Opinión

Entre osos y lagarterías

Dejando de lado el ridículo político de la ampliación del periodo presidencial, la madre del cordero para fortalecer la democracia está en la modificación del calendario electoral

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marzo 23, 2021
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Entre osos y lagarterías
El actual calendario nacional de elecciones en Colombia lo que hace es bloquear los escenarios de participación

La propuesta de ampliar el actual período presidencial es un despropósito que no hace sino perturbar aun más el revuelto escenario político. No le hacen ningún favor al gobierno quienes la impulsan porque generan la inquietud de si detrás de esa maniobra hay algún interés gubernamental en mantenerse en el poder más allá de lo establecido en las elecciones, lo cual tendría algún sustento político si se tratara de un gobierno popular, que está lejos de ser el caso. Es un enorme oso político, con un mucho de lagartería.

El propio gobierno, muy realista, la ha desestimado. Sirve sin embargo el tema para llamar la atención sobre el absurdo calendario electoral colombiano que habría que reorganizar sobre la base de que no favorezca a los ciudadanos elegidos que están en ejercicio de sus cargos, como sucedió en el 2006 cuando se autorizó la reelección del Presidente de la República en funciones, con los desbarajustes conocidos, todo para volver doce años después al antiguo sistema.

El principio general es que si vivimos en una sociedad participativa debería haber muchas elecciones y no pocas, eso sí, dentro de una lógica política y administrativa. Concentrar todas las elecciones del poder ejecutivo y legislativo en un solo día es poner todos los huevos en una sola canasta, crearle una camisa de fuerza al mundo político y fomentar la corrupción. Lo que hay que hacer es precisamente lo contrario: separarlas, aunque cuesten más, que parece ser la preocupación patriótica de sus impulsadores, mientras por detrás hacen cálculos electorales.

Lo primero que habría que hacer es cambiar el orden de las elecciones parlamentaria y presidencial. O allí sí, juntarlas. No tiene ningún sentido que las elecciones parlamentarias sean primero que las presidenciales, creando un divorcio brutal entre el mundo parlamentario y la Presidencia de la República. Un Congreso elegido antes del Presidente, con su dinámica política regional separada por completo de la agenda de las campañas presidenciales, es una fuente inagotable de ingobernabilidad.

Si las elecciones presidenciales fueran primero que las parlamentarias, como sucede en Francia, el mundo político se vería obligado a incorporarse a las campañas presidenciales y en condiciones normales, el candidato ganador de la presidencia tendría una mayoría electoral en las cámaras. Lo mismo sucedería si esas elecciones se juntan el mismo día (en el caso colombiano sería con las presidenciales en primera vuelta). Con una salvedad importante: volver a diferenciar los períodos de senadores y representantes, como sucedía entre nosotros, antes de que, a Carlos Lleras, un presidente autoritario, se le ocurriera en 1968 economizarse un dinerito y mantener invariable la composición de la Cámara de Representantes por cuatro años, sin importar los avatares de la opinión pública, lo cual era una evidente comodidad para el poder ejecutivo.

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Si las elecciones presidenciales fueran primero que las parlamentarias, como sucede en Francia, el mundo político se vería obligado a incorporarse a las campañas presidenciales

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En Estados Unidos el mismo día se elige al Presidente por cuatro años, a la totalidad de la cámara por dos años y a la tercera parte del senado, que representa a los Estados, por seis años. Dos años después, a la mitad del mandato presidencial, se elige de nuevo la totalidad de la cámara y un tercio del senado lo cual permite ajustar, para bien o para mal, la opinión pública a la representación popular.  Entre nosotros no hay ninguna diferencia entre los períodos y las funciones de senadores y representantes, y por tanto los cambios de la opinión pública no los incomodan para nada. Con el agravante de que los senadores dejaron de representar a la Nación con el engendro de la circunscripción nacional que deja a medio país sin representación en el Senado. Lo que hace el actual calendario nacional de elecciones en Colombia es bloquear los escenarios de participación.

Y como se supone que vivimos también en una sociedad descentralizada, es vital mantener separadas las elecciones de gobernadores, alcaldes y cuerpos colegiados regionales, de la elección general, para permitir, en un país de regiones muy diversas como Colombia, la expresión de las fuerzas políticas locales y regionales, cuya participación se vería afectada en materia grave por las elecciones presidenciales. Es mucho mejor tener mandatarios regionales que no le deban su elección al Presidente de la República o a su partido de gobierno y tengan autonomía para coordinar los planes de desarrollo de la Nación con aquellos de las regiones, que obedecen a dinámicas diferentes.

Ambas cosas, de un lado, la modificación o unificación del calendario electoral nacional, con la restauración de las elecciones de mitaca, y del otro mantener separadas las elecciones regionales de las nacionales, fortalecerían la participación ciudadana en la conducción de lo público. Es allí donde está la madre del cordero si se quiere fortalecer la democracia. Lo otro es estarle dando golpes de autoritarismo todos los días.

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