Opinión

Exigimos la continuidad de La Fiesta del Libro MED (En modo arenga…)

Candidatos a la alcaldía, quedan notificados: no es una opción, es una obligación

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septiembre 24, 2015
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Por el deterioro del centro, porque los libreros están en vías de extinción, porque la ciberdistracción llegó para quedarse, porque la canasta familiar excluye al libro, porque aquí se lee poco (2.2 libros anuales por persona —según reciente estudio regional del Cerlalc—, nos sitúan en la cola del ranking; lo encabeza Chile con 5.4; España nos da sopa y seco con 10.3), porque el mercado de libros se ha convertido en un deporte de alto riesgo, porque el pez grande se come al pequeño, por lo que sea, en Medellín se están cerrando librerías.

De la noche a la mañana hacen, ¡boom!, como el corazón de Carmen Balcells y dejan de existir. (Como el Boom.)

Por fortuna, se abren y fortalecen otros espacios. La Fiesta del Libro y la Cultura, cuya novena edición acaba de terminar en el Jardín Botánico, luego de acoger a más de 370.000 visitantes durante diez días que —parodiando a John Reed— conmovieron a la ciudad, es tal vez la muestra más destacable. Y más incluyente, entre otras cosas porque está dirigida a todos los estratos, ocupaciones y edades —estudiantes de colegio en primer orden— con el propósito de estimular el interés por la lectura. De contagiar el gozo que la lectura produce.

Es eso lo mejor de esta Fiesta, después del nombre, claro. (Fiesta supera a feria en el imaginario colectivo). Los libros son una fiesta y la lectura, un acto gozoso de principio a fin. Subjetivo y libre. Que no admite comparaciones, nadie es mejor o peor que nadie por sus preferencias literarias; ni obedece a rigideces, leer por obligación —excepto en los casos en que, por trabajo, toca hacerlo— es una pérdida de tiempo cuando hay tanto para escoger y tan poco tiempo para leer.

O para vivir, que es casi lo mismo. (“Haz por pensar en cosas agradables porque vamos a estar mucho tiempo enterrados”, decía Dorotea a Juan Preciado en el inigualable Pedro Páramo que, a propósito, está cumpliendo sesenta años.)

Todos los lectores, ocasionales y compulsivos, guardamos una lista negra de títulos a los que no les hemos podido hincar el diente por más que lo hayamos intentado. Sólo que muchos, la mayoría, la ocultan como el mayor de los secretos por temor a ser tachados de superficiales, incultos o cortos de inteligencia. (En esto de la cultura hay pose y hay arribismo y hay moda y hay, incluso, bullying.)

Otros hemos perdido, felizmente, la vergüenza.

Es una delicia poder decir, alto y claro, que La Montaña Mágica (Thomas Mann), luego de tres intentos pasó, por fin, a dormir el sueño de los justos y que El Péndulo de Foucault (Umberto Eco) es más poderoso que la anestesia y que el Ulises de Joyce es ininteligible y que Memoria de mis putas tristes es la decadencia del ingenio monumental de García Márquez y que Tokio Blues (Murakami) está perfecto para cuñar puertas y que la María de Isaacs pues…

Y, ¿sabe qué? Sea lo que sea que usted piense de esta punta de iceberg —la parte ancha del listado de abandonados no cabría en este espacio—, tiene toda la razón.

Leer es lo que importa.

El director de la Fiesta, el matemático y escritor Juan Diego Mejía (no somos parientes, valga la aclaración) y el equipo que lo acompaña están empeñados —y lo están consiguiendo— en abrir nuevos caminos en lo que la gente quiere leer, más allá del círculo con frecuencia vicioso que caracteriza la relación autor-editor-lector: al pueblo bestsellers y circo. Por eso la oferta editorial que nutrió este año los tres grandes salones: el Iberoamericano del Libro Universitario, el del Libro Infantil y Juvenil y el de Nuevas Lecturas fue producto de una curaduría elaborada por expertos. Cero rellenos en las estanterías.

Para el 2016 se abrirá un cuarto salón, el de Editoriales Independientes de América Latina, y se concederá por primera vez el Premio León de Greiff a la obra completa de un poeta. Y se volverá a “leer la vida”.

(¿”De puta madre” es como dicen los españoles cuando algo les fascina?)

COPETE DE CREMA: Aquí la arenga: ¡Exigimos/la continuidad/de la Fiesta/del Libro/en Medellín! En columnas de opinión, artículos periodísticos, redes sociales, mensajes de texto y, por sobre todo en las urnas, los ciudadanos tenemos el deber y el derecho de velar porque los candidatos a la alcaldía (la Fiesta es organizada por la Secretaría de Cultura Ciudadana y la Fundación Jordi Sierra i Fabra), ninguno de los cuales se ha referido al evento —el que puntea en las encuestas no debe saber que existe—, garanticen su permanencia. Quedan notificados: no es una opción, es una obligación.

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