Gaviria se arrepiente

Quizás el voto más melodramático ocurrió cuando decidió irse con Duque. Fue en vivo y en directo, y quedamos demudados, pues no se le partía el corazón de la vergüenza

Por: Carlos Roberto Támara Gómez
Diciembre 06, 2018
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Gaviria se arrepiente
Foto: Facebook - Partido Liberal Colombiano

Paradójicamente, eso ocurrió exactamente tres millonésimas de segundo después que un chico De la Calle sin votos propios lanzara su candidatura. Durante un tiempo en que aparentemente nada pasaba. ¡Mentiras! Gaviria alistaba su garrocha y hacía prácticas con nadie menos que Yelena Isinbáyeba la plusmarquista mundial rusa. Luego fueron a un circo de acrobacias. Ella supo al instante que él volaría lejos. Tenía talento.

El chico De la Calle nunca llegó a saber por qué nadie se le acercó a proponerle coaliciones que impulsaran algunas diabluras que él, inexperto, no sabía cómo hacer. Y no es que Gaviria solo las espantara De la Calle era tan iluso que le decía a Duque cómo comportarse para decir mejor las mentiras. Pero a Duque, ya sabemos quién, le susurraban al oído.

-Haz exactamente lo contrario de lo que te diga ese tonto. ¡Mira que hizo la paz!

Y ni corto ni perezoso retacaba con una retahíla de coplas como estando en un concurso paisa de creativos mentirosos.

Allá arriba de aquel cerro

Donde el agua no faltaba

Vino Petro con Maduro

Y el agua nunca alcanzaba.

Pero nunca mencionaba

A aquél chico de la Calle

Pues su rating, ni en el Valle

A puntuar nunca alcanzaba.

Y el chico De la Calle sucumbió en el océano miserable del 5 por ciento que no alcanzaba al ídem 10 que le garantizaba a Gaviria el Niño Jesús de Praga. ¡Y dio el salto una millonésima de segundo después! Isinbáyeba lo vio volar como si atravesara volátil el otrora Salto del Tequendama, ahora mefítico. El récord plusmarquista de Yelena yacía hecho añicos por las gargantas del río. ¡Los dueños del circo lo contrataron inmediatamente!

Allí mismo, Vargas Y Eras llegaba con un mamotreto estilo León de Greiff: su programa de gobierno. Sollozaban hecho hinojos:

Juego mi vida

Cambio mi vida

De todas modos

La llevo perdida.

Y, luego, con igual dejo de melancolía tortura:

(………)

Lontano, absconto, sibilino. Dura

lasca de corindón, vislumbre obscura,

Gota abisal de música secreta.

Amor apercibida la saeta.

Dolor en ristre lanza de amargura

(……)

Daba para llorar. Rápidamente aquel que musitaba al oído de Duque supo que aun así estaban perdidas las elecciones. Esos dos nada sumaban. ¡Y alistó y llenó varias alforjas! ¡Rumbo a la Costa!

Hasta que llegó la hora de arrepentirse.

La primera noticia fue cuando el decreto, supuestamente infantil, sobre la Dosis Mínima, inmediatamente previo al inminente viaje a Washington que orquestaba el inefable Pachito Eché. Gaviria se burló diciendo que pondrían a la policía en las esquinas contra los bazuqueros como si la seguridad (¿democrática?) en las ciudades no fuera lo principal. Allí mismo le cerraron la boca con la Contraloría y una embajada egipcia.

Pero luego siguió el viaje a Europa con cohorte a bordo. ¡Y el IVA! ¡Debacle total! Y empezaron las filas de los arrepentidos. El asunto ha llegado a tal grado que aquél que siempre ha musitado canciones de amor y nostalgia al oído de Duque, precisó llamarlo a puyengue. ¿Sacarlo de la mermelada con albaricoque? ¡Ahí fue Troya!

Y a qué viene todo esto. Pues que está ocurriendo un fenómeno que la sistematización teórica de la política en Colombia debe exigir aclarar perentoriamente. Casi coincidiendo con la presupuestaria política surge una subfase impajaritable: las mentiras empiezan a devolverse. Con inusitada saña develan su naturaleza contando del oficio que ejercieron.

Es el caso: si el uvismo, momento en que los ganadores pasan a estar en la uva, dicta hacia dónde iban a dirigirse las inversiones y los presupuestos entonces la verdad choca con las mentiras que se dijeron. Ineluctablemente.

Anticipemos la evidencia de las nuevas lágrimas. Lo que está ocurriéndole al mentor Trump, siendo sintomático de estar cortados por las mismas tijeras:

“A principios de ese año, Wolikow había sido despedido de la planta de General Motors en Lordstown, donde había trabajado desde el año 2008. Tiene muchas esperanzas de que la planta una vez aumente la producción vuelva a llamarlo. El presidente reforzó esas esperanzas. “Creí lo que dijo, y en ese momento me convertí en un partidario de Trump”, dijo Wolikow. “Me hizo sentir que no estaba mintiendo y que estaba siendo honesto”.

Y luego:

“Hasta ahora, el presidente Trump ha estado inactivo en tal cambio y debe explicarlo en esta comunidad”, dijo Ryan en un comunicado. “Nos prometió que su recorte masivo de impuestos corporativos llevaría a reinversiones dramáticas en nuestras comunidades. Eso claramente no está sucediendo”.

Pero exijo que noten algo. Trump volvió a mentir. Primero dijo que devolvería los trabajos, luego cuando su Presupuestaria, mintió que tras el recorte fiscal a los ricos ocurrirá el milagro; pero, riposta Ryan “(…) eso claramente no está sucediendo”.

No, no va a ocurrir, nada.

Los ricos no dan puntada,

Ni siquiera con dedal.

Y eso es algo sin igual.

Y solloza torturado el pobre Wolikow: “Es realmente difícil ser partidario de Trump en un momento como este”. ¡Snif! ¡Snif!

Wolikow descubrió que el gas pela. Ahora Gaviria tiene mucho hacia dónde dirigir sus críticas para seguir pelechando. Está sobrado. Tiene cuatro años para arrepentirse. Pero hay casi cinco millones de personas que estarían haciendo fila. ¡Quieta Margarita!: en algún lugar aquel que hace guiños a Duque puede estar preparando al próximo mentiroso.

Notas. Llamar a puyengue es colombianismo. Ryan, Tim Ryan es demócrata por Ohio, exigiéndole a Trump que cumpla. La cita es del Huffington Post: “Tommy Wolikow recuerda el día en que se ha convertido en partidario de Donald Trump”. En nuestra Costa al ACPM le llaman gas.

 

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