Encuestas pifiadas
Opinión

Encuestas pifiadas

Algunas situaciones y errores compartidos entre los encuestadores del Reino Unido, Colombia y Estados Unidos pueden ayudar a entender la pifia

Por:
noviembre 13, 2016
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Shimon Peres, fundador de Israel, premio Nobel de Paz, diplomático y político, muerto recientemente, decía: “Las encuestas son como el perfume, se pueden oler pero nunca tragar”.  El referendo británico, el plebiscito colombiano y la elección presidencial de Estados Unidos demuestran que los encuestadores están pasando por una profunda crisis y que muchos ciudadanos, medios de comunicación y políticos se han intoxicado y desorientado al beber encuestas a grandes tragos.

En el caso del proceso electoral que llevó a la Gran Bretaña a elegir la salida de la Unión Europea las encuestas, la inmensa mayoría, señalaban que los británicos votarían por quedarse.  El resultado final demostró que los votantes de la salida lograron 3 puntos por encima de sus contradictores. Durante varias semanas y hasta días antes del domingo 2 de octubre, los colombianos  recibimos información que de manera sistemática y generalizada daban al Sí como amplio ganador del plebiscito (algunas con ventajas de hasta 20 puntos).   En las elecciones gringas, tanto las encuestas nacionales como las de los principales Estados, daban a Hillary como ganadora con ventajas de 3 a 4 puntos a nivel nacional y en algunos Estados decisivos hasta de 5 puntos.  El resultado nacional mostró una pequeña ventaja para Clinton, pero a nivel estatal, que es lo que realmente cuenta, las diferencias entre las encuestas y los resultados llegaron a ser de hasta 13 puntos. ¿Qué les pasó a los encuestadores?  ¿Por qué la racha de equivocaciones?

Encuestar nunca es una tarea fácil.  En definitiva lo que se intenta hacer con una encuesta es, nada menos, que acercarse al futuro.  Encuestar asuntos electorales es especialmente complejo ya que se trata de predecir una acción que generalmente es esporádica (cada 2 o 4 años); normalmente complicada (inscripción, transporte, fila); muchas veces realizada en ambientes de tensión e incertidumbre y, finalmente, ejecutada en absoluta soledad y en secreto. En el diseño, ejecución y tabulación de una encuesta se mezclan conceptos y procesos matemáticos, estadísticos, demográficos, geográficos y sociológicos.  Cualquier error, olvido o variación en la mezcla de estos elementos puede afectar irremediablemente el resultado final.  Los encuestadores electorales, a diferencia de aquellos que miden mercados, opinión y costumbres de consumo, son, como lo reconoce un importante encuestador del país, medidos frente a resultados concretos y visibles: el escrutinio.  Sus errores son palmarios y públicos.

Cada proceso electoral tiene sus particularidades, pero hay algunas situaciones y errores compartidos entre los encuestadores del Reino Unido, Colombia y Estados Unidos que pueden ayudar a entender la pifia.

  • Las encuestas parten de un principio básico: la gente responde a las preguntas con honestidad.  Los análisis poselecciones de cada uno de los procesos, especialmente la elección presidencial americana y el plebiscito colombiano, demostraron que un porcentaje importante (hasta 20% en el caso colombiano) de aquellos que inicialmente contestaron que votarían por Hillary Clinton y por el Sí finalmente marcaron el voto por Trump y el No, respectivamente.  Algunos encuestadores denominan esta situación como “voto vergonzante”.  A pesar de que la encuesta es anónima, la presión mediática, las aparentes mayorías de la posición contraria y los señalamientos y descalificaciones hacen que las personas escondan su verdadera intención. En el caso colombiano uno de los factores que se propone como responsable de la “volteada” del voto fue el excesivo triunfalismo del Sí que combinado con el bajísimo nivel de aprobación del gobierno Santos incitó a algunos “débiles” del Sí a cambiar su voto.
  • Un riesgo real para los encuestadores es proyectar erróneamente el nivel de participación de una población particular que mayoritariamente apoya alguna de las opciones o candidatos enfrentados.  Las encuestas trabajan con muestras representativas y, a partir de factores demográficos y de comportamientos electorales pasados, proyectan sus resultados.  En Estados Unidos y Reino Unido los jóvenes votaron mayoritariamente por Clinton y por quedarse en la Unión Europea, pero su nivel de participación no fue tan alto como se esperaba y por ende su aporte menor de lo proyectado.  Un 5 % menos de Demócratas entre 18 y 29 salieron a votar por Hillary frente a los que eligieron a Obama. Ese 5 % representa cerca de 1 millón de votos.   La misma situación se presentó con los afroamericanos e hispanos, su mayoría fue real, pero nunca tan grande como con Obama y su participación, a pesar de los ataques trumpianos, no fue mayor a la de las elecciones anteriores.  Hillary claramente no logró emocionar ni movilizar, como si lo hizo su rival en muchas zonas.  En ocasiones eventos de fuerza mayor o de idiosincrasia electoral descuadran las fórmulas y predicciones de los encuestadores.  En Colombia el huracán Mathew logró reducir la participación de la Costa Atlántica a los niveles más bajos en muchos años (73 % de abstención) y a esto hay que sumarle otro hecho particular, algo complejo de prever, como es la inmovilidad de las maquinarias políticas costeñas. Sin vientos y con buses el Sí hubiera ganado.

La democracia, que siempre ha sido el sistema de las reglas ciertas y los resultados inciertos, ha entrado en una etapa de incertidumbre extrema en la que algunos callan, otros hablan más duro o por primera vez y, otros tantos, mienten, por vergüenza o por perversión.  Las encuestas tienen el reto de sistematizar esos olores.

 

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