Ferraris chocados y fiestas interminables: los desafueros de Arturo Vidal

Su peinado salvaje revela una vida convulsionada que no le quita fuerza al rival más peligroso que puede tener Colombia en su partido contra Chile

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junio 28, 2019
Ferraris chocados y fiestas interminables: los desafueros de Arturo Vidal

Arturo Vidal maduró biche. Se convirtió en el hombre de la casa el día que su mamá Jackeline tuvo que sacarlo a él y a sus cinco hermanos menores de la pieza en que vivían en Santiago de Chile después de que su papá, un borracho sin salvación, llegara tambaleándose tras gastarse sus últimos pesos en la cantina y le prendiera fuego al lugar. Arturo, furioso y desbocado, no volvió a saber más de aquel señor hasta muchos años después.

Lo de jugar al fútbol se le dio casi por azar. Su verdadera pasión eran los caballos. Trabajó siendo aún muy joven en el Club Hípico de Chile recogiendo el estiércol de las bestias, con las que se quedaba horas mientras destellado por la belleza de su silueta. Con cada cepillada crecía su deseo por tener un caballo ganador, un campeón al que pudiera entregarle su tiempo y su dinero. Pero ninguno de los dos lo tenía. Sin embargo, su vida en el hipódromo fue interrumpida después de que Enrique Carreño, el hombre con quien trabajaba en las pesebreras del club, lo viera jugar en un partido. Según dicen, tuvo que inventarse una excusa para sacarlo de ahí, no quería que Arturo perdiera su tiempo cuidando animales, su futuro estaba en las canchas.

Vidal ha sabido moverse en todos los terrenos. Comenzó su carrera como futbolista siendo defensa, pero tenía salida y hambre de gol, y rápidamente se convirtió en un recio centrocampista capaz de crear juego, pero también en un sacrificado dispuesto a comer tierra con tal de defender su arco. A los 11 años estaba entrenando con el club Rodelindo Román, un pequeño equipo que se juntaba al frente de su casa en una cancha de sin un solo centímetro de pasto y todos de polvo.

Pero Arturo no duró mucho tiempo en ese pequeño club y sin darse cuenta estaba entrenando con los infantiles del Colo Colo. Un entrenador se lo llevó para el campo del equipo chileno por donde han pasado las grandes estrellas de La Roja y Vidal se lo agradeció, entregándole todo su tiempo al fútbol. En poco tiempo se ganó la titularidad en el mediocampo, y en 2005 debutó con las mayores de la mano del entrenador Marcelo Espina: "Tengo que ser sincero, después de muchos años alguien me lo recordó. La verdad, yo no me acordaba que había hecho ingresar a Arturo. No fue mérito mío hacerlo debutar, fue mérito de él, cualquiera que hubiese estado en esa situación, probablemente hubiese tomado la misma decisión porque en lo deportivo ya estaba dando muestras de mucha calidad".

La vida le cambió por completo. Unos años atrás, apenas si podía aportar para pagar el agua de su casa, y con escasos 20 años ya recibía un sueldo de 1.500 dólares, ganó el campeonato chileno y se puso la camiseta de La Roja con la sub-20. La carrera de Vidal era imparable, y la suerte lo seguía como si fuera la vida la que le debiera algo. De ahí en adelante dio pasos de gigante y en 2007 un cazatalentos alemán llegó al país austral para comprar a un delantero de la Universidad de Chile, pero en el entrenamiento se encontró con el mediocampista del equipo rival. Sin pensarlo, Vidal se había asegurado un tiquete a Europa, de donde hasta hoy no ha regresado y sigue conquistando a sus anchas.

El Bayern Leverkusen lo compró su dudar un solo segundo y pasó a ganarse 80 mil dólares al mes, convirtiéndose en el pase más caro de su país costando 5.5 millones de euros.

Su nombre se escuchó en todos los radios y televisores de Chile en un partido de la selección contra Venezuela por las eliminatorias al mundial de Sudáfrica 2010. Pero todavía no era conocido como el Rey Arturo, sino El Celia, por sus excelentes imitaciones de Celia Cruz en el camerino. “Se elevó como si una fuerza extraña le levantara los pelos… ¡a Celia!” Vidal convertía su primer gol con la camiseta chilena, la número 8 que hoy todavía lleva estampada en la espalda.

Vidal comenzó a valer oro. Y la Juventus lo sabía, por eso el equipo italiano no dudó en desembolsar los 20 millones de euros por el jugador chileno. El hombre de la cresta y los tatuajes en el cuello no pudo tener un mejor comienzo con la Vecchia Signora. Debutó reemplazando nada más ni nada menos que a Alessandro Del Piero, el histórico de Turín que no abandonó al equipo ni siquiera en su peor crisis, cuando descendió a segunda división después de que se comprobara la compra de partidos con los que ganó dos scudettos.

Pero su ascenso en el mundo mundo italiano también se convirtió en su mayor cruz. Vidal, quien fue coronado en Italia como El Rey Arturo, les dio rienda suelta a sus excesos: fiestas, carros y apuestas se desbordaron con rapidez.

Después de que Chile clasificara al Mundial de Brasil 2014, el mediocampista desapareció durante dos días en los que no paró de festejar y tomar con sus amigos de infancia. En la concentración de la selección todos andaban buscándolo, pero él no estaba desaparecido, solo andaba de parranda. Saliendo también de otra fiesta, pero esta vez en Turín, protagonizó otro bochornoso hecho al golpear y enfrentarse con unos jóvenes que tuvieron que pedir la ayuda de los carabineros italianos.

Pero solo un jugador como Vidal, que no esconde sus frustraciones en la cancha y demuestra la entrega en cada partido, puede ser perdonado por todo un país después de ser el centro de atención por sus desmanes. Durante la Copa América en 2015 en Chile, el entrenador Jorge Sampaoli les dio la noche libre a los jugadores. Vidal aprovechó el permiso para irse de fiesta, y de regreso a la concentración, estrelló su Ferrari en el que iba a más de 150 km/h.

Su caso se convirtió en un asunto que involucró incluso a la entonces presidente Michelle Bachelet, quien le preguntó a Sampaoli qué decisión tomaría al respecto. Vidal lloró frente a las cámaras en una rueda de prensa, pero todo quedó en el pasado cuando La Roja se coronó campeona ganándole a Uruguay en el Estadio Nacional.

Su regreso a Alemania, esta vez con el Bayern Munich, simplemente fue la continuación de sus desenfrenadas fiestas. Desde el año pasado está denunciado por golpes y lesiones en una pelea dentro de una discoteca en la capital bávara, y en España, donde juega con el Barcelona, la historia no ha sido muy diferente. Pero Vidal sigue siendo el Rey dentro de la cancha, y los chilenos le han perdonado todo. Ni siquiera Bachellet tiene problema en relacionarse con él, e incluso fue a su boda en el mismo club de Santiago donde trabajó como limpiacaca de caballos.

Vidal ha castigado dos veces a Colombia, una en eliminatorias y otra en la Copa América Centenario de 2016. Otra vez el enfrentamiento se dará dentro del torneo más antiguo del continente, y espera repetir la fórmula para defender el título que Colombia desea conquistar por segunda vez.

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