En defensa de la polarización

Un ejercicio verdaderamente democrático requiere que cada cual defienda y proponga sus programas, proyectos e incluso ideologías

Por: Jonathan Falla García
octubre 16, 2019
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En defensa de la polarización
Foto: Pixabay

Últimamente lo primero que resaltan los medios de comunicación donde debaten diferentes vertientes políticas es que el país está muy polarizado, haciendo un llamado a acabar con la polarización, desconociendo los diversos estilos de vida y luchas político-sociales. Lo más preocupante del asunto es que esto termine siendo reproducido por ciertos políticos con gran influencia en el pensar y actuar de la sociedad colombiana, cayendo en un idealismo infantil donde se quiere y desea superar las brechas conflictivas entre la izquierda y la derecha, causantes de tantos problemas a nivel de la gobernabilidad. Son puntos de vista que siempre han estado en conflicto entre dos contenidos particulares, una línea cada vez más desdibujada por parte de quienes dicen ser de “centro” o “neutrales” al momento de hablar en nombre del pueblo cuando en realidad solo han promovido los intereses del poder tanto económicos como políticos.

Es por ello que este artículo quiere deconstruir la mal denominada polarización y verla desde un aspecto positivo y práctico del quehacer político, aceptando los antagonismos para no caer en una despolitización de la democracia. El mencionar que el país está bastante polarizado es reconocer que no estamos en la capacidad de un ejercicio verdaderamente democrático donde cada cual defienda y proponga sus programas, proyectos e incluso ideologías desde un ejercicio político. Es decir, queremos cercenar la democracia, limitándola a que seamos solidarios con el otro (con quien no sentimos afinidad ni política ni ideológica), una equivocación total y absurda que termina siendo reproducida por los incautos. Mencionar la no polarización es querer despolitizar la democracia misma.

El verdadero ejercicio democrático es confrontar diferentes posturas político-ideológicas. El ciudadano es libre de decidir cuál escoger al momento de ir a votar e incluso de militar. Es el suscitar esa afinidad política que alimente la discordia. Es política, no una escuela de ballet donde todos deban bailar bajo la misma sinfonía. Es política y por tanto es una pugna entre ideas donde se resalta lo más despreciable del adversario (mo es llamar hacer una campaña “limpia” como cierto candidato a la alcaldía de Bogotá). Quien desee disputar espacios de poder debe estar preparado para cualquier confrontación. Una política que llame a la negociación y al compromiso solidario es inexistente en un país como Colombia. La política trata de la relación amigo-enemigo, una relación entre adversarios absolutos como bien lo diría Carl Schmitt.

La historia ha demostrado que hemos estado siempre polarizados desde el aspecto étnico, religioso, sexista, político y económico, pero cada quien está en la capacidad de defender u oponerse si no llegase a estar de acuerdo. En eso consiste la democracia. La no polarización o despolarización llama a eliminar esos viejos conflictos político-ideológicos divisorios donde se quiere alcanzar nuevos acuerdos y consensos. Lo único radical que poseen los que dicen no a la polarización, es su radical abandono a las viejas divisiones ideológico-partidarias, es decir, a que todo permanezca como está, porque creen que cualquier cambio puede conducir a un mal peor.

Solo la derecha ha logrado despertar una auténtica pasión política, aceptando la lucha abiertamente en la medida en que pretende hablar desde un punto de vista universal como fue, la mal definida “ideología de género”. La consigna de la derecha es simple, no cabe complacer a todo el mundo, sino que se debe marcar una división entre “nosotros” y “ellos”, la Izquierda, a quien llaman “mamerta”. La izquierda de forma contestataria los llaman “fachos”, “uribistas”, neoliberales.

El no polarizar lleva al individuo a tomar cierta distancia frente a lo que realmente se necesita en política, total inmersión en un grupo, movimiento o partido político desde los diferentes proyectos de lucha social –clase, género, raza, religión, etc. La despolarización es una ficción ideológica donde se quiere preservar, reconocer y respetar las diversas identidades del Otro, pero manteniendo y guardando distancia de estas, privilegiando y afirmando la propia superioridad en el poder (te reconozco como eres, pero ¡eh! guarda distancia de mí), es excluir al otro de la forma más sutil, reconociendo su singularidad, pero no aceptarla como forma y modo de vida. Desde que estés y sea lejos lo que haces, todo está bien. Volverse ajeno a lo que ocurre en nuestra sociedad. ¿Tolerancia con la diversidad? Jamás, bienvenidos al desierto de la realidad colombiana, donde se predica una falsa tolerancia para legitimar ciertas acciones que van en contra de la diversidad misma. Somos tolerantes hasta con las injusticias que padecen los Otros.

Ese momento en que la reflexión “no polaricen” es inoperante, de repente ahí, nos detenemos a pensar, ¿qué es lo que se quiere dar a entender cuando dicen: “en un país tan polarizado como Colombia”, o frases como, “no polaricen más al país”? Es en ese instante cuando todas nuestras preocupaciones cotidianas (familia, trabajo, estudio, medios de transporte) dejan de importar, porque somos un país tan polarizado, que debemos unirnos bajo un mismo lema de solidaridad y reconciliación con nuestros enemigos, quienes tanto daño nos han hecho en materia social y política. La exclusión tolerante del otro amenazante (el otro siempre será una amenaza). Y continuamente escuchar decir: “no polaricen”, reproduciendo el discurso de los medios para hacernos creer que somos causantes del país que tenemos, ya suficiente tenemos con la polarización en que vivimos. ¿No suena absurdo? La neutralidad política viene disfrazada de engaño.

Si polarizar es ir en contra de determinadas posturas, ideas, propuestas e ideologías, etcétera, entonces me declaro un defensor de la polarización, un polarizador total y radical. La polarización debe reconocer que el mierdero en donde estoy es el mierdero también del otro.

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