En la pandemia aprendimos que los influencers colombianos no sirven para nada

"No solo delito, morbo y falta de moral podemos encontrar en la conducta de algunos personajes, sino también inmadurez, acompañada de profundas patologías psicológicas"

Por: Julio Isaias Ramirez Gonzalez
julio 13, 2020
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En la pandemia aprendimos que los influencers colombianos no sirven para nada
Foto: Instagram @epa_colombia @yinacalderonoficial

Sobre los nuevos lenguajes y las formas de relacionarse, procedentes de la inmersión tecnológica a la que se ha sometido voluntariamente la sociedad actual.

Sin duda, las redes sociales han revolucionado el mundo de la información desde finales del siglo pasado, pero sobre todo después de la segunda generación de internet. Estas trajeron consigo múltiples modos de relacionarse; posicionándose como una nueva forma del poder.

En Latinoamérica se han integrado exitosamente como prótesis afectivas, en respuesta al alto flujo migratorio y a los constantes cambios y luchas sociales que viven los pueblos. En este sentido se destaca el uso del escenario digital para promover acciones políticas, pero también de consumo y de farándula, que a su vez convocan a un sinnúmero de actores que sin ser profesionales de las artes escénicas, el mundo de la industria o la política, pretenden robarse el show en estos medios, en lo que pareciera ser para muchos un oasis que promete la fama, en medio del gran desierto de las ideas.

En Colombia aumentan significativamente este tipo de personajes en algunas redes sociales como Facebook, Twitter, e Instagram, bajo el título de influencer, los cuales en la mayoría de los casos, sin contar con el conocimiento necesario, opinan sobre temas concretos e influyen en las masas sociales por medio de los discursos violentos, el morbo y el delito, causando diversas reacciones y la construcción de opiniones sesgadas por parte de sus fanáticos.

El 21 noviembre del año 2019, en el marco del paro nacional, miles de ciudadanos se movilizaron para mostrar su desacuerdo con las políticas sociales del gobierno actual. En medio de esta crisis apareció nuestro primer personaje Daneidy Barrera, más conocida como Epa Colombia.

Ella es una especie de celebridad en las redes, que para ese entonces contaba con más de 857.000 seguidores. Pues bien, niños, jóvenes, adultos y ancianos fueron testigos de unas escenas lamentables protagonizadas por la influencer, las cuales se conocieron por medio de vídeos que ella misma publicó en redes, en los cuales se le observa destruyendo el mobiliario de una estación de Transmilenio en la ciudad de Bogotá e incitando al delito; conducta que fue reprochada por muchos, pero a la vez aceptada por otros que le manifestaban su afecto engrosando la creciente lista de sus seguidores.

Cabe anotar que esta joven saltó a la fama en un mundial de fútbol y fue precisamente en uno de ellos donde protagonizó un hecho que causó vergüenza nacional: su aparente burla en contra de un ciudadano japonés. En el vídeo Daneidy le dice al japonés: “hola, gononea, ¿nos ganaron, no?”. Luego, le pregunta: ¿le gusta la arepa o el chorizo?

Una cadena de actos inmorales que parecieran salirse de la línea de la libertad y pasar a un tono vulgar, como el protagonizado por Aida Victoria Merlano, la cual también es tendencia en redes por sus polémicos vídeos y declaraciones. Su última controversia se desató luego de que se difundiera un pequeño vídeo de un Instagram Live que ella realizó junto a otras jóvenes y su novio. En este fragmento se podía observar a Lumar Alonso, pareja de la influencer, entre sus piernas mientras simulaba que le hacía sexo oral.

No solo delito, morbo y falta de moral pública podemos encontrar en la conducta de algunos personajes que hoy con profunda admiración y fervor siguen nuestros jóvenes y adolescentes en las redes sociales, sino también inmadurez, acompañada de profundas patologías psicológicas, como sería el caso de la empresaria de fajas e influencer Yina Calderón, quien se cortó el cabello durante una trasmisión en vivo a causa de las críticas provenientes de parte de sus seguidores.

Para complementar esta peligrosa mezcla, en pleno pico de la pandemia causada por el nuevo coronavirus en Colombia, este domingo 12 de julio de 2020, se conoció un vídeo publicado en la página de Facebook Guardianes de Antioquia, en el cual se ve a un hombre no identificado destapando y bebiendo botellas de jugo de una Tienda D1, que inicialmente se creía que era en el barrio Belén de Medellín, pero que resultó ser en Belén de Umbría, en Risaralda. Este hecho causó profunda indignación y repudio por parte de las autoridades y de la comunidad antioqueña, que pidió a los organismos competentes investigar el caso.

Las nuevas generaciones son seducidas cada vez más por el delito y la inmoralidad que profesan las redes sociales. Además, la falta de control de estas plataformas sobre la información y los usuarios que la comparten deterioran cada vez más el derecho a la libre expresión, arrastrando consigo a la juventud colombiana hacia la falsa expectativa de obtener la fama a través de la publicación de contenidos en los diferentes medios digitales, con el propósito de obtener seguidores en sus plataformas. Nuestros jóvenes están haciendo cualquier cosa por el reconocimiento público frente a la mirada pasiva de una sociedad que pareciera respaldar dichos actos siguiéndoles en redes e incluso haciéndoles visibles por medios de comunicación como es el caso Daneidy Barrera, quien fue entrevistada en el programa Vicky en Semana, el cual cuenta con una gran audiencia a nivel nacional.

Colombia es una sociedad que necesita reconstruirse desde lo moral, desde su núcleo fundamental que es la familia, por ello la gran responsabilidad que tenemos hoy como padres y ciudadanos debe ser la de controlar el acceso y el contenido al que tienen alcance nuestros niños, niñas y adolescentes, para evitar que caigan en la oferta tentadora de las redes sociales que prometen obtener la fama a cualquier precio.

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