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¿Ganan demasiado los bancos?

El Grupo de Sarmiento controla el 40%, el G.E.A en cabeza de Bojanini el 25%, y el Grupo Bolívar, liderado por Miguel Cortés, más de 10%

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Febrero 15, 2017
¿Ganan demasiado los bancos?

La pregunta es recurrente y relevante. El sistema bancario colombiano hoy es sólido y gana mucho dinero, con el cual remunera a sus accionistas e invierte para crecer y robustecer sus servicios. Sin embargo, no sobran los interrogantes sobre la legitimidad de sus resultados y sobre su solidez en escenarios de dificultades para la economía nacional. Por esta razón es importante hacer rápida recapitulación de su pasado y revisión de su situación actual para pasar a revisar sus perspectivas antes de emitir juicio.

Como en otros países de Latinoamérica, el sistema bancario se ordenó hace casi un siglo bajo la orientación de los Estados Unidos. En el caso de Colombia, la Misión Kemmerer desembocó en la Ley 45 de 1923, que creó el Banco de la República, emisor único y prestamista de última instancia, y puso así fin a la plena libertad en la actividad bancaria. El esquema de supervisión establecido fue avance importante en defensa de los intereses de los depositantes.

Hasta la Ley 45 de 1990 el sistema bancario estaba ordenado por especialidades. La norma, parte de la apertura que impulsó César Gaviria, permitió a los bancos comerciales la prestación de servicios de crédito para vivienda y para el sector productivo a mediano y largo plazo. Como era de esperar, las Corporaciones de Ahorro y Vivienda, que financiaban la construcción y la compra de inmuebles y tenían el monopolio de depósitos a la vista con remuneración se transformaron en bancos; el gobierno nacional vendió sus bancos excepto la Caja Agraria, en proceso que tomó una década, y aparecieron las sociedades fiduciarias para ejecutar las labores que hasta 1990 llevaban a cabo las secciones fiduciarias de los bancos.

Durante el segundo semestre de 1998 y todo 1999, al final del gobierno de Samper y durante el de Andrés Pastrana, la economía nacional se contrajo en forma sin precedentes como coletazo de crisis financiera en el sudeste asiático; el sector inmobiliario perdió valor, de manera que los saldos de las deudas hipotecarias se volvieron mayores que el valor comercial de los activos que las garantizaban. El Gobierno Nacional se vio obligado a  rescatar a los bancos con recursos provenientes del gravamen que estableció a las transacciones financieras, aún vigente aunque con otros usos.

A raíz de la crisis del sistema el gobierno impulsó la consolidación del sistema bancario, para evitar los riesgos de estabilidad propios de instituciones pequeñas. Hoy el grupo de Luis Carlos Sarmiento controla alrededor de 40 por ciento, el Grupo Empresarial Antioqueño, liderado por el Presidente de Grupo Suramericana, David Bojanini, 25 por ciento y el Grupo Bolívar, liderado por Miguel Cortés, más de 10 por ciento. Al finalizar el año la cartera había crecido casi 6 por ciento, lo cual contrasta con el lento crecimiento total de la economía, cerca de 2 por ciento. Las utilidades de los establecimientos de crédito sumaron más de 13 billones. Así las cosas, la participación en el Producto Interno Bruto del sector financiero, que incluye además de los bancos a las aseguradoras, las corporaciones financieras y las sociedades fiduciarias y de corretaje, es del orden de 20 por ciento en Colombia, cuando en Estados Unidos, donde se percibe como alarmante su aumento, es la mitad.

No es claro que el Banco de la República tenga las destrezas necesarias para abordar otra crisis. En la situación que vivió el país entre 1998 y 1999 el liderazgo estuvo a cargo del Ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, y la Superintendente Bancaria, Sara Ordóñez. Se ha especulado que, en general, en ese momento, el gobierno les facilitó las cosas a las entidades grandes y se las hizo difíciles a las pequeñas. Lo cierto es que hoy no cabrían más gravámenes a las transacciones, pues ya suman cuatro por mil, en tanto que el gobierno ha agotado en buena parte su margen de endeudamiento en el empeño de mantener la demanda agregada en respuesta a la caída de los precios del petróleo y ni siquiera tiene capacidad para financiar los compromisos derivados de los acuerdos de La Habana y la atención estatal a la periferia con el propósito de evitar la repetición de la pérdida del dominio sobre parte importante del territorio.

El Banco de la República se ha imputado el mérito de no haber permitido el desbordamiento de los precios desde que la recesión de aquellos años llevó la inflación a cifras razonables, pero ha frenado la economía últimamente, con el propósito de evitar que, por cuenta de la devaluación de 2015, los aumentos en pesos de los insumos importados se traduzcan en inflación excesiva. Se interpreta de manera estrecha la tarea de mantener el poder adquisitivo de la moneda, y no se busca preservar el empleo y mejorar su calidad, así casi la mitad de la población económicamente activa pertenezca al sector informal.

Los balances sólidos son condición necesaria pero no suficiente para asegurar perspectivas sanas. Preocupa en todo el mundo la ética de la profesión bancaria. Los logros de resultados en el corto plazo pueden poner en peligro la sostenibilidad de la economía, como se evidenció en la crisis financiera de la deuda inmobiliaria americana que causó recesión mundial entre 2008 y 2009, de la cual aún quedan residuos importantes, incluidas tasas de interés muy  bajas, que no estimulan el ahorro, y deudas públicas muy elevadas en Estados Unidos y buena parte de Europa, que ponen parte de las soluciones a cargo de generaciones futuras.

La transformación económica de Colombia no está solo en manos de los bancos sino de los gobiernos y de todos los empresarios. Sin embargo, conviene revisar si es demasiado pequeño el riesgo que asumen los depositantes por cuenta del marco normativo del sector financiero y, como consecuencia, el margen de intermediación de los bancos, o sea la diferencia entre lo que cobran a sus clientes y lo que pagan a sus depositantes, es excesivo, de manera que los demás sectores de la economía se vean limitados. No es necesario que los participantes en los mercados hagan acuerdos formales para impulsar los márgenes hacia arriba; basta que haya pocos de ellos y sean inteligentes. Los banqueros lo son, así a veces actúen como rebaño. Quizá es necesaria más competencia en la actividad. Al fin y al cabo, los aumentos desmedidos de la participación del sector financiero en cualquier economía pueden ser preludio de crisis general.

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