Emmanuel Macron, de héroe en Europa a villano en Francia

Es curioso que el mandatario quiera convencer a los europeos de su capacidad política, cuando frente a sus compatriotas parece carecer de tino para manejar los problemas

Por: Francisco Henao
marzo 11, 2019
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Emmanuel Macron, de héroe en Europa a villano en Francia
Foto: Twitter @EmmanuelMacron

Se ha autoproclamado como el hombre llamado por los dioses a relanzar esa Europa de cuyo futuro muchos dudan y vaticinan horas sombrías. Empezando por los ciudadanos de su propio país, Francia, que en el referéndum 2005 votaron no a la constitución europea. El martes 5 marzo publicó un manifiesto en los 28 países de la Unión Europea donde prometía sacar de la crisis a ese conjunto de naciones, cuyo fermento se inicia con el Tratado de Roma en 1957 y se fortalece en 1999 cuando nace el euro que sustituye a casi todas las monedas nacionales.

Sin embargo, 1999 pareció una caja de Pandora: iniciaron el sinnúmero de problemas que ha medida que pasan los días se agudizan hasta llegar al actual caos del Brexit que trae de cabeza a todo el mundo, ha soliviantado los nacionalismos, exacerbado los populismos, que como fantasma amenaza devorar las democracias y despertado los recelos de muchos países hacia los superpoderes que esgrime Bruselas, como cabeza y centro neurálgico del gobierno de la Unión Europea.

El título del manifiesto es diciente: “Por un renacimiento europeo”. Es necesario un nuevo nacimiento. Lo que indica que hasta aquí y ahora en pleno 2019, según Macron, las cosas no se han hecho como debía ser. Es darle la razón a los que ven en la UE un entuerto que ha socavado la soberanía de sus países. Que fue uno de los argumentos principales que llevaron al no de Londres y que Steve Bannon más agita en sus conferencias por las capitales europeas con miras a las elecciones del 26 mayo al Parlamento Europeo.

Sí hay elecciones el 26 mayo y Macron está en plena campaña política. Si estuviera en Colombia el exprocurador Ordóñez ya lo hubiera inhabilitado fulminante. Macron, pomposo él, se dirige a ‘todos los ciudadanos de Europa’, lo cual demuestra la megalomanía que lo asiste. Sin tanta ostentación mejor debería dirigirse a los ciudadanos de Francia, que están con el agua al cuello. Su manifiesto no pasa de ser, pues, un programa electoral, plagado de promesas que se las llevará el viento y que buscan, tan solo, obtener una mayoría absoluta el 26. Apenas lo mueve eso, no que Europa salga de su encrucijada.

Por eso se oye raro oírlo hablar de “defender nuestra libertad”, escribe, para lograr esto se debe desterrar de internet el discurso del odio y la violencia, y prohibir la financiación de partidos políticos por potencias extranjeras. Aquí nos hallamos frente a la temida censura que tanto aprecian los autócratas interesados solo en los elogios a sus actos de gobierno y en que los medios se encarguen de no dar cabida a las voces contestatarias. Nada de pluralismo. La libertad solo existe para elogiar al líder político, como en los antiguos regímenes comunistas.

Habla de proteger al continente frente a las migraciones. Que no pasa de ser un brindis al sol. Se necesitarían altas dosis de cinismo para no reconocer, que tanto antaño como hogaño, Europa no ha podido evitar que sus ciudadanos emigren a otros países a causa de múltiples razones, que sus multinacionales obtengan enormes beneficios con las materias primas que no existen en sus territorios. Es bien curioso que Macron quiera convencer a los europeos de su bondad política y de que es capaz de hacer funcionar lo que hasta ahora se encuentra atascado, cuando frente a sus compatriotas ha dado muestras de inmovilismo y de carecer de tino para manejar los problemas internos de Francia. Según los últimos sondeos de varios medios galos, entre ellos Le Figaro, el 71% de franceses no confían en Macron para resolver ninguno de los problemas pendientes. Hay un déficit público de 3,5%, deuda pública del 100% del PIB, los porcentajes de desempleo siguen sin bajar, fábricas que siguen cerrando sus puertas como en el quinquenio de Hollande. Y como si fuera poco, ante la crisis de los chalecos amarillos, ofreció como solución un Gran Debate Nacional, con el que recorre el país, que tanto la oposición como los ciudadanos ven como una campaña electoral disfrazada para el 26. Esto lo único que ha provocado es el aumento de la ira social, vandalismo de bienes públicos, sectores comerciales que han perdido miles de millones de euros, y la radicalización de los ultras que semejan hordas de Atila. La crisis de Mayo del 68 es una minucia frente a la actual que ha dejado a Macron en ridículo frente a sus colegas europeos.

En Italia Di Maio y Matteo Salvini lo ven como un aspirante a héroe que fue defenestrado por su impericia para el gobierno. Su antecesor en la presidencia, François Hollande piensa que él es ‘el presidente de los muy ricos’. Su Carta a los ciudadanos europeos del 5 marzo ya fue respondida desde Berlín. Lo hizo la sucesora de Merkel en la presidencia de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer, conocida allí como AKK. El domingo 10 marzo AKK publicó en seis idiomas su respuesta a Macron cuyo diciente título lo dice todo: ‘Hagamos a Europa bien’, aquí los conservadores del rin rechazan la mayoría de sus propuestas. En la coyuntura política actual París nada puede hacer sin el consentimiento de Berlín. Esto los franceses lo aceptan con dolor, no tienen más remedio en la medida que su política económica y social se quedó rezagada y su ranking de industrialización y balanza comercial son deficitarios.

AKK, desde sus sólidas posiciones conservadoras, no le da crédito a Macron. No le suena su propuesta de un ‘escudo social’ a nivel de la UE, menos le hace gracia ‘un salario mínimo europeo’ que juzga como un mal enfoque, así como todo lo que pueda parecerse a ‘centralismo’ y ‘estatismo europeo’, y se va lanza en ristre contra ‘la mutualización de la deuda’, esta vieja pesadilla alemana. Es claro que AKK habla prácticamente a nombre del gobierno alemán. La jefa de la CDU toma distancia de Macron y de su Carta a los europeos, a la que califica sin ambigüedades de tener unos puntos de vista que llevan por ‘el camino erróneo’.

¿Hasta dónde llegará la palabrería y artificio de sus propuestas que parecen buscar dar lecciones, allí donde nadie las ha pedido? Monsieur Macron hay un refrán andaluz que tararean en Jerez, Cádiz y Sevilla: consejos vendo y para mí no tengo.

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