La idea de censurar a un catedrático economista es inconcebible estupidez: ha generado enorme solidaridad con Daniel Mejía y sus comentarios han estallado en redes

 - ¿Estamos al borde de la censura totalitaria?

En la Universidad de los Andes uno de los catedráticos de economía más respetados es el profesor Daniel Mejía. En reciente ‘tweet’ Mejía afirmó, “No, IvanCepedaCast, no se equivoque. Lo que realmente nos perturba a millones de colombianos es que una persona como usted, que no ha hecho otra cosa en su vida que defender criminales, secuestradores, terroristas, abusadores sexuales de menores de edad, y reclutadores de niños, pueda llegar a la presidencia. Eso es lo que nos preocupa. Porque no queremos que nuestro futuro esté otros 4 años en manos de criminales. Eso es lo que nos perturba.” El anterior ‘tweet’ del profesor Mejía parece que no gustó a un tiquismiquis de este gobierno que se había desempeñado como ministro de Cultura y que hoy pretende que la Univeridad de los Andes corrija o reprenda al profesor Mejía a raíz de sus afirmaciones. Pretensión tan ridícula como vana dado que las posibilidades de que la Universidad de los Andes reprenda a uno de sus más destacados docentes se acerca a cero. Es más, la sola aspiración de censurar a un importante economista es de inconcebible estupidez: no solo ha generado una enorme solidaridad entre economistas, profesionales, docentes y estudiantes – indistintamente estén de acuerdo con Daniel Mejía – sino que han hecho que los comentarios del profesor Mejía estallen en las redes.

La “paz total” (cuyo arquitecto con la Comisión Intereclesial es Iván Cepeda) parte de una premisa ingenua, que todos los actores armados son, en el fondo, negociables

Hay una realidad dificil de controvertir respecto a la “paz total” de este gobierno (cuyo arquitecto en conjunto con la Comisión Intereclesial es Iván Cepeda) y es que parte de una premisa profundamente ingenua, que todos los actores armados son, en el fondo, negociables. Que basta con abrir canales de diálogo para que guerrillas, disidencias y bandas criminales encuentren incentivos para abandonar la violencia. Esta premisa es  peligrosamente equivocada dado que muy buena parte de estos grupos no son insurgencias con objetivos políticos claros: son empresas criminales, verdaderos carteles de mafiosos con flujos de ingresos estables como es narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión. Negociar con ellas sin alterar sus incentivos equivale a ofrecer legitimidad sin exigir transformación. Señalar y criticar a Iván Cepeda, arquitecto de la “Paz Total” quién aspira a ser el próximo presidente de Colombia no solo es un derecho fundamental dentro de toda democracia, sino que es oportuno para que los ciudadanos entiendan lo que un voto por el candidato equivocado significa.

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Apostilla: Como con precisión describe en días pasados un analista, "Petro deja libres para hacer campaña electoral a 23 cabecillas criminales del Valle de Aburrá. Usarán sus métodos de extorsión y violencia para “convencer” a los electores de que voten por el Pacto Histórico. La “paz total” en campaña… ¿El resultado? Los que ya mandan en los barrios quedan con más margen y más poder. Porque esas estructuras criminales son las que imponen reglas en la calle, manejan los recursos y pueden doblarle la voluntad a comunidades enteras sin mostrarse.”

Del mismo autor: Administrando las consecuencias de su irresponsabilidad

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