Entre sumas y restas se oscurece la elección del próximo presidente

Tres hechos significativos marcaron la nueva geografía electoral: el triunfo de Petro, la adelantada de Hernández y la derrota de Fico y su maquinaria

Por: Luis Alfredo Muñoz Wilches
junio 08, 2022
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Entre sumas y restas se oscurece la elección del próximo presidente
Fotos: Leonel Cordero

En la vida como en la matemática hay que aprender
que todo lo que suma, no suma de verdad
y que hay restas que suman más de lo que esperamos
Anónimo

Con los primeros resultados del preconteo del 29 de mayo quedó configurado un nuevo mapa político en Colombia, que constituye en el partidor de la segunda vuelta en la disputa por la presidencia de Colombia el próximo 19 de junio.

Tres hechos significativos marcan la nueva geografía electoral del país. El primero lo constituye el triunfo de Gustavo Petro en las regiones periféricas y en la mayoría de las ciudades capitales, donde los colombianos y colombianas votaron por el sí en el plebiscito de la paz del año 2016. 

Allí, la influencia de la izquierda se amplió y se intensificó, aumentando la ventaja sobre sus competidores, tanto de centro como de derecha. 

Confirmando así, que el anhelo de cambio y el rechazo al mal Gobierno y a las prácticas políticas corruptas de los partidos tradicionales, lo encarna la propuesta del Pacto Histórico.

El segundo fenómeno lo constituye el sorpresivo triunfó de Rodolfo Hernández en las regiones de “NO”, donde triunfó a Duque en las elecciones del 2018.

En estas regiones del centro y el oriente del país, las propuestas políticas tradicionales han sido dominantes y, recientemente, aquellas vinculadas al proyecto uribista.

Sin embargo, lo más sorprendente ocurrió en las zonas rurales de Boyacá, Cundinamarca y los Santanderes, donde aumentó la participación electoral. 

Y, particularmente, en los municipios más apartados de la geografía andina, donde se observó un aumentó atípico en la votación por el candidato Hernández, como es el caso de municipios del norte de Boyacá (Covarachía 78,5%). 

El oriente de Santander (Cerrito 84,2%, Carcasí 84,1%, Coromoro 88,6%, Encino 88,1%, Onzaga 86%, Macaravita 84,1%, Mogotes 85,7%, Gambita 80,7% y Tona 83,8%) y en el sur de Norte de Santander (Chitaga 79,8%, Silos 88,7%, y Mutiscua 84,3%, ), donde no conocen al candidato y, mucho menos este ha hecho presencia allí.

El tercer hecho significativo es estruendoso fracaso de la candidatura oficialista de Federico Gutiérrez, ungido por el gobierno de Duque y la gavilla del uribismo y de toda la clase política tradicional, que logró solo un holgado triunfo en Antioquia, donde había sido Alcalde de su capital durante los años 2016-2019.

En el caso de las regiones periféricas y en las principales ciudades capitales, el ascenso de la candidatura de Gustavo Petro y Francia Márquez ha estado precedido por el aumento de los movimientos sociales, la mayor participación y diversificación de las organizaciones populares y un aumento de las acciones colectivas. 

Fenómenos que han cobrado mayor fuerza y dinamismo a partir de la firma de los Acuerdos de Paz y que contribuyen a la profundización de la democracia participativa y la diversificación de las ciudadanías.

Si bien es cierto, Petro (muy a pesar suyo) se logró posicionar irremediablemente como el candidato de izquierda, en esta campaña ha transitado por la senda de una mayor moderación, hasta colocarse como una opción socialdemócrata que, sin abandonar las libertades individuales y la economía de mercado, busca transformar el modelo económico en un capitalismo social de mercado. 

El progresismo de Petro es progresismo que, respetando el ordenamiento institucional vigente (representado en la Constitución Política de 1991), busca impulsar unas reformas económicas y sociales que redistribuyen la riqueza, transformen el aparato productivo, logren una economía más resiliente, incrementen el tamaño del estado y aumenten el proteccionismo de la economía nacional.

El fenómeno de Rodolfo Hernández está asociado con una mayor oscuridad ideológica y una falta de claridad y profundidad de sus propuestas, pero tanto su talante autoritario como su sintonía con la base social de sus votantes, que han sido el bastión de la votación uribista y el cimiento del “embrujo autoritario”, lo colocan como una opción populista de derecha, poco respetuosa de la institucionalidad democrática y de las libertades individuales. 

Encarna mejor la figura de un patriarca intolerante, misógino y xenófobo que, escudándose bajo la figura de un “patrón bonachón” atropella a sus subalternos, golpea a sus contradictores, discrimina a las mujeres y desprecia a los pobres, a los cuales se refiere como pobres hombrecitos que se dejan explotar por la necesidad y la miseria.

El hundimiento de la candidatura de Federico Gutiérrez representa la derrota de los partidos tradicionales y el distanciamiento de los electores de las maquinarias y los candidatos del establecimiento político colombiano. 

El resultado electoral de la primera vuelta ha sido un mensaje claro y contundente de rechazo a las élites que han gobernado al país desde la independencia hasta comienzos del presente siglo. Hoy el 72,7% de los electores se identifican con alternativas políticas anti-establecimiento.

Sin embargo, es aún prematuro decir que estamos asistiendo al derrocamiento del régimen político tradicional y corrupto. El mapa electoral de hoy señala un panorama mucho más complejo y diverso, que tiene muchas zonas grises y huecos negros.

En primer lugar, si bien es cierto se profundizó el clivaje electoral del centro-periferia que se venía observando desde las votaciones del plebiscito por la paz (2016), es mucho más notoria la expansión de la influencia de la izquierda desde las regiones más apartadas hacia el centro del país. 

Y también el crecimiento de los votantes independientes y de izquierda en las ciudades capitales.

Sin embargo, en los bordes de estas confluencias se expresa un inconformismo que ideológicamente no es de izquierda ni de centro, sino todo lo contrario. 

De hecho, Rodolfo Hernández logró capturar el sentimiento antiestablecimiento y reemplazar el uribismo en estas zonas de la región andina. 

Con su discurso autoritario y demagógico más parecido al discurso de Nayib Bukele en el Salvador (con quien comparte el mismo asesor, Víctor López, un experto en el manejo de redes) o a Silvio Berlusconi, quienes como empresarios-políticos llegaron al poder mediante campañas contra la corrupción, pero que tienen un acervo de actos dolosos y prevaricatos, que paradójicamente los hace mucho más populares.

En segundo lugar, pese al predominio de votantes de izquierda en las dos costas, la Amazonia y Bogotá, y de la votación a favor de Rodolfo Hernández en la región Andina, no se puede hablar de una categórica hegemonía política de estos candidatos en estas regiones. 

Tanto en la región Caribe como en la zona Andina y la Orinoquia, se observan zonas grises, donde la votación a favor de uno u otro candidato está muy disputada. En las zonas meridional (Montes de María) y septentrional (Sur de Bolívar y del César) del Caribe, las votaciones a favor del Pacto Histórico como de Rodolfo fueron muy reñidas. 

Lo mismo ocurrió en el Eje Cafetero, donde el triunfo de Petro en las capitales y algunas ciudades intermedias de los tres departamentos, estuvo muy contrastado con las amplias votaciones a favor del candidato de la derecha populista.

En tercer lugar, en Bogotá el clivaje electoral territorial también se observa entre las localidades de la periferia (Bosa, Ciudad Bolívar, Engativá, Kennedy, Fontibón, San Cristóbal, Rafael Uribe y Usme) donde se impuso por amplias mayorías la candidatura de Gustavo Petro. 

Por su parte, las localidades de Chapinero y Usaquén, donde los votantes se inclinaron a favor de Federico Gutiérrez. Mientras que en las localidades de Kennedy y Suba existió una mayor disputa electoral entre los tres candidatos.

Finalmente, la pulverización de la centro-esperanza que, tal vez exceptuando los pequeños reductos de la zona cafetera y Bogotá, desapareció prácticamente en todas regiones del país, donde Sergio Fajardo había obtenido una copiosa votación en las elecciones del 2018.

Para enfrentar este trizado mapa electoral colombiano, los candidatos a la presidencia deben lidiar con grandes retos y desafíos.

En primer lugar, Gustavo Petro se enfrenta con el enorme desafío de aumentar la participación electoral en la región Caribe y en la capital de la República, para remontar la votación de las áreas rurales del Caribe, especialmente, en los Montes de María y el sur de Bolívar y del Cesar, donde el candidato Hernández obtuvo una relativa mayoría en la primera vuelta. 

Igualmente, es necesario incrementar su votación en las localidades periféricas de Bogotá y remontar la votación que obtuvieron sus rivales en las localidades de Kennedy y Suba.

El segundo desafío lo representa aumentar la votación de la izquierda en la región cafetera, particularmente, en las ciudades intermedias de los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda. 

De igual forma, debe enfrentar el reto de remontar la votación en las áreas rurales de los departamentos de Boyacá, Cundinamarca, Huila y, particularmente, en el Tolima. 

Lo cual implica un giro y una mayor focalización territorial de su estrategia electoral; especialmente en lo relacionado con sus políticas de seguridad ciudadana, protección del agro, reforma integral del sistema educativo y descarbonización de la economía.

En tercer lugar, el mayor desafío del candidato Rodolfo lo representa la consolidación de su votación en la región andina y conquistar el electorado que le cedió Federico Gutiérrez en su declaración de reconocimiento de la derrota electoral. 

Es indudable que la joya de la corona la representa el electorado paisa que votó mayoritariamente por Federico pero que duda entre el temor a Petro y la incertidumbre que representa un posible gobierno populista de Rodolfo. 

Es allí donde mayor competitividad va existir entre los candidatos enfrentados en la segunda vuelta.

Finalmente, la región Andina donde se vive la mayor parte del electorado en Colombia, es donde se va a concentrar la principal disputa electoral. 

Allí se configuran los tres orificios negros más significativos: la región de los Santanderes donde se concentra el bastión electoral de Rodolfo. 

La capital de la República, las capitales de los departamentos y los centros urbanos industriales donde se concentra la votación de Gustavo Petro; y las zonas de Boyacá, Cundinamarca, Huila y Tolima, donde tienen mucho potencial para hacer las mayores sumas y restas para ganar en la segundo vuelta.

 

Adenda de Sumas y restas:

Suma 1

El 'imperativo categórico' que mejor saber conjugar el candidato Rodolfo Hernández es "quitarle la chequera" a los políticos y funcionarios públicos para dejar que empresarios como él, se enriquezcan construyendo viviendas de interés social con los dineros del Estado, para que los "pobres hombrecitos" tengan que trabajar toda la vida para pagar la hipoteca de sus viviendas.

Resta 2:

El presidente Duque, en su última salida a Europa, decidió cerrar -con un broche de oro- su más rotundo fracaso electoral, y en una entrevista con la BBC en Londres expresó: “Si pudiera presentarme, estaría en la pelea y sería reelecto”. Fuera de ladrón bufón.

Suma 3

Los nuevos aliados verdes están multiplicando muy bien sus adhesiones al Pacto Histórico. No solo quieren moderar las políticas fiscales y el gasto social de un eventual gobierno, sino garantizar mayor espacio político e institucional para las administraciones de Bogotá, Boyacá, Cali, Cúcuta y Manizales.

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