Opinión

Falta saber cómo será el golpe

No estamos al borde del abismo, pendientes de si damos el paso para caer en él, sino ya estamos en el aire sin saber cómo será el porrazo

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febrero 01, 2017
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En 1792 los franceses le cortaron la cabeza al rey Luis XVI y acabó el régimen monárquico en ese país. Pero la historia considera que la revolución se inició con la toma de la prisión de La Bastilla en 1789. Pasaron tres años de limbo entre el fin del régimen y el evento que lo iniciara, años en los cuales los actores no tenían presente ni la dimensión del proceso histórico que vivían, ni hasta dónde los llevaría.

En Colombia nos abruman con la idea que el Acuerdo de Paz de La Habana cambiará nuestra historia. La verdad es que el momento que vivimos sí augura que entramos a un periodo de grandes transformaciones e incertidumbres, pero puede ser un error atribuírselo a la nueva relación con las Farc y pensar que estamos comenzando una era de prosperidad.

Si dejamos de ver nuestro ombligo y ponemos atención a un contexto más amplio, la situación está lejos de ser color de rosa.

 

En la economía mundial se cumplió el ciclo del neoliberalismo
y hoy solo se habla de él en pasado

 

En la economía mundial se cumplió el ciclo del neoliberalismo y hoy solo se habla de él en pasado, y más para reconocer sus fallas que para reivindicar sus resultados. Básicamente son más las frustraciones ante las expectativas que creó que las satisfacciones producidas y así lo prueban tanto las manifestaciones de ‘izquierda’ del pasado lustro con los movimientos de ‘indignados’ en diferentes naciones, como las crisis de las economías que más se apoyaron en las promesas de ese modelo (Grecia, España, Irlanda). Las consecuencias sociales con aumento de desigualdad y de desempleo en todas partes del mundo, y la acogida a las nuevas fuerzas de derecha con el ‘populismo nacionalista’ (debería llamarse ‘nacional-populismo’) confirman que ni un lado ni el otro aceptan o defienden la continuidad del modelo. Tras el brexit y la elección de Trump se considera casi segura la elección de los que se llaman ‘Partidos de la Libertad’ en Austria y en Holanda; en Alemania la Merkel, rogada como única opción para enfrentar un probable triunfo del candidato francamente neonazi, tuvo que aceptar la candidatura; y en Francia buscan alianzas para impedir el casi inminente triunfo de Marine Le Pen.

En nuestro mundo apenas estamos viendo las repercusiones de haber montado una economía basada en la exportación de recursos naturales —especialmente petróleo— creando la enfermedad holandesa; y lo que es peor, lo hicimos en un momento en que el mundo adquiere consciencia y desarrolla sus máximos esfuerzos para disminuir la dependencia de esos productos por representar el fin del planeta; la caída de los precios no es el problema sino la disculpa para ocultar el peor error de estrategia en el diseño y montaje de nuestra economía (y aún nada se dice de corregirlo).

Nuestro vecindario y nuestras relaciones con él han sufrido un vuelco donde Venezuela dejó de ser el socio privilegiado, Brazil perdió el liderazgo y el carácter de contrapeso latinoamericano al ‘mirar hacia el Norte’ como única opción, y eso en el mismo momento que ese ‘Norte’ se convierte en la máxima incertidumbre con la elección de algo rarísimo a la cabeza.

 

Echarle la culpa de todo a la corrupción
es confundir el efecto con la causa

 

Y ya propiamente en lo interno, es indiscutible  la urgente necesidad de reformas a la Educación, a la Salud, a las Pensiones, un estatuto del trabajo y sobre todo un ajuste total al sistema de Administración de Justicia hoy prácticamente inexistente; echarle la culpa de todo a la corrupción es confundir el efecto con la causa, pero sobretodo, por la forma en que ahora se volvió bandera de todas las campañas (políticas, de los medios, del Gobierno), es pretender reconocer su existencia pero desconociendo el diagnóstico de sus orígenes y de los caminos para corregirla, diferentes de ‘Educación Ciudadana’ y nuevas leyes represivas.

No estamos al borde del abismo, pendientes de si damos el paso para caer en él, sino ya estamos en el aire sin saber cómo y qué tan duro será el golpe. Y nuestras autoridades siguen como el individuo que cayó del décimo piso y cuando va en el quinto piensa ‘como vamos, vamos bien’.

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