Entre “Ninis” y nativos digitales: la doble cara del futuro laboral juvenil en Colombia
Opinión

Entre “Ninis” y nativos digitales: la doble cara del futuro laboral juvenil en Colombia

Al enorme desempleo de los jóvenes se opone su apetito por aprender y adquirir nuevas competencias digitales en las que tienen destrezas conocidas internacionalmente

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mayo 13, 2024
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Parece una contradicción: alto desempleo juvenil en Colombia, tres millones de “ninis” y, a la vez, un desaforado apetito por aprender y adquirir nuevas competencias digitales en las plataformas educativas más destacadas.

Cada mes, desde hace lustros, el Dane corrobora la dura realidad laboral de los jóvenes. Los últimos datos, publicados a fines de abril pasado, muestran que la situación ha empeorado para los colombianos que tienen entre 15 y 28 años. No vale la pena repetir en este texto los datos, excepto anotar que si en la sociedad en su conjunto el desempleo (tasa de desocupación) es del 11,3 %, para los hombres jóvenes es del 16,4 % y para las mujeres en ese rango de edad es mucho peor: 24,7 %.

De los “ninis”, es decir de los jóvenes que ni estudian ni trabajan y, que por lo tanto no se clasifican como desempleados (puesto que no están en busca de coloca), la cifra es aterradora: 2,99 millones, una cifra superior a la población de Cali o Medellín. Equivale a algo más de la cuarta parte de la población joven, situación de consecuencias inimaginables para estas personas, sus familias actuales y futuras, y para la sociedad.

Y no detallemos en el tema de la informalidad, que, también según el Dane, es del 56 % y que afecta, en primera instancia, a los jóvenes.

La situación es desesperanzadora y, con certeza, está asociada a la salida anual del país de decenas de miles de jóvenes colombianos que, en busca de algún futuro en otros países, emigran. Alrededor de 3.5 millones de compatriotas se han ido de Colombia en el presente siglo. Y nos alarmamos de la inmigración venezolana…

A pesar de lo dicho, hay otros datos que parecieran ir en contravía a la desesperanza y que, más bien, parecieran ser ejemplo de la pujanza de los colombianos, de la que tanto nos jactamos. Me refiero al aprendizaje de distintos tipos de competencias a través de cursos cortos en línea. La inscripción la realizan los individuos, aunque también puede ir de la mano de empresas y universidades.

El informe de Coursera de 2023, una de las plataformas educativas más poderosa en el mundo (Global Skills Report 2023), trae unos datos para Colombia que indican que la gente se mueve, que está buscando calificarse y adquirir certificaciones. Había el año pasado 2,7 millones de colombianos tomando cursos en Coursera (habría que sumar aquellos matriculados en EdX y Udemy, entre otras, que no “repiten” plataforma).

De quienes estaban tomando cursos, la mitad eran mujeres. 49 % realizaba el aprendizaje a través de móviles, esa maravilla de la ubicuidad que desde 2007, nos permite aprender cuándo, dónde y cómo queramos. La mediana de la edad es de 32 años (la mediana es el valor numérico que separa la mitad superior de un conjunto de la mitad inferior del mismo).


Entre los estudiantes de todo el planeta, Colombia ocupa el sexto lugar en destrezas tecnológicas en la plataforma Coursera


Al lado de las casi apocalípticas cifras del Dane, ocurre que entre los estudiantes de todo el planeta, Colombia ocupa el sexto lugar en destrezas tecnológicas (computación en la nube, redes computacioneles, programación, bases de datos, entre otros) en la plataforma Coursera. También tiene un decoroso puesto 33 en ciencia de los datos (análisis de datos, gestión de datos, visualización, machine learning…).

Este tipo de información, acerca del cual las instancias públicas conocen poco, parece apuntar a un propósito de los jóvenes que se le miden al aprendizaje: calificarse en destrezas digitales que el mundo demanda. En los cursos, como lo saben quienes los han tomado, se trata de la adquisición de competencias con y sobre metodologías de punta. Cursos en los que, por otra parte, participan personas de decenas de países y que toman parte en los foros de aprendizaje, de modo que los esquemas colaborativos con pares de cualquier parte del mundo están a la orden del día.

Hay algunas señales, también contradictorias, que indican que el talento colombiano calificado es apetecido. Se conocen casos de medianas empresas criollas en los que firmas del exterior “sonsacan” mano de obra de alta calificación pagándoles unos dolares más y sin necesidad de que deban irse a residir en el país sede de aquellas.

Hay esperanza: la potencialidad del talento colombiano para desempeñarse en cualquier parte del mundo por la vía del aprendizaje de competencias digitales, una veta que será cada vez mayor en los mercados internacionales. Una salida frente a la informalidad y el alto desempleo in situ.

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