En defensa del SENA y de la filosofía

La reflexión filosófica permite validar el conocimiento y entender su naturaleza (epistemología) y entender cómo deberían ser las cosas (desde la ética)

Por: Carlos David Martínez Ramírez
diciembre 30, 2021
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En defensa del SENA y de la filosofía
Foto: Cortesía (www.sena.edu.co/)

En un debate reciente de candidatos a la presidencia, uno de éstos manifestó con un tono peyorativo que el SENA tiene muchos cursos de filosofía, lo cual no es cierto, denotando desconocimiento sobre esta entidad.

No voy a usar adjetivos a favor ni en contra de la persona que hizo esta afirmación, para que no me acusen de activismo político, no es esa mi intención, digamos que cualquiera puede tener un desliz; lo que quiero es aprovechar esta oportunidad para resaltar la labor del SENA y proponer algunas reflexiones sobre la importancia de la filosofía en el mundo de la formación para el trabajo.

El SENA nace en 1957 en una época en la cual se experimenta una suerte de transición hacia el Frente Nacional y el Estado colombiano tiene una necesidad enorme de legitimarse frente a la población; se conjugan varios factores al mismo tiempo: los reclamos de los trabajadores para ser capacitados, las expectativas de los empresarios que pronostican un crecimiento industrial y la necesidad de contar con mano de obra capacitada, entidades internacionales proponen fortalecer la educación técnica y tecnológica en la región, incluso la iglesia católica pide mejores políticas de bienestar familiar, no es coincidencia que el SENA nace al tiempo con las cajas de compensación familiar.

Dependiendo de donde venga el discurso vamos a encontrar intereses diferentes: la narrativa oficial dice que fue clave el liderazgo de Rodolfo Martínez Tono para la fundación y el crecimiento del SENA, por otra parte, desde los trabajadores, si se quiere digamos de algunos sindicatos, se plantea que fue clave la lucha de los trabajadores exigiendo formación y capacitación.

La entidad ha servido para apoyar discursos políticos de legitimidad estatal, lo cual se puede ver en su nacimiento cuando se proponía que el SENA ayudaría a consolidar la paz al facilitar el pleno empleo, esa historia se repitió 60 años después en el gobierno de Juan Manuel Santos cuando se planteó que el SENA era clave para consolidar la paz al ayudar a disminuir las cifras de desempleo, casi el mismo discurso.

A pesar de esto, lo cual no está mal, es decir, está bien que la educación apalanque proyectos políticos, no resulta conveniente hacer política hablando mal del SENA, sobre todo desconociendo la naturaleza de la entidad; bienvenida la crítica, pero no desde el desconocimiento.

El SENA es una entidad clave para la competitividad del país, son millones los colombianos que aprovechan los programas de formación de la entidad, en este año el número de beneficiados ronda los 5 millones.

En el SENA no hay cursos de filosofía, si los hubiera serían muy pocos frente al amplio portafolio de programas técnicos y tecnológicos ofertados en más de 117 sedes en todo el país; pero otro tema que surge acá es el desdén implícito hacia la filosofía.

La filosofía fue (y sigue siendo) clave en la comprensión del mundo intelectual en occidente; lo que hoy conocemos como ciencias sociales antes era filosofía moral, por poner un ejemplo, las ciencias en general tienen su origen en la filosofía, a pesar de que muchos hoy ponen la ciencia y la filosofía como si fueran opuestos.

Sólo por poner un ejemplo más contemporáneo: Ph. D. significa Doctor of Philosophy

El interés por el cómo hacer las cosas o para qué son, en lugar de reflexionar sobre el qué son, es un fenómeno denominado por el filósofo británico Ronald Barnett como operacionalismo, quien identifica límites en esta postura, aunque también señala las limitaciones del academicismo. Esta tendencia se ve con mucha fuerza en la educación superior en las últimas décadas, no es algo que atañe únicamente a la formación para el trabajo.

Aunque este tipo de reflexiones filosóficas tienen aplicaciones prácticas en el mundo del trabajo en general, hay filósofos que defienden la idea de que la filosofía es un conocimiento inútil y que esta bien que sea así, como el famoso divulgador Dario Sztajnszrajber.

En Colombia, en la edición 187 de la revista El Malpensante, Roberto Palacio hace una reflexión muy interesante, en este sentido, en su artículo titulado ¿Y para qué sirve un bebé recién nacido? Sobre la inutilidad de la filosofía.

Un debate interesante se generó unos años atrás entre Andrés Oppenheimer (quien desdeña la utilidad de las ciencias sociales) y Antanas Mockus (defendiendo su pertinencia).

La reflexión filosófica permite validar el conocimiento y entender su naturaleza (estudio de la epistemología), así como reflexionar sobre la naturaleza de las cosas (estudiada por la metafísica), entender cómo deberían ser las cosas (desde la ética).

De esta manera, la reflexión filosófica sigue siendo importante y aporta a la comprensión de muchos fenómenos, tanto en la educación superior en general como en el mundo de la formación para el trabajo en particular.

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