Estimada Claudia Palacios, la invito a que sea más cuidadosa

Una reflexión a propósito de la controversial columna 'Paren de parir', escrita por la reconocida periodista

Por: César Alberto Correa Martínez
junio 30, 2019
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Estimada Claudia Palacios, la invito a que sea más cuidadosa
Foto: Twitter @claudiapalacios

Estimada Claudia Palacios,

Leí la columna que escribió sobre parar de parir, en El Tiempo, y creí que debía hacer algunas reflexiones sobre el tema.

Hay, en el asunto abordado con aparente seriedad, puesto que escribe muy bonito, un problema de fondo, y es el control de natalidad. Son varios los estudios que hablan de detener la paridera, pero no de los pobres, sino de todos, no de los venezolanos sino de las personas de todos los países, incluyéndola a usted, porque cuando los recursos naturales, no los económicos, se acaben, sufrirán por igual sus hijos y los hijos de los inmigrantes.

Un punto, para empezar y que me llama especialmente la atención, es que hace entrever que les estamos haciendo un favor a los venezolanos, lo que debo calificar como una verdad a medias. Los colombianos firmamos un acuerdo sobre nuevas bases de esta sociedad en un momento en que sus estructuras básicas estaban a punto de resquebrajarse, a partir de 1991, con la expedición de la Constitución de 1991 y, para evitar que fuera un documento de papel, se creó la Corte Constitucional para su defensa. La Corte, para su sorpresa, la mía, la de los gobiernos y de muchas personas de distintas esquinas ideológicas, ha sido de las pocas instituciones que ha logrado entender a qué se refiere ese pacto social.

El artículo 44 dice que “son derechos fundamentales de los niños” y en ninguna parte menciona que solo los niños colombianos, o los niños de un estrato u otro (más adelante vuelvo al tema de estratos). Uno de los principios fundantes de las constituciones, es que su aplicación es sin distinción de ningún tipo, es decir, para todas las personas que estén en el territorio nacional. En lo que respecta a los derechos más básicos, así como a los servicios públicos esenciales, la obligación del Estado es la de atenderlos sin importar a quién.

Pero, además, para enfrentarse a nuevos retos, a partir de los fallos de Núremberg, preocupada por refundar los principios trascendentales de todas las naciones, la humanidad ha redefinido las obligaciones y los valores globales, siendo uno de ellos el de la solidaridad. La solidaridad, tan bonita y tan difícil, supone un rompimiento con los valores individualistas y crea en cada persona el deber de ayudar al otro, de ponerse en sus zapatos. El mismo sector salud nuestro, con todos sus problemas estructurales, se basa en gran medida en la solidaridad y la Constitución es a la vez individualista en cuanto a los derechos y solidaria respecto de las obligaciones.

Además, sin pretender hacer una defensa del chavismo, le aclaro que los subsidios a los hijos no fueron exclusivos del régimen socialista de Venezuela, pues, viendo en retrospectiva, lo que usted menciona sobre ellos, era lo mismo que pretendía el programa de familias en acción: se pagaba a las madres por cada hijo, siempre que estuvieran sisbenizados con las condiciones creadas en cada caso. Ello no solo incentivaba el nacimiento de más niños, sino que, además, previo a la visita programada, las personas sacaban sus trasteos, especialmente los electrodomésticos, pues eran símbolos de riqueza (no creo necesario tener que explicarle las similitudes) e invitaban amigos y familiares a simular residir en las mismas casas, para dar la sensación de hacinamiento y parecer más pobres.

Yo supongo que la finalidad de su columna no era la de ofender, pero el uso de las palabras no fue el adecuado, puesto que primero, parece un llamamiento a que solo los venezolanos pobres tienen el deber de parar de parir y eso, en una sociedad como la nuestra, no acostumbrada a los inmigrantes externos, pero indiferente a los internos, crea xenofobia, quizás el peor sentimiento que se nos ha despertado a los colombianos en la actualidad por culpa de Maduro.

Y segundo, porque más que xenofobia hacia los venezolanos, lo que hay es aporofobia, que es el rechazo a una persona por ser pobre. No excluimos a los venezolanos por su nacionalidad, no por ser chavistas o no por hablar distinto, sino por su falta de recursos, porque creemos que se convierten en una carga, como lo ha dejado entrever en sus líneas (a los ricos los recibimos con las manos abiertas y les damos puestos directivos en empresas petroleras o programas de televisión e, incluso, a un cantante le regalamos la nacionalidad sin que él la hubiera solicitado y hasta lo trasmitieron en televisión). En ese sentido, a las personas que tienen voz pública y, por ende, son más propensas a ser escuchadas, les corresponde mayor responsabilidad en el uso adecuado de las palabras y la forma en que expresan sus ideas.

Nota: lo que afirma sobre la prohibición de la nacionalidad en la Constitución, es falso. La Constitución sí permite el otorgamiento de la nacionalidad a los hijos de familias venezolanas nacidos en Colombia, la invito a que la lea más cuidadosamente.

 

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