Gaira, el éxito callado de Carlos Vives y Guillermo

A punta de caramañolas y pastelitos de arroz, los Vives hicieron de su pasión gastronómica un lugar de encuentro de la farándula, pero además un buen negocio

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Febrero 09, 2018
Gaira, el éxito callado de Carlos Vives y Guillermo
Fotos: archivo dinero.com/civico.com

Cuando era niño el olor de leche asada se extendía en toda la casa de la tia Rita Echeverría. Mientras su hermano Carlos se iba a las canchas a jugar fútbol, Guillermo se quedaba en la cocina, espiando a Rita e intentando desentrañarle sus secretos culinarios más escondidos de alquimista celoso. En un par de años ya hacía unos postres tan ricos como las de su tía, célebres en toda Santa Marta.

Antes de ser actor, cantante o arquitecto, Guillermo Vives quiso ser cocinero. En Santa Marta, antes de que a su hermano le diera el embeleco de aceptar una propuesta de Caracol que se llamaba Gallito Ramírez, habían abierto un restaurante. Se hubiera quedado ahí para siempre si los vientos de la actuación – ese mal familiar- no lo hubiera arrastrado a Bogotá. Allí protagonizó Sombra de tu sombra junto a la polémica Virginia Vallejo. Las cosas no funcionaron bien y Guillo viajó a Nueva York, estuvo dos años allá. Incluso llegó a pensar en escribir, en hacer música, y cada noche salía a visitar un restaurante de esos caseros nuevos. Los track food que apenas empezaban. La idea le quedó sonando.

En 1994 regresó al país, a su casa materna en la calle 96. El paisaje cambiaba. Se demolían las magníficas casas cincuentenarias. Se levantaban edificios llenos de oficinas y empleados que siempre saldrían los mediodías a almorzar. Guillermo todo lo veía desde su ventana y se le ocurrió una idea que cambiaría su vida. Le consultó a su hermano Carlos, quien ya era una estrella hispanoamericana de la música y sus Clásicos de la provincia llegaron a vender, en sólo ese año, 600 mil discos, la idea le sonó. Era como volver a traer todos los sabores de su ciudad, Santa Marta. A su mamá, Aracely Florez Restrepo, también estuvo de acuerdo.

Al principio fue un garaje. 70 sillas en un garaje. La carta apenas tenía 15 platos: Tres ensaladas, una carne, un pescado y un pollo. La parrilla apenas medía 50 centímetros. Las filas eran enormes. Carlos se la pasaba de gira pero empezó a coger el lugar de ensayadero cada vez que volvía. Entonces empezaron a llegar amigos como Andrés Cepedam Santiago Cruz y Fonseca y los empezaron a convencer de que abrieran hasta el domingo y también en las noches. Por esa época Gaira era un restaurante cualquiera, un almorzadero que quería traer al frío de Bogotá el sabor de la comida samaria. Pero la cosa se desbordó a punta de posta negra, suero costeño y arepas de huevo.

 

En 1997 Gaira se convirtió más o menos en lo que es ahora. Compraron la casa de al lado y las otras dos de la manzana. Gaira era un monstruo insaciable de clientes que siempre gozaban entrando. Había buena comida y música. No sólo había comida costeña. Desde que eran niños Doña Aracely los subía en un Renault 4 a recorrer el país y conocer los platos.

Es comida colombiana, sin duda, pero con un toque inconfundible del Caribe. Por eso la Posta de la tía Mary y Cecy, puras recetas de la abuela. A los platos tradicionales empezaron a agregarle platos exóticos como la Casaramá que es una mermelada de yuca brava del amazonas con un sabor fuertísimo que ha vuelto adicto a más de uno.

Gaira se ha convertido en un pequeño imperio en la zona rosa bogotana. Atiende a más de 800 comensales diarios y sus rumbas son épicas. Cuenta con un centro de procesamiento de alimentos que garantiza la calidad de lo que vende y provee a otros restaurantes. En él trabajan cerca de 300 personas. Ahora tiene incluso una academia para niños que se llama Escuela de Río Grande de donde espera sacar más de un talento.  Además se fusionaron con el grupo mexicano Mera, que también está en el aeropuerto de Cancún, para operar dentro del Dorado después de las reformas que le hicieron. Mera quería traer 5 restaurantes para los viajeros pero desde mediados del 2017 se contactaron con los Vives y a ambas partes les gustó la idea. La sucursal del aeropuerto se lanzará en los próximos meses.

El sueño de los Vives no sólo se han cumplido, sino que se ha desbordado.  Trajo a la fría capital los sabores de su niñez en Santa Marta y, además, convirtió a Gaira en un sitio de peregrinación para todos los bogotanos.

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