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Programas de extensión es la expresión que ahora se usa para las actividades de las Universidades para hacer llegar a la sociedad los resultados de su trabajo de innovación y desarrollo.
En nuestra Colombia, promover que contemos con modelos de extensión que sirvan, lleven tecnología a las industrias, acerquen las brechas sociales, ayuden a la nivelación por arriba de las diferentes regiones y, sobre todo, sean un estímulo adecuado para nuestros investigadores y docentes, debe ser un propósito nacional.
Para lograrlo debemos usar bien los recursos humanos y económicos con que contamos:
Dinero sí hay: La Asignación para la Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI) del Sistema General de Regalías corresponde al 10% de los recursos totales de ese sistema. Las asignaciones son bianuales, pero, mal contados, nunca estamos hablando de menos de un billón de pesos por año. Y esa, aunque una muy principal, es solo una de las fuentes de financiación para que la academia, la Universidad, se haga parte de los cambios que precisa Colombia.
Esos recursos son muy significativos y están destinados a financiar proyectos que fortalezcan la capacidad científica, tecnológica, de innovación y la competitividad regional. Una de las modalidades que más puntos otorga en las convocatorias, son las alianzas entre las regiones y la academia. Entonces, están dadas las condiciones para que se hagan las alianzas entre departamentos y municipios con las Universidades en que, las voces de las regiones traigan las necesidades territoriales y los académicos pongan lo que saben hacer: Dar soluciones. Es preciso, obvio, que esos binomios comiencen a trabajar desde ya, para que las convocatorias que debe liderar el Ministerio de Ciencia tengan en cuenta esa alternativa.
Están, obviamente, todas las consultorías que el Gobierno necesita. En esa dirección, ahora que viene el Plan Nacional de Desarrollo qué bueno sería que en las bases y el articulado se identificaran esas demandas, para que las Universidades se preparen desde ahora. Y, en todo caso, cada uno de esos centros de pensamiento puede, desde ya, estar pendiente de dónde se darán esas contrataciones, participar y lograr las asignaciones.
Sin duda alguna, sería deseable que, además de las condiciones tributarias ventajosas que ya hay para esos centros, se les diera un puntaje preferencial, en la medida que se comprometan a que, el know-how que desarrollarán en las consultorías se haga parte de los programas curriculares regulares de sus cursos.
Y qué no decir de las consultorías para empresas, industrias y gremios.
Además, aprendiendo de lo que se hace en otras latitudes, para nuestras Universidades podríamos implementar y depurar por lo menos 4 experiencias:
Se precisa que a las unidades que coordinan la participación en las convocatorias, las dotemos de lo que necesitan para que tengan un papel en identificar, buscar, hacer seguimiento, de todas las oportunidades, nacionales, locales e internacionales que se abran y en las que se tengan las condiciones para éxito.
Esas mismas unidades deben contar con la información sobre todos los docentes e investigadores, en formatos de propuestas para recoger, tipo Misión Imposible, los equipos con que participarán y lograr hacerlo a tiempo y con la expectativa de los mayores puntajes.
Los vasos comunicantes entre las consultorías, la investigación y la docencia deben ser explícitos y de dos vías para que se dé una retroalimentación permanente.
Y, lo clave, no podemos castigar a las estrellas que están llamadas a ser protagonistas de esos trabajos. Debemos crear las reglas y condiciones para que, para los docentes e investigadores, sea un premio en dedicación, tiempo y remuneración traer las oportunidades, ser parte de los equipos y hacer el esfuerzo que ello significa.
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