¡Estamos hastiados de Carlos Antonio Vélez!

El comentarista deportivo, Carlos Antonio Vélez, sigue causando polémica por su prepotencia, su ataque a los maestros y sus acusaciones contra Petro

Por: JOSÉ PASTOR PÉREZ CASTRO
febrero 24, 2020
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¡Estamos hastiados de Carlos Antonio Vélez!
Foto: Twitter @velezfutbol

La gente en la calle empezó a llamarlo “Dios Antonio Vélez” porque se cree Dios. Fue un apodo espontáneo, pero da la impresión que nunca le sacó roncha. Quizá le guste porque al parecer es católico. O los hechos no lo desmienten, porque estudió en un colegio católico, porque su hijo se casó por la iglesia y porque ha bautizado a sus bien apadrinados nietos por lo católico. Sin embargo, su peor pecado no es haber posado de erudito comentarista deportivo en un país donde todos se creen con derecho a opinar sobre fútbol. Aun así, ese no es su peor pecado. Su peor pecado es no saber que el peor de los siete pecados capitales es la soberbia. Y soberbio sí es. De esa soberbia que se estila en este país donde se mira por encima del hombro a los pobres y se les lame las suelas a los ricos.

No contentos con tener que sacar de la ignorancia a rancios senadores del Centro Democrático que han opinado de manera odiosa contra los docentes que salen a marchar por las calles para denunciar asesinatos, amenazas y chantajes, ahora es turno de darle una lección a alguien a quien paradójicamente en los medios llaman “el profe”.

Si el “profe” Carlos Antonio Vélez conociera la realidad de los docentes de Colombia no se atrevería a ir tan lejos para opinar que la baja calidad de la educación es por su culpa. Si quiere volvemos a las comparaciones odiosas. Si quiere vamos a la OCDE. En esta organización que aglutina un club de países en su mayoría desarrollados, los docentes no salen a hacer huelgas porque hasta ahora no se tiene noticia de que en China, Canadá o Finlandia haya docentes asesinados o amenazados. Agrego a esto que se protesta por eso durante una jornada laboral porque el paro es laboral. El día que los futbolistas hagan un paro, será un sábado o un domingo, doctor Vélez, porque ese es su día laboral.

Tal es la ignorancia de este abogado que jamás se graduó y que ostenta el título de periodista. Obtuvo un doctorado honoris causa en comunicación y periodismo de la Universidad del Caribe. Un oficio en el que quizá la credibilidad se obtiene por el solo hecho de estar bien informado. Tildar de asesino a un senador como Gustavo Petro por el hecho de que este pertenecía a un grupo insurgente que se tomó el Palacio de Justicia en 1985, cuando Petro era concejal de Zipaquirá (1984 – 1986) no solo es temerario sino irresponsable.  Sobre todo, por el hecho de que cuando sucedió la toma en noviembre del 85, Petro estaba confinado en una cárcel militar (De octubre de 1985 a febrero de 1987). Un verdadero periodista acude a las fuentes, asevera, denuncia y cuando está en el error, rectifica.

Sin embargo, el reclamo más grande tiene que ver con el hecho de que un verdadero periodista debe defender la Libertad de Expresión. Vélez tuvo todas las libertades dadas por su canal cuando se atrevió a opinar y hacerle la vida imposible al único director técnico que ha llevado a la Selección Colombia a clasificar a un mundial de fútbol en dos eliminatorias seguidas. El selectivo de Colombia quedó de 5° en Brasil y el goleador del Mundial fue James Rodríguez. Sin embargo, fueron las opiniones de alguien a quien se tildó en su momento de “sicario moral” las que coadyuvaron al buen estratega a renunciar.

La libertad de expresión no solo debe ser un derecho de la prensa. La libertad de expresión es un derecho dado por las democracias. Salir a protestar porque han sido asesinados y baleados más de veinte docentes en lo que va corrido del año (la mayoría mujeres señor Vélez, ¡Inermes mujeres!) hace parte de la libertad de expresión. No nos imaginamos que emperifollada palabra, dentro de esa retórica plagada de aburridos adjetivos, los mismos que le prohibió José Salgar a García Márquez, podrá usar dicho periodista o su hijo cuando a quienes asesinan son a los periodistas. Esto en el contexto de un país donde se confunde el delito de opinión con el hecho de que opinar es un delito.

Por otro lado, está el asunto de las fuentes. Suponemos que cuando uno es un curtido periodista debe acudir a las fuentes. La primera premisa de una nota en dicha huelga es: “¿por qué protestan los maestros?” y quizás acudir a las fuentes. Como por ejemplo este fragmento tomado de, qué casualidad, la página de RCN Radio del 4 de junio de 2019, cuyo título reza: “Estudio: Más de mil docentes rurales en Colombia han sido asesinados”.  Estudio que dicho sea de paso no fue realizado por FECODE, sino por La fundación Compartir. El artículo firmado por la colega de Vélez, Tania Melo Cortés, complementa que: “El informe también expuso que, según los datos del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), el 67,3 % de los docentes (1.063 de ellos) en estos territorios fueron asesinados selectivamente, siendo este delito el más frecuente para esta población”. (Melo, 2019)

Por último, es importante hablar del rating. En un momento en que las tecnologías de la información y el marketing van de la mano, y en el que ya no se habla de ciegos y mansos consumidores sino de “prosumidores”, es decir consumidores conscientes y activos, los productores del programa “palabras mayores” deberían pensar un poco mejor el devenir de un periodista del que, al igual que le pasó a Jota Mario Valencia, la gente se hastió. En la época actual la gente ha optado por castigar el marketing frente a los medios.

Baste ver que a Win Sports, desde que anunció el cobro de su canal para ver fútbol colombiano, la gente le ha parafraseado su slogan diciendo: “Win, el canal que todos queremos, pero que pagar no podemos”. Vélez debería verse reflejado en un colega de la radio futbolera como Iván Mejía Álvarez, quien, a pesar de su retiro, goza de gran audiencia y aún opina. O en el espejo del mesurado y siempre bien recibido Hernán Peláez Restrepo, este sí un periodista, que a pesar de sus logros no ha perdido la humildad y ha continuado siendo objetivo, creativo e independiente. Ni punto de comparación ¿verdad?

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