El fútbol es cuestión de ovarios

Históricamente, el balompié ha sido un deporte machista. Y aunque dicen que las mujeres no lo entendemos y tampoco lo sabemos jugar, nada de eso es cierto

Por: Catalina Arenas-Ortiz
marzo 11, 2019
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El fútbol es cuestión de ovarios
Foto: Instagram @fcfseleccioncol

Este #8M llegó como todos los años con muchas fuerzas en contra y sin nada que celebrar. Esta misma semana, llegaron con la cruz de cenizas los 40 días de hostigamiento de los antiderechos. Se habló de la modesta participación de las mujeres en el Plan Nacional de Desarrollo y conocimos un vergonzoso informe de la Registraduría Nacional del Estado Civil en donde se evidencia que si bien hay avances, estamos muy lejos en materia de paridad y que la participación de las mujeres en el Congreso colombiano es 11 puntos porcentuales más bajo que en la región.

Con todos estos motivos para salir a marchar, hubo uno que tomó especial relevancia pero del que todavía no se habla lo suficiente: la selección femenina de fútbol. Históricamente, el fútbol ha sido un deporte machista, que dicen que las mujeres no entienden y cuyos partidos, que paralizan al mundo, son jugados por una nómina compuesta en su totalidad por hombres.

En Colombia, el camino que han recorrido las “Superpoderosas” (nombre patriarcal, bajo mi concepto) no ha sido de poca monta, si la violencia machista se pudiera explicar en una historia seguramente clasificaría la de ellas.

Han sido tristemente célebres por episodios vergonzosos como ganar semifinales y que la televisión nacional transmitiera “El Chavo” o que el lanzamiento de la nueva camiseta de la Selección Colombia tuviera como protagonista femenina a una modelo y no a ellas. Sin embargo, todo esto era solo el abrebocas para lo que pasaría este año.

La situación ya es bien conocida: ante la denuncia de acoso laboral y sexual, además de cobros ilegales y figuras que en mucho se parecen a la vacuna, Álvaro González Alzate, presidente de la Difútbol y Jorge Enrique Vélez, presidente de la Dimayor anunciaron lo que sería la estocada final a la Liga Femenina. Este último argumentaba que en Colombia no hay suficientes mujeres que jueguen fútbol y Ramón Jesurún, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol remató diciendo que a las pocas mujeres que juegan nadie las patrocina por lo que el negocio del fútbol femenino no es rentable.

¿El cubrimiento en medios? Machista, por supuesto, se habla de un “escándalo” en la selección femenina, las acusaciones contra las jugadoras que denuncian son violentas e incluso los locutores de radio de la mañana han culpado a las víctimas no solo por su “histeria” (lo que es común cuando una mujer denuncia) sino que las acusan de no tener la calidad que se necesita para tener condiciones laborales dignas, incluyendo prestaciones sociales y salario justo por su trabajo.

Han pasado semanas desde la primera denuncia y hasta el momento ni una sola persona ha sido despedida, ha renunciado o recibido un llamado de atención. Se han emitido comunicados tímidos, como el de los “cracks” de la selección masculina quienes en una muestra de horizontalidad grotesca quedaron como unos dioses por respaldar a las “niñas”, la Fifa hizo lo propio poniendo sus autoridades a disposición de la Federación Colombiana de Fútbol. Es así como la mayoría de rechazos tajantes han venido de las redes sociales de los grupos feministas que cada vez están más convencidas del abandono estatal y de la sororidad como fuerza de cambio.

El #8M varias organizaciones sociales firmaron un comunicado de respaldo a la Selección Femenina en el que pedían condiciones laborales dignas y la intervención sería de las autoridades. En la marcha del viernes se veían balones, tarjetas amarillas y rojas. Sin embargo, todo sigue estancado, se queda en las cartas, en los comunicados, en los discursos.

Es por esto, que como en una de las arengas de la marcha #8M “ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven”, es nuestro deber como ciudadanas tomar el mando de esta situación y transformar el fútbol colombiano como queremos transformar todas las esferas de la sociedad. Es nuestro deber participar, levantar la voz y hacernos ver, ir a los partidos de la selección femenina, rodear su caso hasta que haya alguna acción contundente. Y sobre todo, es nuestro deber como mujeres promover y exigir que los cambios estructurales en el fútbol colombiano lleguen pronto. Porque manejar tantas pelotas, es cuestión de ovarios.

 

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