La niña que no quiere ser la hija de Angelina Jolie y Brad Pitt

En el 2004 la actriz se encontró a una bebé a punto de morir de hambre. La adoptó y la llevó a vivir a su mansión. 10 años después la niña quiere regresar con su familia biológica en Etiopía

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julio 31, 2015
La niña que no quiere ser la hija de Angelina Jolie y Brad Pitt

Si eres mujer en Awasa, Etiopía,  y te violan, lo más seguro es que termines apedreada por una multitud de cristianos que con fervor preservan las leyes que alguna vez hizo Dios. Por eso, cuando a Mentewab Dawit Lebis un hombre le puso un cuchillo en el cuello, le arrancó las bragas y la violó antes de desaparecer en la oscuridad de la noche, lo único que hizo la mujer de 18 años fue intentar digerir el horror en silencio. Forrándose la barriga con bolsas de plástico intentó disimular el embarazo, pero a los dos meses la protuberancia ya era imposible de ocultar así que, esperando lo peor, se lo contó a su madre quien, para sorpresa suya, se mostró comprensiva y la cuidó como si fuera la mejor enfermera.

En pocos meses la madre aprendió las técnicas de las parteras de la tribu y cuando llegó el momento se sintió lista. La niña nació con bajo peso, los ojos cerrados y tan débil que no tenía fuerzas ni para llorar. Le pusieron el nombre de Yemsrach, que en amárico significa Buenas noticias. Durante el embarazo Mentewab no comió bien, en Awasa conseguir comida sigue siendo una tarea ardua spara dos mujeres solas. El maltrato sufrido en los nueve meses lo pagó caro la recién nacida. Un médico brujo le echó humo en la cara y le intentó sacar los malos espíritus que arrastraba la niña. Pero no mejoraba, así que Mentewab, para no verla morir, caminó por el desierto hasta perderse.

Durante meses la abuela se quedó con la niña quien, poco a poco, iba recuperando las fuerzas. Para llevarle el alimento a su nieta, la anciana tenía que pedir mendrugas de pan y restos de tortas de maíz. Cuando cumplió seis meses la mujer supuso que su hija no volvería, que estaría en algún lugar del desierto, tirada en la arena, siendo alimento para los buitres. Llevada por la desesperación llevó a la bebé a un orfanato. Tres semanas después su hija reapareció, deshilachada, con los labios cortados por la deshidratación, exhausta pero viva. Lloró con desconsuelo cuando se enteró que su bebé, aunque había sobrevivido a una de las terribles hambrunas que atacan Etiopía, ya no estaba entre ellos.

A muchos kilómetros de allí, Brad Pitt y Angelina Jolie empezaban, en el 2004, una de las relaciones más glamorosas de Hollywood. Vivían juntos en una mansión, recibían cada uno cerca de treinta millones de dólares por actuar en una película y tenían una necesidad enorme de poblar, la espaciosa mansión de California, con una camada de hijos.

Como tenían afán y las parejas de estrellas por lo general no se desean entre si, Angelina aprovechó su viaje a Etiopía como embajadora de la UNICEF y, en una visita que hizo a un orfanato en Awasa, conoció a la pequeña Yemsrach. La levantó con sus manos y le pareció que de lo flaca que estaba podía deshacerse como una hoja seca. Se enamoró de ella, preguntó por la madre de la niña y la enfermera le respondió que había muerto de SIDA. En tiempo record la actriz hizo papeles y se llevó a la bebé a Estados Unidos con el nombre de Zahara.  La pequeña Etiope pasó de ser la hija de una madre soltera violada que vivía en una choza al lado de un árbol, bajo la inclemencia del desierto y el hambre, a ocupar una mansión de cuatro millones de dólares y tener como padres a dos de las personas más deseadas de la Tierra.

Tres años después de la adopción empezaron a circular rumores que la adopción de Zahara había sido ilegal, que la madre estaba viva y la requería a su lado. Angelina y Brad viajan a Etiopía, llegan a un acuerdo con Mentewab y a la semana ya la mujer ponía en claro que lo mejor para su hija biológica era tener como padres a los dos actores.

Zahara se educó en los mejores colegios de Estados Unidos y en los diez años que estuvo con la pareja vivió un cuento de hadas. Sin embargo, del último año hasta acá, la niña extraña su patria, su familia verdadera y, a pesar del esfuerzo de sicólogos de convencerla que su verdadera familia son los Pitt, Zahara quiere volver a ser Yemsrach.

Angelina está destrozada y se aferra a la esperanza de que su hija cambie de opinión aunque ya la decisión está tomada; Yemsrach volverá a Etiopía a vivir el destino que el universo le había trazado.

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