La masificación de las tiendas de bajo costo en el país ha traído consigo un debate necesario sobre la calidad de lo que consumimos. Algunos productos que vende Dollarcity se han caracterizado por su mala calidad. Muchas veces ni siquiera sirven desde el comienzo (eso me pasó con unas tijeras supuestamente para cortar pelo de mascota) o se dañan tan rápido que uno termina botándolos a la caneca y perdiendo el dinero.
En el hogar, la experiencia pasa de la utilidad a la frustración técnica. Ejemplo de esto es un organizador esquinero para ducha, pero por el mal material —no acero inoxidable, sino solo un seudo-recubrimiento— se oxida muy rápido y toca botarlo porque el óxido mancha el enchapado de la bañera. Lo mismo ocurre con los organizadores rectangulares: el adhesivo para pegarlos a la pared se vence muy rápido y terminan por caerse.

La preocupación escala cuando los defectos afectan la seguridad alimentaria, como es el caso del sartén: cuando lo puse en la hornilla de la estufa, empieza a oler raro porque el antiadherente químico se volatiliza con el calor. Esto genera desconfianza en la gente que, por salud, terminan por botarlo.

Ante estas evidencias, la invitación los ciudadanos sugieren tener cautela: no se trata de no volver a comprar en Dollarcity, sino pensarlo dos veces. Sobre todo porque la tienda da solo una garantía de 48 horas si se quiere solicitar cambios o devoluciones; es decir, cuando usted quiere cambiar un producto defectuoso, la garantía por lo general ya expiró.
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