Aldeanas de la Corrupción. Todo una muestra de In-gobernanza en su forma y en su método para inmiscuirse en cada uno de los eventos cotidianos de la vida de una sociedad.

Lo cierto es que hay acciones paralelas dentro de la legalidad y la ilegalidad, donde los actos de corrupción se convirtieron en paisaje, y la ‘normalidad’ terminó siendo que todos podemos sobrevivir con estos planteamientos perversos donde el “vivo vive del bobo”, el camino del atajo es el predilecto y donde el dinero fácil de la criminalidad hace babear a más de uno, legitimando (con tristeza lo digo), la corrupción.

Nadie puede estar feliz con este escenario, pero cuando quienes deberían ser nuestros referentes éticos, es decir los políticos, degradados a politiqueros, la situación se hace insostenible. Como dice mi madre “la palabra enseña y el ejemplo arrastra”. Y aunque el panorama es desalentador hago una propuesta, cada vez que realice una acción piense si ella está a favor o en contra de lo público, si se sentiría orgulloso de contarle esto a alguien y si esa acción está acorde a sus principios.

@julianelpolit

[email protected]

 

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