¿Está condenado el valle geográfico del río Cauca al monocultivo de caña?

¿Será posible recuperar la biodiversidad?, ¿impulsar otro tipo de cultivos?, ¿reordenar el territorio?

Por: Felipe Solarte Nates.
julio 19, 2019
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¿Está condenado el valle geográfico del río Cauca al monocultivo de caña?
Foto: Missael1990 - CC BY-SA 4.0

¿Es rentable económica y ecológicamente el modelo de desarrollo económico instalado en el valle geográfico del río Cauca, centrado en el monocultivo y procesamiento de la caña de azúcar, ante el progresivo empobrecimiento y colmatación de la tierra por el prolongado uso de maquinaria pesada, la creciente presión sobre el uso de aguas superficiales y profundas, sumado a factores como la inestabilidad de los precios internacionales del azúcar, los costos inferiores del alcohol de maíz importado desde los Estados Unidos para revolverle a la gasolina y que arruina a los fabricantes nacionales de alcohol extraído de la caña de azúcar?

Durante los primeros años de la colonia, en medio de la resistencia de los pijaos que en repetidas ocasiones destruyeron poblaciones como Calóto, desde donde los españoles intentaban asentar a sus autoridades civiles y religiosas, a medida que sometieron los nativos, a partir del siglo XVII, las encomiendas y después las haciendas marcaron la expansión del modelo económico en el campo, que en el suroccidente del país era el sostén de la rentable explotación del oro.

Haciendas como “Japio”, organizada por los jesuitas y después comprada por la familia Arboleda, situada entre Caloto y Santander de Quilichao, estaban concebidas a la manera de los castillos feudales europeos, sin murallas, pero con una gran casona habitada por los amos rodeada de amplios terrenos distribuidos para el pastoreo de ganado bovino y caballar, cultivos de maíz, yuca y otros importados como el trigo y la caña de azúcar, junto a áreas construidas para la habitación de personal subalterno la fabricación y reparación de herramientas y dotación que necesitaran las tropillas de esclavos, capataces y administradores encargados de la explotación de los numerosos “reales de minas” para extraer oro de veta y aluvión abundante en los ríos y montañas, y que en gran cantidad se distribuían, en lo que después de la Constitución de Rionegro de 1863, se llamó el Estado Soberano del Cauca, que en una área aproximada de 600.000 km², (casi la mitad de la actual Colombia) se extendía desde parte de la Amazonia hasta el Chocó.

Esta amplia región del suroccidente Colombiano, administrada desde Popayán, donde tenían sus casas principales los amos esclavistas, junto a Antioquia, era “la sangre dorada” que nutría la economía del imperio colonial en la Nueva Granada, con los esclavos y productos de la metrópoli entrando por Cartagena de Indias, por donde también exportaban la mayoría del oro (el petróleo de la época), y con los virreyes administrando desde la fría y gris Santa Fe de Bogotá.

Después de la Independencia, la libertad de los esclavos, la decadencia de la minería del oro, las numerosas guerras civiles entre liberales y conservadores, el reacomodo de las clases dirigentes y la creación de los departamentos de Nariño y Valle del Cauca, la rancia aristocracia esclavista de Popayán, cedió poder ante el avance de políticos, comerciantes y empresarios, que con la apertura del camino de Buenaventura a Cali, y la inauguración de la navegación a vapor dinamizaron el comercio regional e internacional y con nuevas ideas, capital y técnicas compraron y se apoderaron de grandes extensiones de tierras, sembrando diversos cultivos, explorando nuevas actividades productivas.

También industrializaron el valle geográfico del río Cauca, transformando los antiguos trapiches paneleros de las haciendas en grandes ingenios azucareros, que al 2019 dejaron al norte del Cauca y gran parte del valle geográfico del río Cauca, plagado del monocultivo de caña de azúcar que acorraló y casi acabó, con las fincas tradicionales y pequeñas explotaciones agrícolas de producción diversificada, en disputa por el manejo de las aguas y afectadas por las fumigaciones aéreas con agroquímicos algunos derivados del glifosato.

Alrededor del cultivo y procesamiento de la caña de azúcar se conformó un “cluster” de numerosas industrias dedicadas a obtener no sólo azúcar negra y refinada. También melazas para procesar alcohol y cuando para fabricar aguardiente fue más barato el traído del Ecuador, los ingenios como el del Cauca construyeron grandes destiladoras para adicionarlo a la gasolina y con grandes subsidios del Estado. Otros productos obtenidos de la caña de azúcar también son destinados a la fabricación de concentrados para alimentación animal y productos químicos de uso farmacéutico e industrial. Del bagazo de la caña además se fabrica papel, en la fábrica instalada cerca a Puerto Tejada y hoy propiedad de Carvajal y al quemarlo, con equipos especiales, también se obtiene energía eléctrica. Numerosas industrias de golosinas y confites como Colombina abastecen el mercado nacional y exportan sus productos. A pesar de la creciente mecanización de los procesos de cultivo e industriales, las empresas instaladas en los departamentos del Valle y Cauca generan miles de empleos.

Sin embargo, ¿es rentable económica y ecológicamente, el modelo desarrollo económico instalado en el valle geográfico del río Cauca centrado en el monocultivo y procesamiento de la caña de azúcar, ante el progresivo empobrecimiento y colmatación de la tierra por el prolongado uso de maquinaria pesada, la creciente presión sobre el uso de aguas superficiales y profundas, sumado a factores como la inestabilidad de los precios internacionales del azúcar, los costos inferiores del alcohol de maíz importado desde los Estados Unidos para revolverle a la gasolina y que arruina a los fabricantes nacionales de alcohol extraído de la caña de azúcar?

¿Cómo afrontar los conflictos por la propiedad de la tierra entre cultivadores de caña y comunidades indígenas y negras que en algunos sectores se disputan los mismas tierras y que ha tenido procesos oscuros remontados a la creciente concentración de la propiedad y desplazamiento de las fincas de economía campesina, principalmente a partir de los años 60 del siglo XX y en el área de Santander de Quilichao- Timba- Villarrica, después de la incursión de los paramilitares del Bloque Calima, durante los años 2000-2003?

¿Pueden impulsarse cultivos de frutas tropicales, hortalizas, plantas medicinales e industrias derivadas para aprovechar el enorme y diverso potencial agrícola y ambiental del Valle del Cauca?

¿Cómo concretar la aplicación de los acuerdos con las Farc, en su política de tierras y fortalecimiento de los centros de reubicación de los desmovilizados sin que continúe el asesinato de desmovilizados, líderes de comunidades indígenas, negras y de campesinos que luchan por sus derechos?

¿Cómo implementar políticas educativas y culturales que propicien el respeto de las tradiciones culturales, conocimientos y costumbres de las diversas comunidades étnicas que se asientan y conviven en la región?

¿Cómo enfrentar a las disidencias, al ELN y varios grupos armados que han incursionado en la región para disputarse los cultivos y procesamiento de coca, marihuana, amapola, minería ilegal y otros delitos?

¿Pueden impulsarse cultivos de frutas tropicales e industrias derivadas para aprovechar el enorme potencial agrícola y ambiental del Valle del Cauca?

¿Cómo aprovechar el cultivo legal de la coca y marihuana para extraer los diversos productos de uso farmacéutico y medicinal, cosmético, industrial y alimenticio?

¿Cómo recuperar la biodiversidad del Valle del Cauca?

¿Cómo influirá en las políticas del gobierno nacional, departamental y municipal el creciente desplazamiento del área de desarrollo industrial de la capital del Valle, desde el eje Cali-Yumbo hacía los parques industriales de los municipios del norte del Cauca con sus zonas francas beneficiadas por la Ley Páez?

¿Qué políticas de “Ciudad Región” deben implementar los gobernantes de Cali y las gobernaciones del Valle y del Cauca, en conjunto con el gobierno nacional, teniendo en cuenta que además del desplazamiento de industrias, gran número de habitantes prefieren como ciudades dormitorios a municipios como Jamundí, y otros del Valle, cercanos a Cali y del norte del Cauca, como Villarrica, Puerto Tejada, Guachené, Caloto Santander de Quilichao y hasta poblaciones con mayoría de población indígena que comparando con el anterior censo han aumentado considerablemente su población, como Toribío, Tacueyó y Jambaló?

¿Cómo puede reordenarse el territorio para que efectivamente opere una descentralización creativa concebida por sus habitantes desde sus territorios y con disponibilidad de recursos para emprender proyectos y obras de impacto y beneficio regional?

¿Cómo gobernar a Buenaventura con una política incluyente, respetuosa del ambiente y no de gueto?

¿Qué papel deben desempeñar las diversas fuerzas políticas que actúan en la región ante la pérdida de peso y representantes ante el alto gobierno nacional dominado por dirigentes del centro, Antioquia, el viejo Caldas y otras regiones en donde los últimos gobiernos han concentrado grandes obras de infraestructura, mientras continúan paralizadas las vías que comunican con Popayán, Cali y Buenaventura al Huila, Caquetá y Putumayo, mientras no arrancan las obras de la doble calzada Santander de Quilichao-Popayán y la Doble calzada Popayán-Pasto sigue en veremos?

Estos fueron algunos interrogantes para el análisis y la discusión abiertos en el seminario Pensar el suroccidente, realizado el 3 y 4 de julio en la antigua fábrica de libros de Carvajal en Santander de Quilichao y ahora sede compartida por las Universidad del Valle y del Cauca.

La discusión y el análisis apenas empiezan.

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